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La cazadora del águila (The Eagle Huntress (***1/2)

16 julio 2017

Una niña de Mongolia, con tan solo trece años, decidió romper con uno de los tabúes de la región al convertirse, bajo los auspicios paternos, en una cazadora de águilas, oficio reservado a los hombres generación tras generación. No solamente eso, sino que se empeñó en participar en el concurso anual que tiene lugar en Ulgii, al noroeste del país.

Sin duda, este trabajo podría haber ganado el Oscar al mejor documental. Se trata de una producción estadounidense hecha con singular oficio por parte del debutante Otto Bell. Una obra cautivadora casi siempre pero que no llegó a la recta final de la competición de la industria de Hollywood debido a la controversia generada tras su estreno. Resulta difícil de creer que se trata de imágenes reales al cien por cien, que no hay aspectos guionizados apoyándose en la ficción y que no se ha recurrido a este último aspecto en ningún pasaje del film. De ser así, esta producción doblaría sus méritos, de por sí muy importantes.

Como quiera que a sus responsables les han pillado en otro renuncio, resulta bastante lógico pensar que la propuesta está más cerca de una realidad distorsionada que de un relato auténtico o verídico. Los productores manifestaron que el caso de Aisholpan era único en dos mil años de historia. Que se trataba de la primera mujer en convertirse en cazadora de águilas. Un historiador norteamericano demostró que tal aseveración era falsa, por lo que los productores modificaron la leyenda inicial afirmando que se trataba de la primera fémina tras doce generaciones familiares en asumir ese oficio.

Sí es cierto que Aisholpan quiere doctorarse en medicina, pero antes dejó su impronta como adiestradora de águilas. En Mongolia las utilizan estas aves rapaces para cazar. Las mantienen domesticadas durante siete años y después la sueltan en libertad para iniciar un nuevo ciclo. Así lo cuentan al inicio de una producción que sorprendió a propios y extraños en el Festival de Sundance. Al éxito de público y crítica le acompañó una distribución internacional bajo cuyo auspicio se le añadieron unos minutos de voz en off que, en su mayor parte, puede resultar reiterativos. Es la única parte en que el inglés sustituye al kazajo. También la película peca del mismo defecto, puesto que su error más acusado es, probablemente, que dentro de sus 97 minutos de duración hay secuencias que podrían haberse aligerado.

Perteneciente a una tribu nómada kazaja, que pasa los veranos en las montañas de Altai y el invierno en una casa de la ciudad, con la ayuda de su padre, Nurgaiv, la protagonista aprende a capturar águilas reales. Se trata de un oficio restringido para los hombres desde muchas generaciones atrás. La sola idea de una mujer entre ellos causaba enormes controversias. Mucho más cuando Aisholpan decide presentarse al concurso anual que tiene lugar en Ulgii, al noroeste del país desde 1999. Finalmente, no solo compite en el Festival Golden Eagle, sino que se acaba imponiendo después de que su ave consiguiera romper el récord de velocidad en una de las pruebas establecidas.

Aunque pareciera que no le quedan nuevos retos, la chica decide dar un paso más cuando se marcha con su padre a las montañas en pleno invierno para adiestrar a su águila en el arte de la caza. No importa la nieve ni tampoco las temperaturas extremas que habrán de sufrir. La empresa tampoco se presentaba fácil, pero siempre albergaba la esperanza de superarla antes de volver a casa.

La película acumula méritos. Los fílmicos se basan en una buena fotografía de Simon Niblett con espectaculares imágenes áreas en las que la cámara parece suspenderse en el aire. También hay que sumar aspectos sociales y culturales. En un mundo donde las mujeres son marginadas, especialmente cuando se trata de ciertos oficios, Aisholpan representa un soplo de aire fresco. Un carácter en rebeldía que está mucho más volcado en la reivindicación en medio de unas presiones patriarcales que parecen más evidentes en el film que en la realidad, según cuentan los especialistas.

Para los suyos, la protagonista representa la entrada en una época más moderna y también más liberal, mientras ella experimenta el paso de niña a mujer en medio de sus reclamaciones. La producción se complementa con el tema Angel by the Wings, a cargo de Sia, lo que constituye uno de los momentos más álgidos. Refuerza la partitura de Jeff Peters, que pasa bastante más desapercibida.

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From → Cine

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