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La enfermedad del domingo (**)

25 febrero 2018

Reencuentro familiar

Treinta y cinco años después de que su madre la hubiese abandonado, Chiara reaparece en la vida de su progenitora. Quiere que pasen diez días juntas. Es la oportunidad para que ambas mujeres se conozcan mejor, pero en la extraña petición de la joven se esconde otro propósito que sólo se desvelará cuando se reencuentren.

No se prodiga demasiado el malagueño Ramón Salazar. Cuatro películas en tres lustros no parece demasiado bagaje, pero esta última le ha servido para regresar a la Berlinale, como ya hiciera con Piedras, el film de su debut. Lo ha hecho en la sección Panorama, y no resulta extraño puesto que esta puesta en escena, rodada con esmero y en unas localizaciones muy atractivas, resulta de difícil comprensión para el espectador medio pero, a cambio, es un producto muy asequible para festivales cinematográficos.

Anabel –Susi Sánchez- se mueve en unos círculos correspondientes a un alto status social. La encontramos en su mansión, con apariencia de palacio, siendo anfitriona de una cena de gala junto a su marido Bernabé, encarnado por un Miguel Ángel Solá que tiene una participación testimonial en el film. Cuando el servicio recoge los restos del ágape, Anabel se queda a solas con Chiara –Bárbara Lennie-, a quien reconoce de inmediato pero con la que no intercambia palabra. Se citan poco después y Chiara le propone que pase diez días con ella.

La relación entre las dos mujeres implica un secreto del pasado. Ambas son madre e hija. Anabel la abandonó cuando tenía ocho años pensando en un futuro mejor. Se hablará posteriormente de un culo inquieto, pero en realidad aspiraba a más altas cotas, como las encontradas junto a Bernabé. Su esposo se encuentra presente con los abogados que redactan un contrato por el cual Chiara renuncia a sostener cualquier parentesco con su madre biológica después de que esta acceda a pasar el período de tiempo exigido en su compañía.

Un domingo cualquiera una niña espera mirando por la ventana el regreso de su madre. Otro domingo tendrá lugar un desenlace que pone a Anabel entre la espada y la pared porque ha de tomar una decisión tremendamente difícil y complicada. Para entonces, su otra hija –Greta Fernández- ya sabe que tiene una hermana, habría mantenido con el padre biológico de Chiara y habrá vivido en un entorno idílico del Pirineo, a caballo entre Francia y España. En el camino queda el acercamiento entre ambas protagonistas. La llamada de la sangre es definitiva, como también algunas secuencias, en especial cuando entre las dos se mojan con una manguera.

Ramón Salazar ha confeccionado una película intimista, sentida y lánguida. Los silencios son largos y la cámara se queda prendida por momentos. Más en los paisajes que en las reacciones de sus personajes, donde el trabajo de la montadora Teresa Font resulta más exigente. La historia se cocina a fuego lento y en varias ocasiones el espectador tiene que atar cabos y sacar consecuencias de lo que sucede. En especial, cuando Chiara explica al oído a su madre lo que verdaderamente quiere de ella y que no quedar al descubierto hasta el final.

El trabajo de localización resulta plausible, aunque se pueda discutir la iluminación debido a ciertos claroscuros que parecen ser decisiones del director más que de su director de fotografía, Ricardo de Gracia. Y es que, salvo algunos planos exteriores, todo parece girar en torno a los dos personajes centrales, que exigen de sus actrices un esfuerzo especial. Bárbara Lennie, una de las profesionales en boga de este país se muestra convincente, pero no va mucho más allá de otras actuaciones convincentes anteriores. Se muestra bastante hermética, con voz quedada, lo que contrasta con la efervescencia de Susi Sánchez.

La valenciana, que fue nominada al Goya por 10.000 noches en ninguna parte, a las órdenes del propio Ramón Salazar, cuaja el papel más completo en su carrera cinematográfica. Luce su cuerpo y se muestra elegante con los modelos de alta costura al margen de firmar una actuación irreprochable. Las actrices que encabezan el reparto suponen la punta de lanza de esta producción, junto a la estudiada puesta en escena. Difícil para el gran público pero detentadora de una sensibilidad apabullante, recuerda lejanamente en algunos pasajes a Las horas de Stephen Daldry.

From → Cine

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