Saltar al contenido

Paella Today (-)

26 marzo 2018

Un arroz chino

Un concurso de paellas, pero también el duelo entre dos buenos amigos que quieren a la misma chica. Con todo ello, un chino se erige como el gran campeón de las costumbres levantinas, incluso de su plato estrella, mientras otros pintorescos personajes pugnan por demostrar lo que no son.

El humor levantino ha dejado auténticas piezas maestras en la cinematografía española. Basta con recordar a Luis García Berlanga para asumir que sus representantes conjugan el ingenio soterrado con la acidez crítica y el punto de drama necesario para compensar el humor. Claro que el maestro tuvo alumnos que terminaron por no dar la talla. Véase el ejemplo de Antoni P. Canet –Amanece como puedas, 1988-, que tuvo que refugiarse en la televisión regional. En esa línea, el último en llegar es César Sabater.

El plato regional valenciano por el excelencia es el eje sobre el que gravita esta propuesta, cuya mayor aportación es la de promover el Día de la Paella y cuyo mejor logro en la pantalla es que dura menos de hora y media. Hay buenas ideas, muchas de ellas aprovechables, dentro de este proyecto, pero el montaje y un ritmo bastante deficiente terminan por mostrar un encefalograma plano que contrasta con su vida interior.

Se intentan mantener las tradiciones, e incluso explicar algunas de ellas, frente a las ofertas de plástico con que se tienta a los turistas por cualquier rincón, pero se lleva a cabo de una manera tan exagerada y burda que terminamos por no creer lo que se nos muestra y considerar que no pasa de una astracanada. Por ejemplo, ese chino campeón de elaboración de paellas que tiene un puesto donde no reverencia ese plato. Jimmy –Alberto Jo Lee- ni siquiera la ofrece a su clientela, aunque conoce a la perfección los ingredientes. A cambio, es un experto en el truc, juego de naipes que desde la región levantina se exportó a la Argentina y que se juega con 22 de las 40 cartas de la baraja española. Su presencia anacrónica da pie a desarrollar la frase engañar como a un chino. Demasiado fácil, ¿no?

La idea de Sabater es buena, pero se derrite como un helado a causa del guion coescrito con Juanjo Moscardó Rius. A ello se une la falta de diversidad en los planos generales de Valencia, especialmente desde la terraza del piso que comparten los dos protagonistas, Pep –Pablo Rivero- y Vicent –Pau Gregori-. Tampoco ayudan los manidos timos a los turistas a la hora de mostrarles los monumentos de la ciudad. Una vez más, los visitantes saben más que los guías y eso ha dejado de hacer gracia.

La línea argumental de la película, aunque viene matizada por un concurso de paellas que permiten llegar a un desenlace gracioso, muy por encima del resto del film, es la competencia que dirimen Pep y Vicent por el amor de Lola, una chica liberal y desinhibida –Olga Alamán-, quien llega a Valencia para vivir con su padre, conocido como El Socarrat –Emilio Mencheta-. Ella, que favorece un machismo fuera de tono en su presentación, quiere compartir amoríos y ellos no están por la labor de montarse trío. Da pie a diálogos y trucos que datan de los tiempos en que Celia Gámez se subía a los escenarios para protagonizar revistas musicales, qué calor, compartidos por intentos más escatológicos como los excrementos tratados para que Pep pueda dar rienda suelta a su afición por la pintura.

Sobre todo, nos quedamos con personajes secundarios a lo que se les podría haber sacado mucho más partido, Tanto o más que los cameos. Como los de Soledad Giménez, Chimo Bayo a los mandos de la mesa de sonido, un Pablo Carbonell fuera de registro actuando como el maestro de ceremonias del concurso de paellas, o un David Amor en plan de turista gallego que parece haberse dejado la gracia en su tierra. Más entonada aparece Lolita Flores, como la madre andaluza de Olga, la que prefiere un gazpacho fresquito a cualquier exquisitez gastronómica.

De los papeles secundarios aprovechables solo hay bosquejos. Brays Efe es Paquito, el personaje que pretende ser influencer, que todo lo critica y que no tiene conciencia de que debe salir del armario, como le recomienda su madre, quien afirma que en su caso el ropero es de metacrilato. No nos olvidemos tampoco de Mamen García, esa pitonisa que lo mismo lee los posos del café que adivina el futuro con el tarot, o escudriña el provenir en las nalgas. Material lo había, y bueno. Lástima que se pierda en cuestiones folclóricas, en tibios triángulos amorosos y en diálogos poco aprovechables.

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: