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Paraíso (Rai) (***1/2)

9 mayo 2017

Una aristócrata rusa es detenida en Francia, durante la ocupación alemana, por ocultar niños judíos. En interrogada por un colaboracionista francés, subyugado por su porte. Cuando la mujer termina en un campo de concentración se encuentra con un comandante de las SS que estuvo enamorado de ella antes de la contienda.

Tres personajes. Tres historias, aunque el destino quiere que se entrelacen. Los tres, mirando a la cámara como si fuese la cuarta pared, relatan  de forma salpicada los acontecimientos y su visión de los mismos. Solo al final de los títulos de crédito se descubrirá ante quien se confiesan, aunque se puede imaginar durante la proyección. El responsable de esta producción es el veterano Andrei Konchalovsy, quien se dio a conocer con Tío Vania -1971- y Siberiada -1978- para iniciar posteriormente una carrera mucho más comercial en Estados Unidos.

Afirma el cineasta moscovita, que en agosto será octogenario, que el cine ha banalizado el Holocausto, núcleo central de este film, candidato al Oscar y que le supuso a su autor el León de Plata a la mejor dirección en la pasada Mostra veneciana. Realmente, La película aporta escasas novedades al tema, aunque consigue momentos muy álgidos. Cuando se refiere al horror en los campos de concentración se queda muy alejado de propuestas como El hijo de Saúl, por citar un referente cercano, aunque sabe imponerse a otras ocasiiones cuando profundiza en los sentimientos de sus personajes.

El guion gira en torno a Olga, y en ese aspecto la actriz Yuliya Visotskaya se lleva todos los parabienes de entre un reparto cuajado y efectivo que luce tanto como la fotografía en blanco y negro de Aleksandr Simonov a través de la antigua resolución de pantalla 4:3. Antes de la guerra, esta aristócrata rusa era una colaboradora de la revista Vogue. Ahora, ha sido detenida por ocultar a dos niños judíos. Confiesa que tiene pánico al dolor y con que alguien le levante la mano es capaz de confesar lo inconfesable.

Ha caído en manos de la cabeza visible de la prefectura, el colaboracionista Jules –Phlippe Duquesne-, casado y con un hijo, quien se siente atraído por el porte de la detenida. Llega hasta tal punto, que está decidido a liberar a otro prisionero a cambio de sus favores sexuales. El azar, no obstante, dispone que Olga termine en un campo de concentración al que ha llegado Helmut –Christian Clauss-, un joven comandante de las SS con un futuro brillante. Cree firmemente en el dictado de Hitler que hace referencia a una raza aria superior y, por orden de Heinrich Himmler –Viktor Shukhorukov-, investiga en diferentes lugares de exterminio posibles casos de corrupción de sus oficiales u otros mandos.

Con anterioridad al conflicto bélico, Helmut estuvo enamorado de Olga, con quien coincidió durante un verano junto a otros amigos. Ahora la tiene a su cargo, eligiéndola como asistente. En plena descomposición del II Reich, planea fugarse con ella a Suiza. Leningrado ha sido clave para el devenir de la guerra y la posterior derrota del nazismo.

Son tres posturas diferentes durante la guerra. Olga intenta oponerse a la masacre de los judíos, cuyo exterminio queda patente cuando el director del campo afirma que los hornos crematorios tienen tanto trabajo que en ocasiones quedan muchos huesos enteros por la celeridad impuesta. Jules hace lo que sea por mantener a su familia en un estatus importante. Vive en una enorme mansión, casi un palacio y, de momento, colabora con los invasores. Más adelante, Dios proveerá. Helmut está convencido de la cusa que representa. Todos quieren, buscan y justifican su particular paraíso. Es posible que los tres estén en lo cierto o todos ellos hayan errado. A lo mejor, son candidatos al infierno pero sus convicciones les llevarán en sentido opuesto.

Con más de dos horas de duración y una secuencia final gratuita, la cinta apenas decae, aunque cuando pretende ser cruda no llega al nivel deseado. Al final, tomada como una historia romántica, la propuesta resulta mucho más apasionante. Los testimonios a cámara, que siempre son difíciles de encajar en un film, conforman un esqueleto que aporta solidez al conjunto.

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