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Amor a medianoche (Midnight Sun) (*1/2)

7 mayo 2018

Romance imposible

Una joven de diecisiete años no puede exponerse a la luz del sol salvo peligro extremo para su vida y está súper protegida por su padre. Enamorada desde niña de un joven de su misma edad, al que ve pasar cada mañana desde su ventana, cuando le conoce su vida experimentará un cambio total.

Una enfermedad rara, que afecta a una persona entre un millón es la excusa principal de este film. Se trata de un mal conocido como XP, abreviatura de Xeroderma Pigmentosum, que supone una sensibilidad extrema a los rayos ultravioleta. Las primeras consecuencias son manchas en la piel que derivan el cáncer, así como una seria afección del cerebro. La historia es un remake de una producción japonesa de 2006, país en el que viene más a cuento puesto en él se producen uno de cada seis casos de este mal.

En un lugar indeterminado de los Estados Unidos la padece Kate Price –Bella Thorne-, quien perdió a su madre cuando era niña. Le quedan sus recuerdos y las clases de guitarra. Ahora, con diecisiete años, compone y canta por la noches en la estación del tren a cambio de la voluntad de los viandantes. Su padre, Jack –Rob Riggle-, la ha mantenido híper protegida. Unas persianas opacas le libran de la luz solar durante el día, lo que no es óbice para que vea pasar cada mañana desde que era niña a Charlie –Patrick Schwarzenegger-, convertido en un atractivo adolescente de su misma edad.

Kate ha sido objeto de burlas de sus compañeros, que la tachaban de vampira. Únicamente Morgan –Quinn Shephard- presume de su amistad. Estudia y trabaja en un establecimiento de comida rápida junto a Garver –Nicholas Coombe-. El día de la graduación de todos ellos, la protagonista consigue permiso de su padre para estar fuera una hora más y en ese tiempo extra se encuentra con Charlie, quien ha abandonado una fiesta ante la insistencia y acoso de Zoe Carmichael –Tiera Skovbye-. La atracción de los dos jóvenes es mutua, y con la complicidad de Morgan y Garver, comienza un flirteo que termina con unas consecuencias poco halagüeñas cuando Kate queda expuesta mínimamente al sol del amanecer.

El argumento es sentimental y lacrimógeno. Tanto, que debería disponerse de un paquete de pañuelos de papel en cada butaca al principio de cada proyección. La propuesta respaldada por Scott Speer es sensiblera en grado sumo y parece que solo busca cercar la sensibilidad del espectador para que sus ojos pasen de ser vidriosos a generar lágrimas. Pero casi todo en ella es superficial o poco creíble. Como ese padre súper protector que deja a su hija cantar por la noche en la estación, que gracias a su concurso consigue que se gradúe sin salir de casa, o que el joven atractivo y pretendido por las bellezas del instituto abandone una fiesta en la que podría considerarse la estrella. Con diecisiete años, parece imposible.

En cierto modo, los personajes recuerdan, salvando las distancias, un cuento de Disney. Qué casualidad que la protagonista cante temas que llegan con facilidad al público adulto, especialmente Let the Light In. Es como la princesa del cuento, y su padre el rey comprensivo mientras que Charlie se erige como el Príncipe Encantador. Falta la perversa madrastra aunque para ello ya está el XP porque si Cenicienta tenía que dejar el baile a medianoche, Kate debe regresar a casa antes de que amanezca.

Se echan de menos algunos paisajes sureños de mayor atractivo para que esta almibarada propuesta se de la mano con cualquiera de las adaptaciones de Nicholas Sparks llevadas a la pantalla grande. El resto de ingredientes componen un menú al uso en el que las actrices dominan a sus respectivas parejas. Bella Thorne supone el mejor activo de la película. Es muy creíble, interpreta con esmero las canciones compuestas por Nate Walcott y demuestra estar mucho más hecha como intérprete que Patric Schwarzenegger. El hijo de Terminator se muestra tan acartonado como su padre cuando encarnó a Conan. Tal vez pueda mejorar, pero necesita mucho trabajo y experiencia. De momento, es más creíble como futuro Gobernador de California que como actor, aunque planta y gallardía le sobran.

Lo mismo podría decirse respecto a Quinn Shephard, que posee uno de los ojos más grandes y expresivos de su generación. La química entre las dos actrices juega a favor de un film manipulador que tiene otro de sus activos en el título en español. Sol de medianoche es mucho menos efectivo y adecuado que Amor a medianoche.

From → Cine

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