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Las estrellas de cine no mueren en Liverpool (Film Stars Don’t Die in Liverpool) (***)

16 mayo 2018

Romance en Sunset Boulevard

Repaso a los dos últimos años de vida de la actriz Gloria Grahame, ganadora de un Oscar de Hollywood, cuando solicita que un colega británico la acoja en su casa. El cáncer presagiaba un inminente desenlace, lo que no fue óbice para revivir una historia de amor entre dos personas de generaciones muy diferentes.

Una actriz protagonista ya madura efectúa una serie de ejercicios bucales y técnicas de voz antes de salir a escena para interpretar a Amanda la matriarca desilusionada de El zoo de cristal, una de las obras maestras de Tennesse Williams. Se ha colocado la peluca, ha dispuesto en vaso de leche y apura un último cigarrillo antes de enfrentarse al público en un teatro del West End londinense. Cuando se encamina hacia la puerta, sufre un desvanecimiento.

En un discreto domicilio de Liverpool una llamada telefónica previene a Peter Turner. Gloria Graham, la recordada actriz ganadora del Oscar por Cautivos del malThe Bad and the Beautiful, 1952-, ha pedido alojarse en su casa. Afirma que solo está aquejada de gases, pero pronto se descubrirá que el cáncer invade su cuerpo después de que no quisiera aplicarse quimioterapia a su pecho izquierdo ante la posibilidad de la pérdida total de su cabello.

El encuentro en Liverpool revela, por medio de un flashback, el romance vivido con anterioridad entre Gloria –Annette Benning- y Peter –Jamie Bell-. Aunque la diferencia de edad resultaba evidente, la pasión surgió entre ambos cuando ella, haciendo gala de sus mejores papeles en Hollywood, se mostró como una mujer fatal capaz de engatusar a un actor de poca monta, que subsistía gracias a empleos basura. Juntos harán gala de sus capacidades para bailar música disco en una de las secuencias cumbres del film. Es entonces cuando advertimos que el protagonista de Billy Elliot ha crecido con naturalidad y mostrando buenas dotes para la interpretación. Sin duda, su mejor trabajo desde entonces.

También vemos a una Annette Benning magnífica, con voz trémula y llena de matices en su trabajo. Nos descubre a una Gloria Graham que está en capa caída desde la invasión del color en las pantallas cinematográficas. Demuestra que no solo tenía dotes para el baile sino que su voz estaba afinada y que cantaba ella misma en las películas como lo demuestra la Benning al interpretar un tema de Cole Porter. La química entre ambos es magnífica y se hubieran hecho acreedores a empresas más importantes en forma de galardones si el largometraje dirigido por el escocés Paul McGuigan hubiese sido más redondo.

El guion basado en las memorias de Peter Turner, como muchos biopics, adolece de un desarrollo que cansa en su último cuarto, cuando tiene lugar la degradación física de la protagonista. A pesar de los esfuerzos del director, pero sobre todo de su estrella principal, no se supera esa contrariedad, salpicada por momentos que dramáticamente son interesantes pero que lastran el interés, como cuando Gloria y Peter se sientan en un escenario para recitar un pasaje de Romeo y Julieta, el sueño imposible de la protagonista.

Aunque en el período de tiempo en el que se desarrolla el film la Graham interpretó dos películas, su momento de auge había pasado. Estaba instalada en su particular Sunset Boulevard cuando era más noticia por sus escándalos amorosos que por su trabajo. Pudo haber sacado más partido a su unión sentimental con Nicholas Ray, el segundo de sus cuatro maridos, pero cometió imprudencias como encamarse con el último cuando él era menor de edad. Con Peter Turner había pasión, sinceridad y momentos muy felices, aunque ella le recuerda en un pasaje que tiene cuatro hijos y no necesita un quinto.

El melodrama fluye con naturalidad y la historia de amor es más que creíble hasta su deriva en la parte final. Le ayuda un buen ramillete de secundarios, como Julie Walters, que en su día fue instructora de Billy Elliot y ahora ejerce de Belle, la madre de Peter, quien acoge a Gloria en su casa. A su lado, su marido Joe –Kenneth Cranham- y otro de sus hijos –Stephen Graham-. Los flashbacks permiten el lucimiento de Urszula Pontikos, la directora de fotografía, quien consigue dar lustre a los escenarios más tradicionales.

Lo consigue principalmente en Nueva York y en la Costa Oeste. En una secuencia admirable, Gloria presenta a Peter a su madre y su hermana. Jeanne McDougall –Vanesssa Redgrave-, de nombre artístico Jean Graham, fue actriz y profesora de teatro. Ella guio los pasos de Gloria hacia la cumbre, aun peleando con la envidia de su otra hija, Joy –Frances Barber-. La película se completa con una banda sonora de J. Ralph, asfixiada por la buena selección de canciones que la salpican. La más recurrente, California Dreamin’ en versión de José Feliciano. El sueño de un romance al sol truncado por el cáncer entre una diva con aires de vampiresa y un aspirante a actor de tercera fila.

From → Cine

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