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Recuerdos desde Fukushima (Grüße aus Fukushima) (***)

30 diciembre 2017

Fantasmas bajo la radiación

Una joven alemana que ha sufrido un desengaño amoroso viaja a Fukushima por medio de una una ONG en el intento de llevar algo de diversión a los supervivientes del terremoto. Allí conoce a la última geisha del lugar, que está decidida a regresar a su casa, sita en la zona de exclusión a causa de la radioactividad. La recién llegada decidirá acompañarla.

La cineasta alemana Doris Dörrie profesa la religión budista y es una enamorada de Japón. Su mejor film hasta la fecha, cerezos en florCherry Blossoms – Hanami, 2008- es una buena prueba. De nuevo regresa al País del Sol Naciente para firmar el trabajo más destacable desde entonces. Ella, que visitó la región tras el terremoto y los problemas derivados de las filtraciones de la central nuclear, proporciona a su película, rodada en blanco y negro,  un cierto aire documental en algunos pasajes. Por ejemplo, los sacos con tierra contaminada, alineados perfectamente, que ya forman parte del paisaje.

Marie –Rosalie Thomass- llega a la región por medio de la organización Clows4Help con la intención de llevar un poco de alegría a los damnificados. Llevó a cabo un intento de suicidio el día de su boda después de haber acostado con un amigo de su novio pocas fechas antes del enlace para estar segura del paso que iba a dar. Presa de los remordimientos, contó a su prometido el hecho y éste decidió romper el compromiso. En Japón, lo primero  que se encuentra es un hombre tocado con una cabeza enorme de gato. Una pieza más de un conglomerado asombroso en un país diferente con costumbres inimaginables.

La secuencia inicial se fija en la boca de la protagonista que, entre susurros, se pregunta si hace lo adecuado, cómo sería comenzar desde cero, y hasta dónde podría caer si pierde todo lo que tiene. En Fukushima conocerá a la arisca anciana Satomi –Nami Kamata-, la última geisha del lugar, quien decide volver a su casa, situada en la zona de exclusión. Después de llevar a la mujer local hasta la que fue su morada, Marie decide quedarse con ella. La amistad irá creciendo entre ambas y Satomi, deseosa de tener alumnas para enseñarles su oficio, intenta dulcificar los modales de Marie y le explica cómo trocar en elegancia su rudeza.

Alrededor de la casa, por las noches, aparecen los fantasmas. Son los relativos a cada una de las dos protagonistas. Así es como la oriental revela que el día de la catástrofe se había agarrado a un árbol vecino en compañía de Yuki, su discípula. Accidente o no, el caso es que la corriente terminó por llevarse a la joven, que desapareció entre las olas de más de diez metros. Las dos amigas hacen alguna que otra escapada después de que Satomi intentará ahorcarse en la misma rama del árbol de la que se desprendió Yuki. Poco después visitan a su hija, celosa de las alumnas de su madre y a quien ésta regaló en su día un gato cuya existencia enlaza con la referida con anterioridad y que regresará en el desenlace. Del asombro a lo desconocido se pasa al respeto.

Dörrie se inclina nuevamente por un contenido que venera enormemente lo humano, y lo hace desde una evidente sencillez, favorecida por el entorno apocalíptico derivado  de la fusión parcial del núcleo de tres de los reactores de la central nuclear. Una tierra desolada en la que se abre una puerta a la esperanza. El choque cultural con dos personas condenadas a entenderse es menos importante que los fantasmas del pasado. Las dos mujeres viven el presente, pero son deudoras a un tiempo anterior en el que viven ancladas.

La directora ha contado varios supervivientes de la zona para darles visibilidad y que su presencia constituya un apoyo moral. Lo hace dejando al margen en lo posible el lado más sensible de su propuesta. En un terreno árido y descarnado, la presencia del mar puede servir de bálsamo, aunque se erigiera en uno de los desencadenantes del problema. No hay tristeza, ni tampoco se pretende elevar a los altares a ninguna de las dos mujeres. Alterna momentos dramáticos con otros que destilan humor y cariño, como cuando Satomi le enseña a Marie la forma correcta de servir y degustar el té. A cambio, tampoco pretende ahondar en los aspectos más aciagos. El conjunto apuesta por la tragicomedia en una obra que se antoja más superficial de lo que alberga su contenido.

From → Cine

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