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Wilde Maus (*1/2)

9 abril 2018

Cuando vienen mal dadas

A sus cincuenta años, Greg ha sido despedido del periódico en el que trabajaba como crítico musical. Apesadumbrado, es incapaz de contárselo a su mujer y se dedica a vengarse de su antiguo jefe. Pasa las horas en el parque y allí se encuentra con un antiguo compañero de clase con el que intenta poner en marcha una montaña rusa.

Vayamos por partes. El nombre de la película identifica una montaña rusa que se caracteriza por las fuertes curvas en zigzag de su recorrido, lo que producen elevadas fuerzas G laterales. Por lo que se refiere al responsable de este film, Joseph Hader, es un actor, guionista y director de cabaret muy conocido en Austria que cumple su primer trabajo tras las cámaras. Como intérprete, su último trabajo fue protagonizar Stefan Zweig: Adiós a Europa. En cuanto al contenido de su propuesta, toca varios frentes, haciendo honor a su título.

Greg –Joseph Hander- es despedido como crítico del periódico en el que ha trabajado durante décadas. Es un comentarista acreditado, especialista en música clásica, que lamenta el hecho de que su sustituta no sepa distinguir entre una ópera y una opereta. Desde el momento en que abandona su puesto piensa en vengarse de su jefe, Waller –Jörg Hartmann-, pero es incapaz de contarle la verdad a su mujer, una psiquiatra llamada Johana –Pia Hierzegger-. Como Jose Coronado en La vida de nadie, acude todas las mañanas al Pratter, el pulmón verde de Viena. Allí se entretiene en el parque de atracciones.

Cuando encuentra a Erich –Georg Friedrich-, un antiguo compañero de colegio, deciden alquilar la montaña rusa para adecentarla y ponerla en marcha. Además de un socio, encontrará en él un amigo y un compañero a la hora de seguir haciendo trastadas en las posesiones de Waller, como rayarle su automóvil, destruir las cámaras de seguridad de su domicilio, o arrojar un pez muerto a su piscina.

El contenido de la cinta pretende justificar su título y Joseph Hander pretende desarrollar grandes rectas interrumpidas por curvas que nos provoquen algún que otro latigazo en nuestro cuerpo. Sin embargo, consigue únicamente enlazar de manera más o menos acertada una serie de gags agridulces que no siempre mantienen la uniformidad correspondiente. Estamos en invierno y sin embargo, Waller no duda en bañarse en su piscina. Este es uno de los ejemplos anacrónicos que salpican un largometraje mucho más simplista en su concepción que en su propuesta.

El autor busca la crítica de una sociedad que no parece convencerle o que, cuando menos, le hastía. Arremete inicialmente contra los despidos de trabajadores de cierta edad porque salen más caros que tres contratados nuevos. A las empresas no les importan que los jóvenes no tengan un camino de aprendizaje al lado de los veteranos y que les falte experiencia. Más adelante se centra en la incomunicación. No hay diálogo entre el protagonista y su esposa a pesar de la profesión de ella. Intentan tener un hijo, pero Johana le reprocha el hecho de que a su edad los espermatozoides sean más lentos. A cambio, ella se permite tontear con uno de sus pacientes, Sebastian –Denis Moschitto-, declarado abiertamente gay, y con su joven vecino. Tiene prisa porque ha pasado ya de los cuarenta y estima que cuando encuentre otra pareja estable habrá transcurrido demasiado tiempo.

La incomunicación es el asunto más recurrente, y también la sufre Erich con su actual compañera, una rumana llamada Nicoletta –Crina Semciuc- con la que es incapaz de mantener el más mismo diálogo debido a las barreras idiomáticas. Hay espacio para otros asuntos, como la soledad en el mundo actual; el enfrentamiento entre la música culta, el rock y los movimientos actuales; el acoso escolar; los obstáculos de los emprendedores; y las dudas así como algún que otro complejo de los homosexuales que retrata. La exposición de estos detalles y algunos más se efectúa reduciendo al máximo los personajes. De hecho los interrelaciona como si el mundo se acabara en ellos.

Joseph Hander juega a ser una especie de Woddy Allen a la austríaca, pero este trabajo le da para llegar hasta sus fronteras y poco más. Como cineasta apenas ofrece hallazgos si exceptuamos la imagen recurrente de su figura desnuda en un hueco en la nieve. Brilla más como actor ya que como guionista se preocupa más de que las piezas que componen su película sean individualmente lustrosas que en perseguir un conjunto unitario. En ese sentido, su zigzagueo está más cerca de estamparse contra un muro que de retomar la siguiente contracurva. Tampoco tiene claro si se trata de una comedia abocada a la tragedia o de un drama cruel servido con humor. Su acidez se termina a las primeras de cambio y su personaje central no consigue traspasar el umbral de la empatía.

From → Cine

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