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El gran showman (The Greatest Showman) (***)

29 diciembre 2017

El mayor espectáculo en la tierra

Phineas Taylor Barnum fue un visionario. De la nada levanto una máquina de hacer dinero gracias a sus personajes únicos, antesala de lo que sería el nacimiento del circo. Su relación con la prima donna sueca Jenny Lind marcó un punto de inflexión en su carrera hacia el estrellato, con muchas cuentas por saldar.

La apertura de este biopic es tentadoramente atractiva, con Hugh Jackman interpretando el tema que homónimo de la película y luciéndose los artistas en la pista del circo con una coreografía que te hace pensar en algo grande. De inmediato, el protagonista se transforma en niño, el hijo de un sastre al que abofeteará el padre de la niña de sus sueños, Charity, que más tarde se convertirá en su esposa. ¿La vida del visionario empresario que fuera el creador del Ringling Bros & Barnum & Bailiey Circus, considerado el mayor espectáculo de la tierra, en forma de musical y en una hora y tres cuartos? Parecía una broma.

Las elipsis salpicadas de las canciones compuestas por Benj Pasek y Justin Paul, entre las que sobresale A Million Dreams presagiaban un gran show, tal y como aura su título, con ciertas reminiscencias de Moulin Rogue. La puesta en escena del debutante Michael Gracey auguraba un musical moderno para quedarse en nuestra memoria. Sin embargo, la cinta empieza a dar tirones, alternando momentos mágicos con otros que la frenan porque se deja muchas historias colaterales en el camino para centrarse únicamente en la figura de Phineas Taylor Barnum. Así se abre el hueco entre una buena película y una obra de arte.

La propuesta tiene muchos mimbres para gustar al público. Las dos principales atañen a un espíritu alegre y optimista que afecta a todo el metraje y al excepcional carisma de Hugh Jackman, que baila, canta y actúa para fagocitar a todo el que le rodea, especialmente a Zac Efron, que disponía de un papel para que se le catapultara definitivamente al estrellato. Pero la sombra del australiano es demasiado alargada. En el guion hay pocos detalles que no hubiéramos visto con anterioridad, al menos en una visión superficial. Los números coreográficos resultan atractivos y los personajes entrañables. Llegados a este punto llegaremos a una afirmación que jamás creíamos que saldría de nuestro ordenador: a la película le falta metraje. Probablemente, media hora más para que la historia fuese redonda.

P.T. Barnum levanta su primer negocio tras quedarse en el paro y con un subterfugio con el que, ¡Oh milagro!, engaña a una entidad crediticia. Siguiendo la moda europea, apuesta por figuras de cera y reproducciones de animales exóticos. El fracaso le hace replantearse el contenido y busca personas singulares, desde la mujer barbuda al hombre tatuado, pasando por enanos convertidos en Napoleón, gigantes y otros humanos despreciados socialmente. Después, comenzará a integrar trapecistas y otras actuaciones para hacer suya la palabra con la que describió su espectáculo el crítico James Gordon Bennett –Paul Sparks-: un circo.

El protagonista se casó definitivamente con Charity -Michelle Williams-, con la que tuvo dos hijas. La alta sociedad nunca le perdonó su procedencia, algo que Barnum siempre quiso contrarrestar. Por ello, contrató a la soprano sueca Jenny Lind –Rebecca Ferguson-, para que ofreciera ciento cincuenta conciertos en Estados Unidos. La actuación de la cantante en los escenarios más representativos del país le abrió las puertas que permanecían cerradas, aunque se habló de un romance que en la película no se llega a concretar. Tampoco que la nórdica exigió la presencia de un pianista alemán y de un barítono italiano. El caso es que ella abandonó antes de la mitad de la gira provocando la ruina de Barnum. Realmente, esa posibilidad figuraba en el contrato a cambio de una indemnización de veinticinco mil dólares, detalle que igualmente se pasa por alto en el guion.

Todo es tan amable en esta producción, que la relación íntima entre Lind y Barnum no se produce, y los acontecimientos posteriores siembran el terreno para que el protagonista vuelva a levantarse con todo su esplendor para satisfacción del respetable. Buena parte de ellos tuvo que ver su socio, Phillip Carlyle –Zac Efron-, que despreció una jugosa herencia por apostar su dinero al circo. Por el camino deja sin profundizar la relación entre él y sus suegros, y apenas conocemos nada de la troupe  con la que consiguió al éxito, salvo en los casos de la mujer barbuda, Lettie Lutz –Keala Settle- y de la trapecista afroamericana Anne Wheeler –Zendaya-, que revive con el personaje de Carlyle una historia de amor referida a distintas clases sociales como la protagonizada por P.T. y Charity.

Este biopic se transforma en un espectáculo agradable. No es el mayor sobre la tierra, pero en sí mismo parece un circo. Un espectáculo con todas bondades de ese género que no se ha querido elevar a la categoría de arte, que se completa y disfruta con un maestro de ceremonias y un jefe de pista como Hugh Jackman, que vuelve a dar la talla como uno de los actores referenciales del momento. Un lugar para disfrutar, soñar, entusiasmarse y llenar el aire de optimismo. Incluso, se ha rehusado la  ópera para que Lind no aburriera con un par de arias y emocionase desde las baladas.

From → Cine

One Comment
  1. HOLA LES RECOMIENDO ESTA PAGINA ES MUY BUENO.
    EL GRAN SHOWMAN LA PELÍCULA http://www.divpelis.com/pelicula/el-gran-showman-2017

    Me gusta

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