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Cariño, yo soy tú (L’un dans l’autre) (**)

21 abril 2018

Cariño, yo soy tú: Este cuerpo es tuyo

Penélope y Pierre son amantes y su relación cambia cuando ella anuncia su compromiso matrimonial con Eric, el brazo derecho de Pierre, cuya esposa es la anfitriona de la velada. Cuando aquellos van a poner punto final a su relación, amanecen con los cuerpos intercambiados.

Hemos visto bastantes película basadas en largometrajes anteriores que no esconden su procedencia pero que tienen muchos menos puntos en común que esta producción francesa con títulos como Este cuerpo no es el mío, Lo que piensan las mujeres o, incluso, Una rubia muy dudosaSwitch, 1991-. Siempre, la circunstancia de un hombre metido en un cuerpo de mujer, o viceversa, es tratado desde el punto de vista de la comedia. Se pretende con ello abarrotar las salas criticando la actitud de ambos sexos  a través de sus clichés de cabecera. A lo mejor, en un futuro próximo, algún cineasta nos propone algo parecido a Del revésInside Out, 2015- en tono serio, ya sea con personajes animados o reales, radiografiando de verdad esta situación tan proclive al humor pero decisivamente trágica si la estudiamos con frialdad.

La sinopsis, más que aproximarnos nos introduce en el vodevil. En una terraza, como si de una relación normal se tratase, Penélope –Louise Bourgoin- y Pierre –Stéphane  de Groodt– elucubran sobre la realidad de otras parejas. Puede que ella diga esto y él lo otro; quizá intenten reconciliarse… Una situación poco novedosa en el cine y mucho menos en la vida real. La sorpresa viene poco después, cuando Pierre confirma a Eric –Pierre-François Martin-Laval-, su mano derecha en la empresa que, junto a sus parejas respectivas cenarán esa noche de viernes en su casa. Aimée –Aure Atka-, se esfuerza por ser una buena anfitriona, mientras que el cuarto comensal es Penélope que, junto a Eric, anuncia sus próximos esponsales.

Si alguien lo sospechaba, estaba en lo cierto: Penélope y Pierre son amantes y sus respectivas parejas no desconfían. Reacciones aparte, a la mañana siguiente, los dos amantes se las ingenian para encontrarse en el barco que el hombre tiene amarrado. Cuando se despiertan, después de hacer el amor, algo parece haber cambiado. Uno de los trabajadores del embarcadero pregunta por el propietario del barco, y quien le responde, aparentemente, es Penélope, vestida únicamente con los calzoncillos de Pierre y mostrando generosamente sus pechos. Poco después, se dan cuenta de la situación. El cuerpo es el de ella, pero solo en lo que se refiere a la parte exterior, ya que el resto es de Pierre. Lo mismo sucede con respecto a Penélope.

Habituarse a un cuerpo que distinto al tuyo no debe de resultar sencillo. En este caso, no se trata de compartir vestuario o de readaptar hábitos. Tampoco de modificar pensamientos. Hay que reaccionar de inmediato a los comportamientos habituales de la familia, de los seres más próximos, así como de las situaciones más usuales pero no por ello más insospechadas. ¿Pueden compartir cama dos novios? Claro ¿Pueden hacerlo cuando uno de ellos es el jefe enfundado en el cuerpo de su amante que, a la vez, es la prometida del otro hombre? La solución viene dada a través del humor. Es la más agradecida y, a su vez, la menos comprometida.

La propuesta es válida, e incluso el desarrollo de la misma también, aunque se haya enfocado del modo más ligero. Cuenta con cuatro intérpretes que refuerzan esa convicción, principalmente los dos más protagonistas. Louise Bourgoin, dentro de una evidente femineidad, parece lo suficientemente masculina como para efectuar movimientos hombrunos sin que choque demasiado. Lo mismo, pero al revés, podría decirse de Stéphane de Groodt, quien dentro de su masculinidad puede resolver situaciones complicadas ofreciendo su lado más blando.

La complacencia se da la mano con la sonrisa y resultan dos buenos argumentos para que la película funcione. Podría haber resultado mucho más atractiva si las cualidades de Bruno Chiche como cineasta fueran superiores. Su realización es plana y se encuentra mucho más próxima a la de una sitcom televisiva. Pura artesanía sin una pizca de sorpresa. La cámara no molesta, no se nota y tampoco ayuda a mejorar el producto, lo que suele ser una desventaja. Hay signos evidentes en su responsable de inseguridad o de ausencia de maestría. No expone en ningún momento, ni siquiera en el apartado musical, ya que utiliza la partitura para reconducir al espectador, como las reses bravas que acompañan a los cabestros hasta los toriles.

From → Cine

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