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Dando la nota 3 (Pitch Perfect 3) (*)

22 abril 2018

No muy afinado

Se acabó la Universidad y después de ganar el campeonato mundial de canto a capella las Bellas se separan en busca de un futuro profesional que no parece satisfacerlas demasiado. Con la excusa de una gira para lucirse ante las tropas norteamericanas desplazadas en Europa, vuelven a reunirse.

La primera entrega de esta saga supuso una sorpresa agradable. Casi nadie esperaba que una producción sobre el canto a capella, en la que las diferentes formaciones interpretaban canciones populares de otros artistas, pudiera dar en la diana. A su socaire llegó una segunda entrega que ya no causó la admiración de la inicial aunque fue suficiente como para prolongar el éxito. La fórmula parecía agotada. Las Bellas conquistaron el campeonato nacional, luego el mundial y ahora no quedaban retos por alcanzar.

Para adornar una historia que apenas podía sostener se optó por cuestiones sentimental, padres ausentes y distintos reveses en las trayectorias profesionales. Becca –Anna Kendrick- deja su trabajo como productora al no entenderse con un exitoso rapero. Ahora vive con Fat Amy –Rebel Wilson- y en un malentendido con el resto del grupo, Aubrey –Anna Camp-, les propone que actúen para los soldados norteamericanos destinados en diversas bases europeas. Su propósito es reencontrarse con su padre, un pez gordo del Ejército. Lo que no esperaban es que hubiese una competición dentro de la gira, nada menos que convertirse en las teloneras de DJ Khaled. El resto está servido.

La parte de la aventura corre a cargo de Fergus –John Lightgow-, el padre de Amy, que aspira a quedarse con la fortuna que su ex esposa legó a su hija y que se encuentra en una entidad crediticia de las islas Caimán. Usará todos los medios a su alcance, incluidos sus esbirros, para hacerse con el dinero. Surgen algunas relaciones amorosas, como la de Becca con Theo –Guy Burnett-, el asistente de DK Khaled, y otra de las chicas con Chicago –Matt Lanter-, un soldado que las acompañará en el viaje. El gran peligro para que las Bellas consigan ganar la competencia y seguir juntas es el grupo Evermoist, liderado por Calamity –Ruby Rose-, que utiliza cualquier ocasión para burlarse de sus oponentes.

Tampoco faltan Gail –Elizabeth Banks – y John –John Mitchael Higgins-, los locutores que se encargaron de narrar los enfrentamientos de las dos primeras entregas. La realización de un reportaje incomprensible suena a disculpa demasiado fútil. Por lo demás, mucha música, algo de aventura, cuestiones sentimentales y un viaje por España, Italia y Francia para presentarnos algunos lugares paradisíacos. En el caso de la Península Ibérica, con algunos errores de bulto. Aterrizan en Cádiz, que no tiene aeropuerto, para dirigirse a la base de Rota. Y una mujer con bata de cola baila por la calle. Ver para creer. No hay mucho de Italia y sí de la Costa Azul, donde Niza ocupa un lugar preferente.

La coreógrafa y directora de videoclips Trish Sie ha sido la encargada de llevar a buen término este proyecto. Se nota su experiencia y los números musicales están bien rodados y resultan atractivos. No se puede decir lo mismo de las canciones elegidas, que tienen más fuerza en el ritmo que en su popularidad. La puesta en escena supera al contenido, que flaquea en la mayoría de sus propuestas porque la historia no da para mucho más y el guion se encarga de no buscar alicientes que consigan elevarla.

Se desaprovechan muchas ocasiones, como el hecho de la dificultad laboral para los jóvenes. No por haber terminado en la Universidad y haberse convertido en una celebridad de los escenarios resulta suficiente. Es una vertiente que se obvia aunque se toque de pasada. Una ocasión perdida, como otras muchas, poniendo el énfasis en el desarraigo familiar, pero adornándolo con la acción y no con el drama. Llega un momento en que Theo le propone a Becca cantar sola. Si la protagonista hubiera aceptado la proposición de la primera película nos hubiéramos ahorrado las dos siguientes.

Se echa en falta aquella propuesta certera inicial. Sus ácidos comentarios se han sustituido por chistes escatológicos más vulgares. La rebeldía juvenil ha dado paso al inconformismo y a la ternura, al tiempo que se echan en falta críticas hacia la política actual. La serie languidece, lo que no quiere decir que la película se pueda soportar fácilmente. Eso sí, una vez vista se va por donde ha venido. No hay nada que se nos peque en el recuerdo salvo el modelito poco aprovechado de Anna Kendrick en el número final.

From → Cine

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