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Goodbye Berlin (Tschick) (**1/2)

18 mayo 2017

Cuando llega el verano, un adolescente que vive en el seno de una familia alemana disfuncional se deja seducir por un compañero de clase para viajar a Valaquia. Ambos jóvenes no parecen encajar demasiado, ni tampoco en el entorno social donde se desenvuelven, pero en el transcurso de su aventura se forjarán sus respectivas personalidades.

Un accidente en una carretera. Varios cerdos campan a sus anchas por la calzada y un muchacho ensangrentado grita un nombre: Tschick, título original de esta producción. Es el diminutivo de Andrej Tschichatschow. Pero esa es otra historia. Precisamente, la que cuenta Maik Klingenberg –Tristan Göbel-, el adolescente recogido por los servicios de urgencia, que comienza a relatar su historia reciente, la del último verano, siguiendo el original literario de Wolfgang Herrndorf, un hito en la novela juvenil en Alemania, publicado en 2010.

Maik es uno de esos adolescentes que pasa desapercibido para el conjunto de la clase, pero especialmente para Tatiana Cosic –Aniya Wendel-, el bombón femenino del curso. Tiene mucha parte de culpa en esa invisibilidad puesto que se trata de un chico encerrado en sí mismo aunque a la hora de escribir una redacción sobre un hecho cercano describe a su madre alcohólica a lo largo de un relato descrito por su profesor como el más deprimente en sus treinta años de enseñanza. Invita al alumno a reflexionar, pero Maik no acierta a descubrir los motivos.

Ni siquiera se preocupa de las notas. Solo de que es el único de la clase que no ha recibido la invitación a la fiesta de cumpleaños de Tatiana. Ni él ni el gigantón Tschick –Anand Batbileg-, un compañero judío y gitano de origen ruso.  El mismo día de la onomástica se presenta en casa de Maik con un lada prestado y le invita a acompañarle en su viaje a Valaquia. El protagonista, no tiene otra cosa que hacer. Su madre –Anja Schneider-, con la única que se entiende, se ha recluido en una clínica de desintoxicación por su afición al alcohol y su padre –Uwe Bohn- se va catorce días, por razones de trabajo, cogido de la mano con una compañera de oficina.

Hasta entonces, nos divertimos con la existencia de Maik. El director del film, el multipremiado turcoalemán Fatih Akin, nos muestra algunas situaciones comunes en los filmes de adolescentes, como los mensajes que se pasan los estudiantes de mano en mano, pero también ambientes delirantes, ensoñaciones del protagonista que se imagina al límite en relación a su padre y su amante, y a su deseada Tatiana. Desde ese momento, la película se abraza en las características propias de una road movie. Comienza el viaje, las peripecias, y también el encuentro con Isa –Mercedes Müller-, la joven que desea llegar a Praga y con la que Maik sentirá sus primeros escalofríos y descubrirá que Tatiana no es la única importante en su vida.

Cuando escribió la novela, Herrndorf quiso ser fiel a los relatos iniciáticos de adolescentes y para ello se centró en tres de sus clichés: la eliminación de los adultos, un gran viaje y una gran extensión de agua. La primera parte, está explicada, la segunda es obvia y, en cuanto a la tercera, es precisamente en torno al líquido elemento cuando tiene lugar el despertar sexual del protagonista y el catalizador de una amistad que, aunque efímera en su desarrollo, perdurará en el tiempo.

Esta parte, la que atañe a la road movie, es la menos interesante en el contexto general, pero visualmente es una delicia. Los lugares escogidos de esa Alemania rural resultan muy atractivos y Fatigh Akin logra extraer un gran partido a su puesta en escena, subrayada en exceso con la partitura de Vince Pope y la insistente reproducción de Balada para Adeline, la almibarada composición del pianista francés Richard Calyderman. Precisamente, esa fortaleza visual es la que oculta la trascendencia de la historia, convirtiendo en superficial la enorme carga de su contenido.

¿Dónde van los jóvenes de hoy…, por qué se sienten insatisfechos…? Son algunas de las preguntas sin respuesta. El guion y la puesta en escena se esfuerzan por mostrarnos una aventura del gusto de los adolescentes que, al fin y al cabo, son quienes van a pagar las entradas. A cambio, les dejan sin razonamientos serios. La cinta se limita a exponer situaciones, no a explicarlas ni comprenderlas, tal y como sucede con Maik cuando le reprende Herr Wagenbah –Udo Samel- por su redacción. No es la mejor película de Akin, ni mucho menos. Queda lejos de la intensidad y el acierto de Contra la pared o Al otro lado, pero se nota su buen hacer tras la cámara y una recuperación evidente después de la decepción de El padre.

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From → Cine

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