Saltar al contenido

Cézanne y yo (Cézanne et moi) (**)

17 agosto 2017

El artista plástico Paul Cézanne y el escritor Emile Zola mantuvieron una estrecha relación de amistad desde que ambos eran colegiales en Aix-en-Provence.  Se trata de dos personajes muy influyentes en sus respectivas actividades. Zola representó el máximo exponente del naturalismo y el pintor fue referente para genios como Picasso y Matisse.

El yo del título se corresponde con Emile Zola, apodado el italiano en Aix-en-Provence por la procedencia de su padre, un veneciano desnaturalizado. En la antigua capital de la Provenza trabó una fuerte amistad con Paul Cézanne, compañero de colegio aunque sus estratos sociales eran muy diferentes. Este, nacido en el seno de una familia pudiente, soñaba siendo adolescente con trasladarse a París, junto a su antiguo compañero de estudios. Terminó haciéndolo, finalmente, aunque para ello tuviera que dejar atrás su familia en pos de una ilusión: ver el mundo de otra manera y exponerlo en sus cuadros.

El caso de Zola era diametralmente opuesto. Su familia no disponía de recursos y mucho menos tras el fallecimiento de su padre. Tras suspender por dos veces el examen de bachillerato, y para no convertirse en una carga para su madre, se marchó a París para buscar trabajo. En 1962 lo encontramos como dependiente de la librería Hachette y poco después comenzó a publicar sus primeros artículos. Su creciente prestigio le bastó para trabar amistad con Auguste Renoir –Alexandre Kouchner-, Èdouard Manet, Camile Pissarro –Romain Cottard-,  los hermanos Goncourt. Más adelante, se relacionaría, entre otros, como Gustave Flaubert, Guy de Maupasant y Alphonse Daudet. Con todos ellos también tuvo que ver Cézanne. Candidato en dos ocasiones al Nobel, fue el máximo exponente del naturalismo literario, como su amigo fue clave en el postimpresionismo pictórico.

La responsable del film, la monegasca Danièle Thompson, autora de Cena de amigos da buena cuenta de la amistad fraguada por ambos artistas, claves en el devenir cultural del siglo XX. Sin embargo, su mirada es bastante superficial, volcándose más en la relación entre Zola y Cézanne que en su legado. Apenas unas cuantas frases del autor literario y miradas casi furtivas de unos pocos cuadros del pintor. La parte del león se la llevan la actuación de Guillaume Canet y el espléndido trabajo del director de fotografía Jean-Marie Dreujeu. Gracias a su trabajo, volcándose en tonos ocres, se puede sentir el espíritu creativo de Cézanne y oler el paisaje agradecido de la Provenza.

Guillaume Canet, que encarna a Zola, se luce con su trabajo, muy por encima del resto de compañeros de reparto. Guillaume Galliene –Cézanne- intenta darle réplica pero lo consigue en escasas ocasiones. Ni el guion ni la puesta en escena de Danièle Thompson está a la altura de las dos personalidades que retrata ni de la vibrante época en que transcurren los hechos, cuando París era la capital mundial del arte y entre sus calles se tejían nuevos movimientos y un cambio trascendental en la visión de los nuevos creadores.

Aunque la cabeza visible de esta producción es una mujer, llama poderosamente la atención como son retrasadas las féminas. Como  objetos sexuales, modelos o simples madres de los hijos. Apenas si tienen mayor relevancia. Ni siquiera Alexandrine Zola –Alice Pol-, primera esposa del escritor y anterior novia de Cézanne. La amistad entre ambos se fue al traste cuando ambos quisieron tomar al otro como modelo. En el caso de Zola, cuando se atrevió con La obra, publicada en 1886, en la que plasmaba a su personaje central como un alter ego de su amigo de la infancia y al que calificaba de perdedor, patético y derrotado.

Dos personalidades complejas que se muestran con trazo fino, aunque con una exuberante riqueza en su producción artística y en la fotografía. Parecen dos caminos distintos, prácticamente en paralelo. La propuesta es un lienzo en blanco que se tiñe de colores sin demasiada intensidad ni contenido. Una resma de folios por escribir que terminan por narrar una historia superficial y poco arriesgada. Hay unas cuantas secuencias valiosas al aire libre, especialmente en Aix-en-Provence, y la presencia del monte Sainte-Victoire, un referente clásico en la obra de Cézanne que, como Zola, pasó por momentos de duda que le llevaron a renunciar de su obra. Este aspecto sí que se recoge en el film en una de las pocas incursiones válidas en la personalidad de los protagonistas de este biopic.

From → Cine

Deja un comentario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: