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Geostorm (*1/2)

27 octubre 2017

El planeta goza de un período de estabilidad mediombiental gracias a una red de satélites que le rodean. Tras un par de incidentes aislados, se descubre un fallo en el sistema, razón por la que se recupera al ingeniero que diseñó el operativo y que había cesado de su cargo por su propio hermano a propuesta del Congreso de los Estados Unidos.

Una ola de calor en Madrid deja muertos en la Puerta del Sol. En otras latitudes las inclemencias atmosféricas anormales provocan tornados, maremotos o sequías impenitentes. Esa es la razón por la que cerca de una veintena de países trabajaron en conjunto, bajo la supervisión de estadounidenses y chinos, para establecer una red de satélites en torno a la Tierra que fueran capaces de fijar el clima y la temperatura. Al frente de ellos, en la Estación Espacial, se situó al ingeniero Jake Lawson –Gerald Buttler-.

Por una razón justificada con alfileres, el Congreso de los Estados Unidos decide cesar a Jake de su puesto y le encomienzan la tarea a su propio hermano, Max –Jim Sturgess-, Subsecretario de Estado. Cuando disfruta de su retiro junto a su hija Hannah, a la que ve de manera intermitente tras su divorcio, se producen diversas anomalías climatológicas aisladas. En Afganistán, el hielo convierte en estaturas a una aldea, en Tokio, lo que parece un escape de gas que desemboca en la destrucción de media ciudad prporciona motivos a Cheng Long –Daniel Wu- para suponer que no se trata de un accidente. El presidente de Estados Unidos –Andy García, apoyado por su Secretario de Estado -Ed Harris- le encargan a Max que recupere a su hermano para que investigue la situación.

Así arranca la nueva película de catástrofes lanzada por Hollywwod, dirigida por el debutante Dan Devlin, y que cuenta con un reparto atractivo ya que, a los anteriormente citados, debemos incluir a Alexandra María Lara, que interpreta a Ute Fassbinder, comandante de la estación espacial. Tiene a su cargo directo una serie de personajes de distintas nacionalidades a los que dan vida, entre otros, Robert Sheehan y el mexicano Eugenio Derbez.

Los satélites están fallando, desde Rusia hasta la Antártida, y de continuar la progresión una tormenta nunca vista antes –Geostorm- se desataría sobre la Tierra. Alguien saldría beneficiado. Por eso ha previsto utilizar los satélites ambientales como terroríficas armas. Jake debe impedirlo, y para ello cuenta con su hermano y su novia, Sarah Wilson –Abbie Cornish-, agente del Servicio Secreto de los Estados Unidos, así como a Dana –Zazie Beetz-, una hacker del Departamento de Defensa.

En la primera parte las secuencias de acción se ofrecen a cuentagotas. Se centra más la historia en el drama humano, principalmente en la relación tirante entre los dos hermanos aunque, como la sangre tira, no tendrán más remedio que aunar sus fuerzas. La puesta en escena es demasiado televisiva, con un montaje alocado y secuencias en las que, durante un silencio, se incluyen siete planos salpicados. Herencia de los trabajos anteriores del director. Tampoco la química entre Buttler y Sturgess es la más adecuada. Debido a su compenetración ante las cámaras, sus vaivenes fraternales no llegan a convencer. Lo mismo, incluso peor, sucede entre Max y su novia Sarah. En ocasiones, la suma de nombres no da como resultado una compenetración a la misma altura.

Cuando comienzan a producirse los desastres, la película funciona mejor. No es que se trate de una de los mejores ejemplos de catástrofes de la historia del cine, pero al menos ofrece el entretenimiento esperado, aunque la evolución hacia el desarrollo final resulta demasiado obvia y ayuda a no mantener la necesaria tensión que  se le exige a un blockbuster de estas características, con sus licencias, sus errores de guion y sus propuestas científicas fáciles de rebatir. La dirección artística apenas sorprende y los efectos visuales tampoco llaman demasiado la atención. Hay un aspecto en el que esta propuesta resulta original: en los prolegómenos de la tormenta anunciada en el título, los desastres naturales no se ceban con el Parlamento de Londres, la Casa Blanca o la Torre Eiffel. Por lo menos, se aprecia el deseo de ofrecer alguna novedad, pero luego nos quejamos de que falta algo en la propuesta. Nunca estamos contentos con nada.

From → Cine

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