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Le llamaban Jeeg Robot (Lo chiamavano Jeeg Robot) (***)

7 mayo 2017

Cuando es perseguido, Enzo Ceccoti se cae al río Tíber y entra en contacto con una sustancia radioactiva. Aunque le dan por muerto, consigue regresar a la superficie, donde observa que posee una fuerza sobrehumana que utiliza para iniciar una carrera criminal. La hija de un vecino será quien le identifique con un superhéroe del manga.

Este film llegó al Festival de Sitges, donde fue distinguido como mejor película en la sección Órbita, avalado por sus siete premios David de Donatello sobre nada menos que dieciséis candidaturas. Todo un hito al tratarse de una ópera prima de género fantástico. El responsable de la proeza es el cineasta romano Gabriele Mainetti, que sacó lo mejor de sus actores y se aprovechó de un guion bien estructurado aunque por momentos abuse de una violencia hasta cierto punto gratuita.

Enzo Ceccoti –Claudio Santamaria- es un ex convicto, ladronzuelo de poca monta, que vive en el extrarradio de Roma entre cigarrillos y vídeos pornográficos. Se muestra antisocial y cuenta con Sergio –Stefano Ambrogi-, un vecino, como su mejor y prácticamente único amigo.  Cuando es perseguido por dos policías de paisano por el robo de un reloj, cae al río Tíber y es dado por muerto. La realidad es que entró en contacto con una sustancia radioactiva y que, a pesar de ello, regresó a la superficie padeciendo vómitos y mareos. Al día siguiente, amaneció totalmente recuperado y con una fuerza extraordinaria.

Poco después va a la guarida de una banda criminal dirigida por Fabio Cannizaro, alias Zíngaro –Luca Marinelli-. Desde ese momento, la acción y la violencia comienzan a adueñarse de la pantalla y, como consecuencia, su amigo Sergio pierde la vida. Incapaz de contarle la verdad a Alessia –Ilenia Pastorelli-, hija del difunto que muestra problemas psicológicos, cada vez se acerca más a ella. La muchacha, al comprobar sus nuevas habilidades lo identifica con un súper héroe del manga, Jeeg Robot, una creación  de Go Nagai, responsable de Mazinger Z.

Sin embargo, Enzo encuentra en sus nuevos poderes la posibilidad de enriquecerse y se convierte en un fuera de la ley que se encuentra en medio entre Zíngaro y un clan de la camorra napolitana encabezado por Nunzia Cosimo –Antonia Truppo-. Mientras la banda del primero va decayendo, aumenta la voracidad y la ambición de la dirigente de la segunda. Al tiempo, la relación entre el protagonista y Alessia se refuerza, insistiendo ésta en que él debería aprovechar su fuerza, y también su invulnerabilidad para hacer el bien.

La historia demuestra que no todos los súper héroes llegan de la factoría Marvel o de DC Comics. Ni tan siquiera de Japón. Antes de ver la película, y a tenor de la sinopsis, podíamos pensar en una de esas producciones italianas de los años sesenta o setenta en la que remedaban producciones ambiciosas con cuatro perras. Recordemos los géneros conocidos como spaghetti  western y péplum. Sin embargo, la realidad es bien distinta.

La propuesta de Gabriele Mainetti se nutre de varios géneros y en todos ellos resulta convincente. Primero, con la persecución policial a orillas del Tíber. A continuación, la propuesta entra de lleno en una producción típica con la mafia y bandas rivales como protagonistas. Acción, violencia y algo de gore para ilustrarla y una puesta en escena coherente que elude los tópicos incluso en los exteriores, algo que tiene su mérito si hablamos de una ciudad como Roma. El momento en que Zíngaro entra en casa de Nunzia y coloca su teléfono móvil para grabar la incursión recreándose posteriormente en ella es uno de los mejores. La parte final es más sorprendente y espectacular.

Siguiendo los parámetros del manga, el protagonista, una especie de Supermán, habrá de enfrentarse a un rival con similares aptitudes. La resolución tiene lugar en el estadio Olímpico de Roma, nada menos que en el transcurso de un duelo entre los dos grandes equipos de fútbol de la capital: Roma y Lazio. Mainetti lo resuelve con credibilidad y acierto. Los efectos visuales a consecuencia del choque de trenes entre dos seres aparentemente indestructibles resultan creíbles, y el guiño final es digno de cualquier súper producción de Hollywood.

Ciertamente, la película justifica los galardones conseguidos. Resulta seria y coherente, con un guion bien construido y una puesta en escena acertada. Algunas secuencias debieran de haberse aligerado en montaje, especialmente cuando Zíngaro toma el micrófono, pero en general todo encaja, incluido un vestuario imaginativo. Buen debut de su autor del que esperamos algo más que una secuela de su primer personaje protagonista.

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From → Cine

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