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Un don excepcional (Gifted) (**)

28 junio 2017

Una niña se queda a cargo de su tío tras el fallecimiento de la madre. Casi siete años después, la acaparadora abuela materna aparece en escena para reclamar la custodia de la pequeña, una criatura superdotada, a la que pretende otorgar una educación orientada a conseguir un gran descubrimiento matemático.

Ya tenemos una nueva película de adultos luchando por la custodia de una criatura. Marc Webb ha olvidado su participación en las dos últimas entregas de la trilogía de Spider-Man para aproximarse a sus orígenes, la comedia dramática que, en este caso, se echa en manos únicamente en este segundo género. Ambientada en los alrededores de Tampa, Florida, el hecho de que tenga entre manos una historia lacrimógena parece que se ha dejado llevar en exceso por las adaptaciones cinematográficas de Nicholas Sparks. Muestra exteriores bellos, puestas de sol de lo más atractivas y secuencias que se vuelcan en una apuesta absolutamente romántica. Quizá olvidaba que no se trata de la historia de una pareja adulta, sino de la pelea por la custodia de una niña.

Mary –Mckenna Grace- tiene siete años y se enfrenta a su primer día en la escuela. Su profesora, Bonnie Stevenson – Jenny Slate- advierte algo especial en ella, que se muestra especialmente dotada para las matemáticas. No tarda en descubrir que es hija de una eminencia en ese campo, una mujer que se suicidó poco más de seis años antes y que, desde entonces, Mary vive a cargo de su tío Frank Adler –Chris Evans-, quien arregla barcos de recreo y vive en una especie de bungaló cuya casera es Roberta Taylor –Octavia Spencer-, que siente verdadera pasión por la pequeña.

Cuando la directora de la escuela no tiene duda de que se trata de una niña superdotada, le ofrece a Frank una beca para que estudie en un colegio especial, lo que el hombre rechaza de inmediato. El centro no se da por vencido y localiza a Evelyn –Lindsay Duncan-, la abuela de Mary, iniciándose de esta forma una batalla legal por la custodia, en la que destacan los abogados Greg Cullen –Glenn Plummer- y Aubrey Highsmith –John Finn-. Es el pasaje más sentimental de la historia, con la presencia del padre de la protagonista, una chiquilla adorable, por cierto, quien reaparece después de que jamás hubiera visto a su hija, de la que desconoce hasta su segundo nombre.

La acción se centra en la relación entre Frank y su sobrina, pero cobran especial relevancia tres mujeres. Por una parte, Roberta siempre acude servicial cuando hay que proteger a Mary. Evelyn pretende encontrar en su nieta lo que no consiguió con su madre: la explicación científica a una conjetura matemática que la convertiría en una de las mentes más brillantes del siglo. Por fin,  la profesora Bonnie, que en su intento de descubrir más detalles de su alumna, se acerca demasiado a su tío. Tanto, que llega a quemarse.

Si repasamos el guion encontramos bastantes precedentes que nos sitúan en el contexto de este film. Por ejemplo, Campeón, donde un padre fracasado tenía que sacar adelante a su hijo, o Kramer contra Kramer, en la que Dustin Hoffman y Meryl Streep ganaron sendos Oscar por dirimir la batalla legal de la custodia de su hijo. La diferencia es que esta historia, rodada con efectismo complaciente, está protagonizada por una niña y que, además, es superdotada, como sucedía en El indomable Will Hunting, aunque en este caso se tratase de un adulto.

El guion de Tom Flynn elude pasajes iniciales que acumulan lágrimas para la parte final. El adulto no tiene que aprender a preparar tortitas ni a ponerse en lugar del niño para salir juntos adelante. El personaje de Chris Evans es un poco Capitán Fantástico aunque sin las exigencias  del rol asumido por Viggo Mortensen. Los tiras y aflojas con su sobrina se solventan de forma natural, casi próximas a la comedia y tampoco en el previsible juicio se cargan demasiado las tintas. Se quiere que todo fluya de forma natural, hasta la presencia de Fred, el gato de un solo ojo, y por eso la cinta se queda en la superficie.

Marc Webb, que ha cambiado a su Spider-Man por Capitán América, dirige con corrección, y sólo se deja llevar por los alardes en los exteriores, cuando la película parece más un videoclip que un drama. El suspense judicial se queda corto, y en una película de metraje ajustado parece que hubiera sido preferible una mayor indagación ante el tribunal presidido por el juez Edward Nichols –John M. Jackson-, que lucirse con las canciones y las imágenes recreativas de sol y playa.

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From → Cine

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