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El gran desmadre (A Bad Mooms Christmas) (*)

7 diciembre 2017

Las malas madres y sus mamás

Amy, Kiki y Carla tienen un nuevo y enorme problema. Si no fuera poco preparar la Navidad para sus respectivas familias, ahora reciben la visita de sus madres. Cada una de las protagonistas tiene una relación diferente con sus progenitoras pero está claro que no les hace ninguna gracia que quieran arreglar sus vidas y por ello deciden rebelarse.

Conocimos a las tres mujeres protagonistas en Malas madresBad Moon, 2016- y ahora el mismo equipo técnico y artístico regresa con una secuela ambientada en Navidad y que arranca cinco días antes de Nochebuena. Jon Lucas y Scott Moore vuelven a responsabilizarse del guion y la dirección de una comedia bastante bizarra que arranca cuando las madres de Amy –Mila Kunis-, Kiki –Kristen Bell- y Carla –Kathryn Hahn- anuncian su visita o se presentan de sopetón.

Después de haberse rebelado contra las madrees perfectas del instituto en el que cursaban estudios sus hijos, deben reaccionar ante la intromisión de sus progenitoras, que pretenden hacer las cosas a su manera sin conceder el más mínimo espacio. Amy vive ahora con Jessie –Jay Hernández- y pretende pasar unas fiestas en familia, con una decoración escasamente recargada y comida china en pijama. Ruth –Christine Baranski- pone todo patas arriba. Llega como un remolino, ordenando que toda la casa se vista de fiesta de una forma exagerada. Pretende cumplir la tradición, que pasa por un bonito árbol, asistir a la representación de la ópera Cascanueces con sus cinco horas de duración y colmar de regalos y chucherías a los nietos aunque vaya contra las normas de la familia.

Kiki tampoco pretende hacer nada anormal, pero la llegada a su domicilio de Sandy -Cheryl Hines- rompe sus esquemas. Desde el momento que nación, su madre la considera su mejor amiga. Máxime al fallecer su esposo. Está siempre encima de ella, sobre protegiéndola hasta el punto de que se encuentra en el dormitorio de su hija en el momento en que se dispone a hacer el amor con su marido. Hasta lucen las dos el mismo peinado. En cuanto a Carla, que sigue con su salón de belleza y encontrará a su media naranja en el bombero/stripper Ty Swindel –Justin Hartley-, no se complica la vida y empaqueta los regalos del año anterior para regalárselos a sus seres queridos. Isis –Susan Sarandon- es un espíritu libre, con problemas de ludopatía, que únicamente visita a su hija para pedirle dinero con el que apostar.

¿Por qué será que en las mayorías de secuelas rentables aparecen los padres de los protagonistas? Su presencia causa una vorágine para que, al final, las aguas vuelvan a su cauce. Este film está orientado fundamentalmente a la comercialidad. Hay algunas chistes que tienen su gracia, pero que se pierden en un sin sentido de exageraciones y situaciones llevadas más allá de lo razonable. La película ya ha recaudado más del doble de sus costes de producción, 29 millones de dólares, a falta de su estreno europeo y en otras muchas latitudes. Sin embargo, muchas de sus situaciones son difíciles de aceptar o no se explican suficientemente en aras de un ritmo y una comicidad que entretenga al espectador durante poco más de cien minutos. Por si fuera poco, se intuye una próxima entrega con Ruth, Sandy e Isis haciendo de las suyas en Las Vegas.

No resulta aceptable que, en medio de los problemas con sus respectivas familias, de repente, los tres personajes centrales aparezcan juntas en la barra de un bar contándose sus problemas,a  pesar de que constituyan los mejores momentos del film ¿Dónde han dejado a sus hijos y, sobre todo, a sus madres pegajosas y metomentodos? Da lo mismo que una secuencia no tenga nada que ver con la anterior ni con la siguiente. Se trata de ofrecer una serie de gags concatenados  para hacer la película más digerible. Tampoco viene a cuento que la madre de Amy contrate a todo un coro para cantar villancicos en la puerta de trescientas casas para llevarse un dudoso premio. Ni que, aprovechando un número musical, el trío se emborrache y ejecute bailes obscenos con Papá Noel en un centro comercial. Sobre todo, cuando les sacan una foto que posteriormente no tiene recorrido.

Sucede lo mismo cuando se encuentran con las madres perfectas de la primera entrega en un cameo que tampoco va a ninguna parte. Un guiño que si no se ha visto el original pasa absolutamente desapercibido. Lucas y Moore consiguen algo muy difícil, que la cinta se muestre enrevesada y hasta caótica, que los personajes den un bajón con respecto al original y que, pese a todo, cumpla con creces sus objetivos. Se trata de un producto de consumo, un suflé navideño hecho sin la receta correspondiente pero que resulta sabroso.

From → Cine

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