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Queen of Katwe (**)

3 septiembre 2017

Queen of Katwe: Autodidacta del ajedrez

A comienzos de esta década, una niña surgida de un barrio marginal de la capital de Uganda sorprendió a todos con su facilidad para jugar al ajedrez. Actualmente, es candidata a Maestra de la Federación Internacional después de convertirse en su día en la más joven representante de su país a nivel internacional.

El caso se Phiona Mutesi salió a la luz en 2013, cuando el estadounidense Tim Crothers publicó una biografía de sus años como adolescente. Originaria de Katwe, un barrio marginal de Kampala, la capital de Uganda, su familia apenas tenía un plato de comida para alimentarse y sus recursos económicos eran mínimos. El padre de la muchacha había muerto de sida cuando contaba con tres años, y ella misma estuvo al borde de la muerte, prácticamente amortajada a causa de una malaria de la que logró recuperarse. En su entorno se cree que no ha llegado todavía a la mayoría de edad, mientras que en la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) su ficha manifiesta que nació en 1993.

Phiona, representada en la pantalla por la debutante Madina Nalwanga, acude cada día al colegio con sus hermanos pequeños y otros compañeros reclamados para  jugar al fútbol de acuerdo con un programa para ayudar a los niños más necesitados que tiene a Robert Katende –David Oyelowo- como entrenador. A quienes no se interesan por el balompié, o deciden no practicarlo porque sus padres no tienen dinero para recuperarlos de cualquier lesión que se puedan producir, les ofrece practicar ajedrez. Muy pronto, la protagonista demuestra un talento innato para ese deporte. Acompañada por el resto, agrupados bajo el nombre de The Pioneers –Los Pioneros-, participan y ganan en su primera confrontación infantil en la capital.

Este biopic fue llevado a la pantalla por Mira Nair, que sorprendió en su debut con Salaam Bombay en 1998. Desde entonces no ha podido mejorar aquella entrañable ópera prima en la que nos mostraba los avatares de un niño sin recursos en Bombay. Su paralelismo inicial con Phiona es evidente, aunque el devenir de los acontecimientos es bien distinto y forja personalidades diferentes. La pequeña ugandesa no sabía leer cuando ganó su primer torneo. Sara –Esther Tebandeke-, maestra y esposa de Robert Katende será quien instruya a Los Pioneros mientras su marido rechaza puestos de mayor relevancia económica y profesional por seguir el dictado de su conciencia.

Mientras Phiona y sus hermanos venden productos de la huerta para conseguir unos chelines que les aseguren la subsistencia, su madre Nakku Harriet –Lupita Nyong’o- se muestra como una mujer dura, que profesa un inusitado amor maternal en pos de sacar adelante a sus hijos con una fortaleza inquebrantable. Desalojados de su humilde casa por no poder hacer frente al alquiler, se instalan en una vivienda sin techo, a merced de las lluvias, mientras su hija mayor, Night –Taryn Kiaze-, que se ha ido a vivir con Theo –Maurice Kirya-, desvía algún dinero para la familia. Vivirá con su amante hasta que él se canse, pero se quedará embarazada.

En el devenir de los acontecimientos asistimos a la primera vez que Phiona se sube a un avión y a su deseo de vivir con los Katende para progresar en sus conocimientos ajedrecísticos. Ha visto otros mundos fuera de Katwe, barrio al que regresará como figura, y considera que está preparada para otras miras muy diferentes a las de su madre. Un aspecto muy peligroso para una adolescente que se cree que el mundo gira a su alrededor y a la que hay que preparar convenientemente para hacer frente a los peligros de un ascenso meteórico.

Con el respaldo de la factoría Disney, no se cargan las tintas en el drama. Mira Nair se muestra muy contenida en la exposición, dulcificando las circunstancias con unos colores muy vivos y permitiéndose algunas licencias creativas, pocas, en las que demuestra su talento detrás de la cámara, como la red que arroja un pescador sobre el río, algunos planos generales y, sobre todo, sacando partido a sus dos estrellas. Tanto Lupita Nyong’o –12 años de esclavitud– como David Oyelowo –Selma– demuestran su capacidad ante las cámaras desde el primer momento. Ellos elevan esta producción con secuencias como en las que ella intenta vender un vestido legado por su madre a un comerciante devoto de su belleza.

La rémora principal la encontramos en un biopic con cierto amaneramiento, en el que la mirada comprensiva diluye la penuria de los protagonistas. Esa misma circunstancia sirve para aligerar las competiciones deportivas, restándoles tensión y situaciones que pudieran ser menos digeribles para el espectador. Es más un canto a la vida y a la superación personal que a mostrar los hechos con la crudeza que se suponen. De esta forma, la película gana enteros para su fácil comprensión pero pierde efectividad al privar a la historia de un realismo que todos entendemos debería de ser mucho más amargo y cruel.

From → Cine

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