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La casa de la esperanza (The Zoekeeper’s Wife) (**)

23 junio 2017

Durante la II Guerra Mundial, el matrimonio Zabinski, que tenían a su cargo el zoológico de Varsovia salvó la vida de unos trescientos judíos ocultándolos en sus dependencias. También de muchos animales mientras los nazis efectuaban experimentos para recrear bestias extintas.

La historia es real. El zoológico de Varsovia todavía está en pie y también existen pruebas documentales no solo de la ocupación nazi sino también de los bombardeos sobre la casa de fieras, la ocultación de judíos por parte del director y su esposa, así como de los experimentos llevados a cabo por los invasores en pos de recuperar especies extinguidas. La historia se recoge en una novela escrita por Diane Ackerman que Angela Workman adaptó a la pantalla grande. Finalmente, fue dirigida por la neozelandesa Niki Caro, ejerciendo como productora ejecutiva su gran estrella, Jessica Chastain.

La actriz encarna a Antonina Zabinski, la esposa del director del zoológico de Varsovia. En las primeras secuencias la vemos trabajando codo con codo junto con su marido, Jan Zabinski –Johan Hendelgerh- y el resto de los operarios de la institución, entre los que destaca el fiel Jerzyk -Michael McElhatton-. Se muestra compresiva y próxima a las fieras. Incluso el hijo de ambos, Ryszard –Val Maloku- posee una exclusiva y atractiva mascota. De inmediato, llama la atención de Lutz de Heck –Daniel Brühl-, director del zoo de Berlín.

Con la invasión de Polonia por parte de las tropas nazis, el negocio que regentan los Zabinski no se libra de los bombardeos. Entonces reaparece la figura del controvertido Lutz, que le propone a Antonina llevarse a Berlín los ejemplares más valiosos en una especie de depósito hasta el final de la contienda. Ella, cortejada por el alemán, en una licencia literaria que no consta en la vida real, accede para salvar la mayor parte de animales posibles, aunque su marido muestra enormes duda porque define al germano como el zoólogo de Hitler.

Pocos meses después, cuando los judíos son internados en el gueto de la capital, una pareja amiga de los Zabinski, Maurycy Fraenkel –Iddo Goldberg- y su compañera Magda Gross –Effrat Dor-, les solicitan que guarde una colección de insectos de un especialista confinado. Antonina va más allá y le ofrece a Magda refugio en el sótano de su casa. Posteriormente, el matrimonio protagonista se postula para establecer en sus dependencias una granja de cerdos que pueda servir de alimento, mientras Lutz se embarca en una delirante aventura para recrear bestias extintas. La crueldad de los nazis va en aumento y los Zabinski se afanan en dar cobijo a los reprimidos valiéndose de sus pases especiales. Al final de la guerra consiguieron salvar la vida a unas trescientas personas a quien libraron de ser conducidos a los campos de la muerte.

La historia es muy potente, y está narrada con pulcritud. Además, se complementan con las acciones de la resistencia polaca, a cuyas filas se integró el propio Jan Zabinski, sin eludir en ningún caso los tiroteos o secuencias atroces, como el incendio del gueto de Varsovia durante la Pascua judía. Sin embargo, la crueldad vivida en aquellos años no llega a traspasar la pantalla de una forma eficiente. Parece como si existiera un cierto temor a contar los hechos con una mayor desnudez, y salvarse así de que pudieran crear cierto rechazo. Tampoco queda demasiado definido el personaje de Lutz, lastrado por el elemento romántico de su interés personal por la protagonista. Ahora le vemos de paisano o con uniforme de alto rango. Lo que sí queda claro es su gusto por matar, cuando dispara a un ave rapaza u ordena eliminar a los animales que no han sido trasladados a Berlín bajo la excusa de que morirán de frío durante el invierno.

Jessica Chastain se entrega completamente a su personaje, aunque la encontramos demasiado taimada, como el conjunto de la propuesta. Un aspecto del que tampoco se libra un músico tan acreditado como Harry Gregson-Williams. El resultado final, aunque con un cuidado diseño de producción, es más frío del que cabría esperar, con los personajes ofreciendo demasiados claroscuros en su diseño. En ocasiones, se echa en falta algo más de inversión o de talento, como cuando el pequeño Rhys comenta con su madre la cantidad de aviones que sobrevuelan el cielo de Varsovia y sólo se ve la silueta de uno de ellos en la secuencia posterior.

From → Deportes

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