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Tanna (***1/2)

29 julio 2017

En la isla de Tanna, situada al sur del archipiélago de Vanuatu, dos jóvenes se enamoran. Sin embargo, las rivalidades con una tribu vecina desembocan en una entente de paz por la que la chica deberá casarse con el hijo del jefe del grupo rival. Es entonces cuando los amantes deciden internarse en la parte prohibida de la selva.

Esta producción aussie se convirtió en una de las más agradables sorpresas cinematográficas del pasado año. Acumuló premios por donde se proyectó, e incluso fue seleccionada entre las finalistas a optar al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Se trata de una historia real que se desarrolla en la isla de Tanna, al sur del archipiélago de Vanuatu, situado a más de 2000 kilómetros de Australia, cuyo estado se creó en 1980 tras un movimiento independentista surgido en la década inmediatamente anterior.

En la zona, poblada con unos treinta mil habitantes, entre las que se incluyen pueblos instalados en las montañas que siguen un modo de vida primitivo, un suceso vivo a influir decisivamente en el futuro. Ocurrió cuando una pareja joven, que se había declarado su amor, estaba a punto de romperse por culpa de las alianzas tribales que le obligaban a ella a casarse con el hijo del jefe de una tribu vecina. El suceso, una reedición de Romeo y Julieta, desembocó en un reajuste de las leyes locales, hasta entonces basadas únicamente en un código llamado Kastom, que tenía como epicentro a un volcán en activo, Yahul, poseedor de una fuerza colérica pero también protectora.

En ese contexto, Bentle Dean y Martin Butler, dos veteranos documentalistas, decidieron acometer su primer trabajo de ficción después de convivir durante más de seis meses con los miembros de una tribu Yakel. Conocieron sus leyendas y relatos, que están presentes en esta historia, tierna y en ocasiones sublime que, en cierto modo, sigue los pasos o muestra gran influencia del Tabú de Murnau.  Para su propuesta, eligieron también a sus actores de entre los propios componentes del asentamiento aborigen, entre los que destacan Mungau Dain y Marie Wawa, que conservan los apellidos como sus nombres en el film.

En una tierra donde sus habitantes van casi completamente desnudos, Wawa observa a Dain ante los ojos curiosos de Selin –Marceline Rofit-, la hermana pequeña de aquella. Una muestra del carácter patriarcal del entorno, en el que las mujeres han de conformarse con espiar y sin pasar a la acción. Los jóvenes crecen en un entorno paradisíaco sin prácticamente agobios y en el seno de una existencia pacífica y naturista. Hay una zona del bosque prohibida, especialmente porque allí tuvieron lugar sucesos trágicos cuando los guerreros de una tribu rival, los Imedin llevaron la muerte a sus vecinos, entre ellos al padre de Dain, quien sigue clamando venganza.

La pareja protagonista ya planea su boda, pero diversos acontecimientos se concatenan para que los planes se hagan añicos. Por una parte, la imponente presencia del volcán, a cuya cima conduce el abuelo de las chicas –Alkbi Nangia-, chamán de la tribu, a la pequeña Selin. De regreso, son atacados por los Imedin y el anciano queda malherido, con su vida pendiente de un hilo. Esa es la razón por la que el jefe Charlie –Charlie Kahla- fija una reunión entre las dos tribus rivales, justo tras la ceremonia de iniciación, el paso de la pubertad a convertirse en una mujer adulta, de un grupo de féminas entra las que figura Wawa. En ese cónclave se fija que la protagonista deberá casarse con el hijo del jefe de los Imedin, lo que provoca la reacción airada de Dain y su abandono del cenáculo.

Y es que los dos jóvenes están unidos por sentimientos muy fuertes, lo que les lleva a una huida a través de la zona prohibida del bosque. Ahora, todos los buscan. Los suyos para que no sean encontrados antes por Los Imedin y puedan sufrir un castigo irreparables. Estos, porque han contravenido un pacto que no se debe profanar.  Lo que viene a continuación, y especialmente su desenlace, derivó en que todas las bodas de Tanna deberían celebrarse siempre por amor.

Una lección para todos mostrada al mundo de forma sencilla y entrañable. En la que los actores no necesitan ser profesionales para sacar adelante sus personajes. Apenas tienen que hacer algo distinto de lo que llevan a cabo en su rutina diaria. La experiencia documental de sus responsables acerca el relato a ese género, y narran su historia como si se tratase de algo verídico filmado dentro del propio contexto real. Un mérito al que se deben añadir otros, como la encantadora ingenuidad de los Yankel, la excelente fotografía y el entorno natural en el que está filmado.

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From → Cine

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