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La forma del agua (The Shape of Water) (****)

16 febrero 2018

Cuando el amor sale a flote

Una mujer muda, que trabaja en el servicio de limpieza de un laboratorio secreto, descubre que en uno de los cuartos tienen prisionero a un extraño ser acuático. Cuando descubre que la criatura es capaz de sentir, de comunicarse y de amar, ambos comienzan un romance imposible en plena Guerra Fría.

La conquista del León de Oro en Venecia y los Globos de Oro al mejor director, Guillermo del Toro y a la banda sonora original, así como la larga lista de galardones y comunicaciones, colocan a esta película como una de las más atractivas de los últimos doce meses. El cineasta de Jalisco, afincado en Los Ángeles y que filmó su mejor película en España –El laberinto del fauno, 2006-, nunca ha abandonado en sus propuesta la mezcolanza del terror y la fantasía, al tiempo que situaba sus historias en un régimen de opresión. Los niños han sido sus principales referencias. En este caso, consigue su trabajo más adulto gracias al protagonismo de una mujer. La vulnerabilidad infantil, y también su ingenuidad vienen representados por la deficiencia física de su protagonista, muda desde una agresión en el cuello que sufrió en su niñez y que la ha dejado marcas en ambos lados.

Elisa Espósito –Sally Hawkins- trabaja en el servicio de limpieza en un laboratorio secreto de Baltimore. La acción se desarrolla en los años 60, en plena Guerra Fría y la protagonista disfruta de la amistad de una compañera, Zelda D. Fuller –Octavia Spencer-, quien la protege de las iras y envidias de las demás. Vive sola en un apartamento contiguo al de Giles Dupont –Richard Jenkins-, un aplicado dibujante al que comienzan a rechazar sus trabajas en aras de las nuevas tecnologías. Ambos habitan encima de un cine y se entusiasman con los musicales, especialmente los protagonizados por Betty Grable, cuyos pasos de baile se saben de memoria.

Casualmente, Elisa descubre en una de las salas un enorme estanque en el que habita una criatura acuática –Doug Jones-, maltratada por el coronel del servicio secreto Richard Strickland –Michael Shannon-, que la ha capturado en un río de Sudamérica. Strickland ha apartado del mando a Robert Hoffstettler –Michael Sthulbarg-, que en realidad es un espía soviético- y recibe órdenes de su superior, el general Frank Hoyt –David Hewlett-, quien pretende que se diseccione a la criatura para investigar sus propiedades. Por su parte, Hofftettler pretende ganar tiempo para que sus amigos de la URSS puedan hacerse con el extraño ser.

Lo que no contaban las partes era con la atracción mutua que existe entre el espécimen y la limpiadora, que se comunica con el lenguaje de signos y entabla comunicaciones elementales con la entidad. No tarda en comprometer a Zelda y Giles para llevarse a casa al organismo antropomorfo, que muestra habilidades curativas con tan solo imponer sus manos, ubicándolo en la bañera a la que añade productos químicos establecidos por el mencionado Hofftettler. Mientras los dos protagonistas siguen adelante con su historia de amor, no exenta de sexo, Strickland dispone de tres días para encontrar a la criatura, al tiempo que los soviéticos también pretenden capturarla con la intención, al igual que sus enemigos, de utilizarla con vistas a la carrera espacial.

Guillermo del Toro vivía sus propios días de vino y rosas. Tras el triunfo en Venecia y la lluvia de premios, se topó con un contratiempo importante. Nada menos que la acusación de plagio por parte del holandés Mark S. Nollkaemper, quien firmó un interesante proyecto de fin de carrera en 2015 gracias a un cortometraje titulado The Space Between Us. Señala el de los Países Bajos, que las reminiscencias no se basan únicamente en el aspecto visual sino en que la protagonista es también una muchacha tímida que trabaja en el área de limpieza de un laboratorio secreto y que siente atracción por un extraño ser de naturaleza acuática. Como en el caso de la película del mexicano, el primer contacto entre ambos se manifiesta por medio de la mirada de la chica depositada en las manos del anfibio.

Esta circunstancia puede restarle puntos a Del Toro en su camino hacia el Oscar, pero en ningún momento exime la elegancia de su film ni merma su atractivo. Con una brillante partitura de Alexandre Desplat y un gran trabajo interpretativo a cargo de Sally Hawkins, bien acompañada por el resto del elenco, el mexicano ha rematado una película interesante, emotiva y llena de encanto, aunque los efectos especiales pudieran ser mejorados, un aspecto que llama la atención en el responsable de Hellboy o Pacific Rim. Su puesta en escena es brillante, mucho más cálida de lo que cabría esperar por el contenido y sus protagonistas. Nos gustaría que el personaje de Giles Dupont estuviera más desarrollado, especialmente en su sexualidad y que la trama rusa fuese más consistentes. De todas formas, se trata de una magnífica película, de las mejores del año y a un paso de que pudiéramos registrarla como una obra de arte.

From → Cine

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