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La suerte de los Logan (Logan Lucky) (***)

11 octubre 2017

Tres hermanos que habían abandonado su vida delictiva se unen nuevamente para volver a las andadas. El objetivo es un arriesgado robo en Carolina del Norte durante una de las competiciones más importantes de la Fórmula NASCAR. Para ello, cuentan con la ayuda de un convicto al que deberán sacar de la cárcel y hacer que retorne a ella sin levantar sospechas. Estaba retirado, pero ha vuelto con fuerza. Le ha convencido el guion sobre un espectacular robo que le entregó la debutante Rebeca Blunt para que encontrase un director a la medida. Nadie mejor que yo, pensó Steven Soderbergh, el cineasta que se llevó la Palma de Oro con su primera película, Sexo, mentiras y cintas de video -1989-, pero que consiguió sus mayores éxitos populares con el inicio del siglo cuando, después de Erin Brokovich, arrancó la saga de Ocean’s Eleven. Algo habría visto en la historia para que llamase a su actor de referencia en los últimos años, Channing Tatum y regresara a los platós. Después de tres entregas de filmes sobre robos, el género no tiene secretos para él. Sabe mantener el ritmo, buscar una excusa para perpetrar un plan, aparentemente más fácil de lo previsto, elucubrar maniobra de distracción y dejar un final abierto. Son las claves que garantizan el éxito, y Soderbergh las controla al máximo. De esta forma, compone una comedia agradable, no exenta de intriga, con un ritmo menor al de su Ocean’s pero que se disfruta gracias a su buena dirección, un competente guion y un reparto de lo más atractivo. Claro que hablar de suerte para los Logan es mucho decir. Jimmy –Tatum-, es despedido de su trabajo y su ex esposa Bobby Joe –Katie Holmes- le informa que se va a vivir a un estado próximo por lo que se reducen las posibilidades de ver a su hija Sadie –Farrah Mackenzie-. En cuanto a sus hermanos, Clyde -Adam Driver- regenta un bar después de haber perdido un brazo en la Guerra de Irak por lo que lleva una mano ortopédica, y Mellie –Riley Keough- sobrevive sin alharacas con su peluquería. Cuando el mayor de la saga se explaya en la barra del establecimiento de Clyde, un pretencioso hombre de negocios británico llamado Max Chilblain –Seth MacFarlane- provoca un altercado. La paciencia de Jimmy se agota y pronuncia la palabra mágica, con la que iniciaban siempre alguna de sus fechorías. Mellie decide unirse al intento de robo en la Charlotte Motor Speedway, coincidiendo con una de las pruebas más importante del calendario anual de la Fórmula NASCAR. El golpe no puede llevarse a cabo sin un experto en explosivos, y para ello intentan reclutar a Joe Band –Daniel Craig-, quien decide unirse junto a sus hermanos, Fish –Jack Quaid- y Sam –Brian Gleeson-. Sin embargo, para no levantar sospechas, hay que sacar a Joe de la cárcel y hacer que regrese antes de que nadie lo advierta. Cuando llevan a cabo su plan, después de diversas maniobras de despiste, entra en acción la agente especial Sarah Grayson –Hilary Swank- para completar un reparto de lujo, que se remata con un cameo de LeAnn Rimes y la música de John Denver, puesto que el tema Take Me Home, Country Roads, ocupa un lugar preeminente y no sólo porque la pequeña Sadie lo interprete en un concurso. La puesta en escena de Soderbergh tiene fuerza y es solvente, como es habitual en él, y por lo que se refiere al guion, pocas cosas se escapan a la visión del espectador, aunque se guarda algunos ases en la manga para elevar la tensión en los momentos que la película podría languidecer. El humor corre libremente por esta comedia coral, en la que su responsable se ha reservado guiños evidentes. Ver a Daniel Craig con pelo corto y amarillo, le aleja de James Bond, pero mantiene su acartonamiento británico. A cambio, se ha despojado de su acento. Todo lo contrario que Set MacFarlane, que encarna a un personaje británico pero al que le falta la flema suficiente para persuadirnos. El reparto es consistente y funciona. Channing Tatum es tan convincente como Adam Driver. Son dos actores que nunca fallan, y los demás aportan su experiencia y unas dotes interpretativas fuera de toda duda. No es un film de altos vuelos ni sus pretensiones son máximas. Únicamente pide que te distraigas y te diviertas. Ojalá todas las producciones en ese sentido consiguieran su propósito como ésta porque, además, muestra un contenido cinematográfico más que interesante y refuerza la idea de que Soderbergh aún tiene mucho que dar a su filmografía si se decide por trabajos de este tipo, que le gusten y que se sienta a gusto. Esa complacencia se nota en el resultado final, aunque el desenlace no sea el más óptimo. La cinta consigue su propósito porque se nota que los primeros en divertirse han sido los que han intervenido en ella. Por eso resulta entrañable al margen de su solidez.

From → Cine

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