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The Wall (**1/2)

8 mayo 2018

Dos soldados norteamericanos llevan casi un día parapetados, escrutando la zonaa donde han caído seis civiles, previsiblemente por los disparos de un francotirador. Cuando al fin se deciden a salir, suponiendo que el peligro ha pasado, alguien les dispara con tino ya que a uno de ellos le alcanza en la rodilla, en la antena de su transmisor y en la botella de agua,

Nos encontramos con un ejemplo clarísimo de un reparto reducido a la mínima expresión. Sólo dos personajes y una voz en off hasta que en la secuencia final aparecen tres o cuatro extras con frase. Durante hora y media sólo vemos a dos militares en pantalla y la voz de un tercero, aunque a decir verdad, el único en quien realmente no fijamos es el sargento Allen Isaac –Aaron Taylor-Johnson-. Los demás son un mero apoyo para contar las peripecias de un hombre aislado en medio del desierto y prácticamente a merced de un francotirador,

Este fue el primer guion original adquirido por la compañía Amazon Studios y lo cierto es que  Dwain Worrell ha confeccionado una historia en la que sus diálogos configuran la parte más sobresaliente. El film es todo un ejercicio de estilo, y para llevarlo a buen puerto se contrató para dirigirlo a Doug Liman, quien este mismo verano estrenaba lo último de Tom Cruise, Barry Seal: el traficante.

El Gobierno estadounidense celebra su victoria en la Guerra de Irak, en 2007. Sus hombres se preparan para la marcha, pero aún quedan misiones, aparentemente seguras, por cubrir. En una de ellas, relativa a un posible miembro de Al Qaeda,  encontramos al sargento Isaac, que es el ayudante de un francotirador, el sargento Shane Matthews –John Cena-. Los dos hombres han permanecido casi un día completo camuflados. Parapetados cerca de un fragmento de oleoducto donde aparecen los cadáveres de seis civiles, previsiblemente, a manos de un profesional. Los disparos son certeros y a la cabeza.

Nada parece moverse en el entorno, por lo que Shane decide abandonar su posición y estudiar de primera mano  lo que le ofrece el terreno. No tarda en recibir un disparo que le deja malherido y cuando Isaac pretende ayudarle sólo consigue ver como se le revienta una rodilla, y comprobar que ha sido alcanzada la antena de su radio y su botella de agua. Su única posibilidad de permanecer con vida mientras reclama a su base la extracción es una pared desvencijada, sin argamasa en la que puede defenderse mientras llegan los posibles refuerzos. De todas maneras, bajo el sol del desierto, lo normal es que se desangre antes de que llegue la noche.

Curiosamente, la única voz que escucha a través de su equipo transmisor es un hombre al que identifica muy pronto como el francotirador enemigo, que permanece agazapado un algún lugar de los alrededores. El iraquí desea que el norteamericano la cuente cosas, que  lehable de él. Fórmula perfecta para conseguir la información necesaria sobre su enemigo así como de las ayudas que pudiera recibir. Seguramente, podría eliminarlo con un par de disparos, aunque le interesa mantener con vida al estadounidense para ejecutar su plan de acción.

Decíamos con anterioridad que esta película constituye todo un ejercicio de estilo. Nada menos que dos personajes y un escenario muy reducido. Comienza bien, mantiene la tensión y aporta los elementos necesarios para mostrar un buen thriller. Sin embargo, a Doug Liman parece que se le acaban pronto las ideas y la propuesta cae en el tedio por momentos, ya que no avanza lo suficiente como para persistir en su interés. El inicio convence pero a medida que progresa se vuelve mucho más plano.

Hay errores evidentes en la puesta en escena. La mayoría de ellos pasan por no respetar el protocolo que cualquier militar debe aprender al incorporarse al ejército, como no quitarse el casco cuando hay amenaza de un francotirador. Mejor no profundizar en este aspecto, porque de otra manera habría que referirse a la actitud suicida e ilógica del sargento Shane Matthews, encarnado por el ex luchador profesional John Cena y cuya mejor virtud en este caso es hablar y moverse a cuentagotas. Para conseguir que el espectador se emocione se han recurrido a demasiados fuegos de artificio, como que el francotirador asiático pueda comunicarse sin problemas, y por una línea que pudiéramos calificar de privada, con cualquiera de sus enemigos.

From → Cine

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