Skip to content

Las confesiones (Le Confessioni) (**1/2)

23 mayo 2017

Invitados por el presidente del Fondo Monetario Internacional, se reúnen en Alemania los ministros de economía del G8 para discutir un nuevo orden mundial en esa materia. Entre los asistentes hay tres personas presuntamente ajenas: una escritora de libros infantiles, un cantante y un monje cartujo que es el último en ver con vida al anfitrión.

Actor veterano y curtido en mil batallas, no fue hasta que protagonizó La gran belleza -2013-que Toni Servillo consiguió la popularidad que se le negaba fuera de Italia. Ese mismo año rodó Viva la libertad a las órdenes de Roberto Andó, quien fuera asistente de dirección de genios como Fellini y Coppola. En ese caso, el centro de la historia era la política. El hermano de un líder de izquierdas, recién salido de una institución mental, le suplanta al frente del partido y consigue la nominación para presidir el país. El binomio director-protagonista repite con un nuevo guion de Andó en el que un monje cartujo trae en jaque a quienes dirigen la economía mundial.

El presidente del Fondo Monetario Internacional, Daniel Roché –Daniel Auteil- ejerce de anfitrión para una reunión de los ministros de economía y finanzas del G8 con la intención de preparar un acuerdo que permite enriquecerse a unos pocos a velocidades supersónicas. Como se dice en el film, estamos en una época en la que alguien puede conseguir en un mínimo lapso de tiempo idéntica cantidad de dinero para la que antaño se necesitaban varias generaciones. En un lujoso y exclusivo hotel de Alemania, a orillas del lago Constanza, se dan cita aquellos de los que depende la economía del orbe. Desde el italiano –Pierfrancesco Favino-, al candiense –Marie-Josée Croze-, pasando por el alemán –Richard Sammel-, el francés, el ruso, el estadounidense y el británico.

Aparte de ellos, y de Kis –Lambert Wilson- quien llegará en un intento de arreglar una situación que parece escaparse por entre los dedos, hay otros tres invitados de Daniel Roché que parecen fuera de lugar pero que no estarán presentes en las reuniones. Se trata de la escritora de libros infantiles Claire Steh –Connie Nielsen-, el cantante Mark Klein –Moritz Bleibtreu- y un monje cartujo llamado Roberto Salus –Toni Servillo-, quien compró una grabadora nada más aterrizar en su destino. Con ella, registró la confesión que le hizo el anfitrión de la velada poco antes de que se suicidara. El hecho llevó la zozobra al resto de los asistentes.

Con anterioridad a la muerte del Presidente del FMI, los economistas habían pactado una fórmula para que los muy ricos siguieran acumulando beneficios. Una ecuación escrita por el propio Roché que cumpliría los propósitos de los asistentes. Ahora, ellos desconfiaban del religioso. Deseaban saber si el difunto, que padecía un cáncer terminal, le había avanzado algo de la propuesta o le había relatado unos entresijos que, en ningún caso, deberían salir a la luz. Por medio de encuentros bilaterales cada uno de ellos pretende conocer una verdad imposible, puesto que Salus se acoge al secreto de confesión. Por si fuera poco, la grabadora en la que se registró su diálogo con el fallecido ha desaparecido de su habitación.

Buenos mimbres para un thriller original que, contra todo pronóstico, se queda en bastante convencional porque su responsable se empeña en darnos lecciones de economía, y más concretamente sobre lo que atañe a su visión del mundo en esta materia. Por ese motivo termina siendo un largometraje mucho más efectivo en la forma que en el fondo, ayudado por una actuación resaltable en la que Auteil, y especialmente Servillo, vuelven a dar una lección interpretativa, y por una magnífica partitura de Nicola Piovani.

Hay muchos detalles internos en un film que comienza mucho más plano y lánguido con respecto a su desenlace. Ya es un misterio la manera en que deambula el monje, sobre el que pesa el voto de silencio aunque no se niegue nunca al diálogo, por el interior del hotel en el que transcurre prácticamente toda la historia durante una sola. Las parábolas resultan más rimbombantes. Hay demasiadas, y todas ellas tendentes a respaldar la postura de Andó más que a beneficiar la película. Desde la manzana que nunca se sabe los daños que puede causar al caer, hasta el pájaro del Amazonas que canta una vez al año pero de forma tan hermosa que las demás aves se callan. Incluso, el caso del mastín Rolf, que demuestra como la ambición palidece ante la piedad. Justificaciones personales dentro de una teoría de la conspiración que al responsable del film no le gustaría que fuese real. A los demás, tampoco, aunque cabe pensar si es justo el pago de ese peaje para que salten por la borda los planes de un grupo cuyos componentes se consideran a sí mismo como los elegidos.

Anuncios

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: