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Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (King Arthur: Legend of the Sword) (*)

14 agosto 2017

Arturo era un joven intrépido criado por prostitutas que dirigía a su pandilla por las calles de Londinium hasta que sacó la espada Excalibur de la piedra que la abrazaba. Conocedor de su linaje, como hijo del rey Uther, encabeza la rebelión contra su tío, Vortigern con la ayuda de una maga en tiempos oscuros y llenos de actos sobrenaturales.

El Ciclo Artúrico, que comprende también la búsqueda del Santo Grial, se centra en un monarca idealizado, tanto en la guerra como en la paz. Textos británicos yo bretones hablan de sus hazañas, y también existen testimonios celtas, los más antigos. Pudo haber sido un personaje real ensalzado por las leyendas, o al contrario: un caudillo legendario basado vagamente en una realidad. Después de un sinfín de libros y varios largometrajes, Guy Ritchie nos ha sorprendido con una versión muy particular de la historia que, en principio, debería ser la primera de una serie de entregas que abarcaría todo el ciclo. Visto el arranque, ya veremos en que queda.

El inicio de la película nos muestra un Camelot gótico en el que impera la magia y que resulta destruido por una invasión que cuenta con elefantes gigantescos. El diseño está más cerca de El señor de los anillos que de los relatos de amor caballeresco. El rey Uther (Pendragón) –Eric Bana- es perseguido por su hermano Vortigern –Jude Law-, quien termina matando al monarca y a su esposa, si bien antes dejan a su bebé en un cauce fluvial. El niño es recogido en Londinium por unas prostitutas y El nuevo rey le debe una a la Dama del Lago, que ahora es una imagen CGI de un gigantesco pulpo que contiene a tres doncellas, una rellenita y dos esbeltas. No he encontrado relación alguna.

La apuesta de Ritchie parece devenir de una historieta gráfica. Tiene toda la pinta, como sucedía en el caso de su Sherlock Holmes, pero no. Las transgresiones se deben únicamente a su fértil imaginación y la propuesta cinematográfica comienza a dar giros, va y viene buscando siempre que el espectador no piense, que se trague todo lo que le echen debido a un ritmo tan infernal, incluidas las imágenes a cámara lenta, que apenas concede sosiego. Y cuando lo hace, lo primero que nos viene a la mente es que ha habido un problema en la proyección y que la película parece que se ha detenido.

Arturo, convertido en Moisés, se conoce al dedillo las callejuelas de la capital, e incluso capitanea una pandilla de chavales. Ya crecidito, encarnado por Charlie Hunnam, quien ya había trabajado junto a Bana en La huída, se mete con los vikingos que explotan a las prostitutas que le han criado. Como una cosa lleva a la otra, terminará enfrentándose a su tío después de conseguir arrancar la espada Excalibur de la piedra. Para protegerla, Uther se había convertido en una pequeña mole que daba cobijo al arma. Queda al descubierto cuando desciende repentinamente el nivel de las aguas. Es entonces cuando el protagonista se entera de su linaje hasta que pelea por el trono del que es legítimo heredero.

Antes, suceden muchas cosas, aunque ninguna de ellas tenga demasiado que ver con la leyenda o los textos literarios llegados hasta nosotros. Por ejemplo, Arturo encuentra una valiosa ayuda en una maga –Astrid Bergès-Frisbey-, que no es otra que la Ginebra literaria. Al tiempo, los seguidores del protagonista completan un elenco multirracial, tan de moda ahora mismo por aquello de la igualdad, pero que representa una visión tan febril como aquellos elefantes enormes del principio, que llegan a una altura similar a la del punto más alto de la época.

El propio Arturo aprende artes marciales de la mano del alter ego de Sir George, que ahora es Kung Fu George –Tom Wu-, y sir Bedivere, ex general de Uther, es un moro interpretado por Djimon Hounsou, a cuyas órdenes encontramos a Percival –Craig McGinlay- y Rubio –Freddie Fox-. Un delirio, convertido en batiburrillo, de personajes y roles modificados a voluntad. Así se explica que David Beckham interprete a Trigger. El visionario Ritchie puede con todo.

El caso es que si nos dijeran que se trata de una obra inédita y que los nombres de los principales caracteres no tuvieran nada que ver con el rey Arturo y su época, la película podría funcionar gracias su montaje efervescente, su ritmo vertiginoso y sus irregulares efectos visuales CGI, algunos de los cuales son pedestres y otros destacables. Como adaptación y primera entrega del ciclo, sólo podemos decir prácticamente a cada escena: ¿pero esto qué es?

Lo malo es que todos aquellos jóvenes que no hayan sentido interés por la lectura y que conozcan las obras literarias gracias al cine, se creerán que el entorno del que habla el film está lleno de magos, de criaturas excepcionales y de personajes que sacan a relucir su extraordinaria fuerza cuando se ven más acosados, como los héroes de Marvel o DC Cómics, o como ciertos caracteres de serie animadas japonesa. Si además, la música de Daniel Pemberton también suena a toda caña, cualquiera puede pensar realmente que Vorigern ha hecho un trato con los vikingos, que Arturo sea poco menos que un ratero en sus años mozos y que la Dama del Lago malamente podría representar a su hermanastra. Y Merlín… ¿dónde está Merlín?

From → Cine

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