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Tomb Raider (*1/2)

21 marzo 2018

En el espejo de Indiana Jones

Cuando Lara Croft, hija de un excéntrico aventurero, debe encargarse de la herencia familiar, descubre que su padre murió en una isla misteriosa cuando iba en pos de una tumba perteneciente a una reina legendaria. Razón más que suficiente para continuar las pesquisas por su cuenta.

Sin duda, Lara Croft es la heroína más sexy y conocida de los videojuegos. Al menos, de las creadas en Occidente. Es cierto que la precedieron otras que llegaron de Japón, pero no poseían el protagonismo absoluto de esta quimérica aventurera. Con anterioridad, el cine ya se había aprovechado de la adaptación de los quehaceres de este personaje. Angelina Jolie dio vida a una acartonada muchacha de fisonomía inconfundible gracias a sus botas, pantalones cortos, camiseta, trenza y su inseparable arco. Hasta el recuerdo de aquellas propuestas nos duele todavía.

Aquella Lara Croft era poco menos que un Arnold Schwarzenegger en femenino. Había que justificar las andanzas de la aventurera con una musculatura lo más parecida posible al pedernal. Ahora, Alicia Vikander, que es bastante más liviana que su predecesora, no tiene un gimnasio en su mansión para endurecer sus fibras. Le llega con ser contestataria, pasar del peculio familiar y ganar menos del sueldo mínimo como mensajera en bicicleta. Mucho más sensible y vulnerable que la figura mostrada en las consolas o el ordenador, se lleva todos los golpes sueltos que se deambulan por su aventura así como otros de regalo.

Cuando san por muerto a Lord Richard Croft –Dominic West-, la socia de su padre, Ana Miller –Kristin Scott Thomas- conmina a Lara a reclamar la herencia familiar so pena de arriesgarse a perderlo todo. Es entonces cuando revisando los documentos de su progenitor encuentra un mensaje pregrabado que habla de la búsqueda de la tumba de Himiko, mítica reina de la legendaria Yamatai, de quien se afirma que domina el poder sobre la vida y la muerte.

Intrigada por esa confesión viaja a Hong Kong donde contrata un barco, el Endurance, capitaneado por Lu Ren –Daniel Wu-, para navegar por el Mar del Diablo en busca de Yamatai. Tras un naufragio, Lara despierta en brazos de Mathias Vogel –Walton Goggins-, líder de una expedición que busca igualmente la tumba de Himiko y que ha sido financiada por una organización misteriosa llamada Trinidad.

Ya están servidos todos los ingredientes para que la aventura eche a andar. Lara Croft se convierte de esta forma en una Indiana Jones femenina en una trama que guarda ciertos paralelismos con la tercera entrega del carismático arqueólogo cuando buscaba el Santo Grial en compañía de su papá. La principal diferencia es que, una vez entrados en conflicto, la acción no salta de un lugar más o menos reconocible a otro. Esta heroína, como Tarzán, tiene su hábitat en la jungla y en ella es donde desarrolla sus principales virtudes.

En estos tiempos de reivindicaciones feministas, Lara se suma a otras mujeres que intentan situarse en el mismo plano que los hombres a la hora de la acción. Desde Atómica a Gorrión Rojo, pasando por otros ejemplos. Pero esta protagonista tiene su propia tradición, como Wonder Woman, e incluso va más allá, porque se deja abierta una secuela en la que tendrá que enfrentarse a una mujer. En terreno tan machista como el de los videojuegos, el personaje creado por Toby Gard se erigió en la reina del atrevimiento ante el peligro. Ahora pretende extender sus dominios a la pantalla grande y asentarse como la estrella por excelencia. No posee poderes especiales que ayuden a su ascensión al olimpo. Le vale con su destreza, imaginación y su arco, claro.

El noruego Roar Uthaug debuta en Hollywood con esta propuesta cuyo guion termina pasándole demasiada factura. Con la trepidante partitura de Junkie XL elevándose por momentos, la primera parte de la función se nos antoja eficiente. Una hora que pasa rápido y que, como suele ocurrir cuando se presentan a los personajes de cualquier saga, resulta bastante atractiva. Después se vuelve farragosa, soporífera y nos damos cuenta de que los personajes que rodean al principal apenas tienes razón de ser aparte de meros acompañantes, ya sean buenos o malos. Es entonces cuando nos queda Alicia Vikander, que está muy por encima de su papel y éste, a su vez, se encuentra a años luz del resto.

Todo en esta propuesta parece superfluo una vez que entras en la aventura en sí. Un mcguffin mayúsculo e inconsistente. La intención de recuperar viejas tradiciones de la literatura de capa y espada, como la isla del tesoro, ha dado en hueso. Las propuestas humorísticas de la trama, también. Parece como si sus responsables se hubieran vaciado en los primeros sesenta minutos y tirasen para adelante con el segundo aliento. Ni siquiera les salva el oficio y echan por tierra casi todo lo ganado, aunque siempre nos quede la sensación de que este Tomb Raider es bastante mejor que sus predecesores. Solo faltaría eso.

From → Cine

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