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Portugal derriba mitos en Eurovisión

14 mayo 2017

Cuando escuché por primera vez la apuesta de Salvador Sobral ya tenía mi candidata para ganar Eurovisión. Era imposible que ningún otra opción llegara siquiera a poder competir con ella en calidad y sentimiento. Con su éxito, el certamen sale ganando al tiempo que se derriban viejos tabúes.

Lo dijo el portugués al término del concurso, una vez recibido el Micrófono de Cristal: la mayoría de las canciones en la música de hoy son de usar y turar. No ocurre lo mismo con Amar pelos dois, compuesta por la hermana del cantante, que puede entrar en un olimpo reservado a un grupo muy selecto de canciones, encabezadas por Waterloo.

Triunfo sin paliativos que sirve para derribar viejas creencias nunca contrastadas realmente. El sistema de votación, se decía, favorece a la ayuda entre vecinos. Se respaldan cancones por proximidad geográfica y lingüística, de ahí que países como España, Italia y Portugal fuesen los grandes damnificados. Pero no es así. Se ha demostrado en los últimos años que cuando una canción es buena siempre es votada por todos los jurados con números significativos. La regularidad en el respaldo conduce al éxito.

La modificación en el recuento también se anunciaba que sería perjudicial para los representantes mediterráneos. Sería injusto que después de ganar en el capítulo de los jurados profesionales por más de cien puntos, Salvador Sobral se viera relegado por los eurofans. Al contrario, se impuso en las dos votaciones y su triunfo se produjo por aplastamiento. Enhorabuena. Parabéns merecidos.

Otro hándicap se produce cuando se sostiene que una canción no es festivalera. Eso significa que hay que enviar a Eurovisión temas compuestos al socaire de un estribillo machacón que entre a la primera y salga sin producir ninguna indigestión. Una vez más, Amar pelos dois rompió el tabú. Esa canción sentida, lánguida, a caballo entre el fado y la bossa más triste se encuentra en las antípodas de lo que se supone es una composición comercial. Salvador Sobral comienza diciendo que si un día alguien pregunta por mí… ya sabe que ha ganado con todo merecimiento Eurovisión, allí. Hace justicia a quienes le precedieron con temas de calidad y voces indiscutibles, como Eduardo Nascimento (1967), Carlos do Carmo (1976) o la mismísima Dulce Pontes (1991).

¿Y España? Lo mejor que he oído es que Manuel Navarro, después de su paso por el certamen, piensa dedicarse a la música. Su actuación, flojísima; la canción, indecente.  Por ser fundadora de Eurovisión tiene su plaza asegurada en la final. Una cacicada si continuamos con propuestas como esta de cuyo título no quiero acordarme. Los concursos, como las finales en el deporte, hay que ganarlos. No vale con cubrir un expediente a base de borrones.

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From → Música, Televisión

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