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La casa junto al mar (La Villa) (**1/2)

21 marzo 2018

Mismo lugar, otro tiempo

Tres hermanos se reúnen en la casa paterna cuando su progenitor sufre una severa enfermedad. En aquella villa, próxima a Marsella, elevada en torno a un restaurante para obreros, reviven los días pasados, cuando quizá estaban más unidos y sus ilusiones emergían mayúsculas.

El binomio compuesto por el cineasta Robert Guédiguian y su esposa, la actriz Ariane Ascaride, ataca de nuevo. Ella encarna a Angèle Barberini, una mujer que triunfó en los escenarios parisinos y ahora está en vísperas de iniciar una gira. Años atrás dejó su casa paterna, situada en la bahía de Marsella. Allí abandonó también a sus hermanos Joseph y Armand, así como a un entusiasta admirador, Benjamin –Robinson Stévenin- cuyo modus vivendi es la pesca.

Joseph –Jean-Pierre Darroussin- también emigró hacia la capital hace tiempo y ahora regresa en compañía de Bérangère –Anaïs Demoustier- una muchacha mucho más joven que él. El reencuentro familiar se produce a consecuencia de una afección del padre, viudo desde hace años, cuyo estado es poco menos vegetativo. En su día, Armand –Gérard Meylan- fue el único de los tres que se quedó integrado en el negocio familiar, un pequeño restaurante para clase obrera que vivió su época de esplendor con la eclosión turística de la zona.

La reunificación familiar propone un repaso a las razones del distanciamiento de los hermanos. Se trata de una propuesta muy agradecida para el cine francés, que sabe sacarlo adelante con decoro de forma habitual. Una historia pareja, aunque más ingenua, veíamos no hace mucho gracias a Nuestra vida en la BorgoñaCe qui nous lie, 2017-, aunque se cambiaba la orilla del mar por los viñedos. En cada uno de estos planteamientos suelen dejarse cuestiones en el aire y se buscar un mayor detenimiento en otras cuestiones, algunas que nos resultan incluso menos importantes.

En este caso, se enfrentan dos historias de amor. Por un lado, la de Angèle con Benjamin. ¿Aún sigo estando apetecible?, pregunta ella. Por otra parte, encontramos a Joseph y Bérangère. Los dos saben que su relación está destinado al fracaso. Ella se enamoró como estudiante de un profesor con ideas revolucionarias y se siente defraudada. Incluso él le reprocha que la mayoría de la gente piensa como si fuera de derechas aunque siente como si fuese de izquierdas. Demasiado elemental que la joven se sienta atraída por el primero que pase, Yvan – Yann Trégouët-, el hijo de un matrimonio vecino compuesto por Martin y Suzanne –Jacques Boudet y Geneviève Mnich, respectivamente-.

Hubiera sido una propuesta más de este sub género dramático, pero encuentra un elemento añadido importante cuando aparecen en el entorno tres niños supervivientes de una patera repleta de emigrantes. Lo que hace Guédiguian es tocar muchos frentes y para ello no necesita más que esbozarlos en algunas ocasiones. Cuenta varias cosas con un disfraz de vaivenes familiares, desamores y amores reencontrados. Por ejemplo, la crisis económica y la especulación se reflejan en el matrimonio formado por Martin y Suzanne, que apenas pueden hacer frente con su modesta pensión a la subida del alquiler cuando se pretende triplicar la cantidad abonada hasta ese momento.

La película invita a escudriñar en su interior porque guarda bastantes problemas ocultos que son susceptibles de discusión. El autor prácticamente los esboza, como si propusiera los enunciados y dejase a los espectadores que desarrollasen los temas. Incluso, los hay por describir, como el hecho de que Benjamin siga pescando buenas lubinas en plena bahía de Marsella, contaminada por el turismo y el incremento de la población. ¿Por qué el lugar dónde se citan los protagonistas ha resistido el paso del tiempo y el turismo?

No lo sabemos, aunque a cambio se nos ofrezcan imágenes gratuitas de los hermanos cuando eran jóvenes. Por eso, la propuesta se detiene en cuestiones menos importantes y esboza la mayoría de las más determinantes, como si se juzgase que el espectador es suficientemente inteligente para profundizar en los bosquejos de asuntos determinantes y se entretuviera coqueteando con los superficiales. Así, se llega a un desenlace esperanzador e inteligente. También abierto, como casi todo lo que se ofrece en un film que podría haberse contado en menos tiempo sin que por ello se hubiera resentido un ápice el interés de su sus líneas maestras.

From → Cine

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