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Pacific Rim: Insurrección (Pacific Rim: Uprising) (*)

27 marzo 2018

Japón como tabla de salvación

Una década después de haber sido rechazados por las fuerzas terrestres, los colosales Kaiju vuelven a la carga en su empeño contra la Tierra. Tras encontrar un portal interdimensional pretenden destruir a la raza humana, que se prepara para contrarrestarlos con unos robos gigantes que parecen no estar a la altura de los invasores.

Cuando uno gana el Oscar parece que tiene vía libre para decir lo que quiera y Guillermo del Toro reivindicó su filmografía incluyendo Pacific Rim, cuya primera entrega dirigió en Estados Unidos. Sus seguidores han sostenido siempre que aquella película les conectaba con su yo más infantil, aunque supongo que ahora permanecerán agazapados en su madriguera después de que se haya estrenado una secuela producida por el cineasta mexicano que, cinematográficamente, no es mejor ni peor que el original pero en la que se nota, entre otras cosas, su menor presupuesto.

Pacifc Rim es la historia del enfrentamiento entre los colosales kaiju, de origen extraterrestre y las fuerzas locales supeditadas a unos robots gigantescos llamados jaeger. Aquellos, no sé si porque contamos mal los chistes o porque adoramos películas como Casablanca, quieren exterminar a los humanos y estos sufren su menor potencial hasta que aparecen dos o tres chicos listos que, gracias a una estratagema tan inteligente como suicida, consiguen desbaratar los planes de los invasores y reenviarlos a su hogar galáctico con el rabo, o lo que sea, entre las piernas.

Claro que se puede reconocer el argumento de la primera entrega, pero es que resulta calcado al de esta nueva propuesta, para la que se han necesitado cinco guionistas. Hay dos novedades importantes. La primera es la aparición de John Boyega, un actor. Encarna a Jake Pentecost, hijo del líder carismático del original –Idris Elba-. Junto a él aparecen Scott Eastwood –Lambert-, quien suponemos que ocupa un hueco pequeño en el universo estelar de Hollywood por ser hijo de quien es, y Cailee Spaeny –Amara-, responsable de la cuotaparte femenina para interesar a los adolescentes que sea menester.

La segunda nota diferenciadora es que la acción transcurre en el Lejano Oriente. Hay que recordar que el film dirigido por Guillermo del Toro anduvo flojo de recaudación en la taquilla norteamericana y que los productores consiguieron salvar los muebles gracias al mercado asiático, especialmente Japón. Solo así se explica el protagonismo de Tokio, donde se centra el film, y la recuperación de Rinko Kikuchi, quien vuelve a interpretar a Mako Mori, el aprendiz debutante del original.

Este remake, basado en la historia original de T.S. Nowlin ofrece destrucciones masivas por doquier y, en ese aspecto, la película funciona. No busquemos más consideraciones porque para entretenernos deberíamos olvidarnos de una historia farragosa, en la que se nota la mano de Del Toro, y de unos personajes insustanciales. Steven S. DeKnight, que hizo el correspondiente máster en el mundo televisivo gracias a series como Daredevil, Spartacus o Angel, demuestra estar preparado para las secuencias de acción. Al menos, no salimos decepcionados en este apartado si bien los efectos visuales por ordenador se nos antojan escasos, como si se hubiese terminado el presupuesto para los trabajos en CGI.

De esta forma, si echamos una cabezada, que la podemos echar sin problema pasada la exposición y antes de que se llegue, a partir del ecuador, a los enfrentamientos propiamente dichos, hasta pudiéramos considerar en la posible duermevela que estamos ante un nuevo episodio de Transformers. Pero no, Michael Bay lo tiene más claro ya que busca únicamente la acción y no se preocupa en disquisiciones filosóficas que, aparte de frenar la trama, evitan que ésta desbarre.

Eso es lo que sucede en la demasiado compleja historia que nos remite a este duelo entre los kaiju, cada vez más grandes y poderosos, y los jaeger, que parecen obsoletos ante tanta modernidad. Afortunadamente, siempre hay una posibilidad de escape y, según parece, la inteligencia de los humanos es bastante superior a la que demuestran otros habitantes de la galaxia, o incluso del espacio exterior. Somos afortunados en eso, aunque no a la hora de tener que soportar películas como ésta. No aportan nada a lo ya visto y sirven únicamente para usar y tirar por mucho que intenten revestirlas con papel de regalo.

From → Cine

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