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Borg McEnroe (**)

17 mayo 2018

El primer duelo mundial del tenis

El sueco Bjon Borg, cuatro veces campeón de Wimbledon, se medía en 1980 al número dos del escalafón, el joven norteamericano John McEnroe. Era la lucha entre el hombre de hielo y el díscolo irrespetuoso que deseaba hacerse con el cetro mundial. Con la disculpa de aquella final se repasan las biografías de ambas figuras del tenis.

Construir un largometraje con aspiraciones basándose únicamente en un partido de tenis no deja de ser una aventura. Un reto al que se ha enfrentado Janus Metz Pedersen, cineasta sueco que acusa su bisoñez como director en algunas fases de la película, pero que se ha entregado con pasión a reeditar el duelo tenístico que acaparó la atención mundial entre Björn Borg, apodado El Hombre de Hielo, y el irascible estadounidense, aunque nacido en Alemania, John McEnroe.

Metz Pedersen se ha creído a pies juntillas el guion escrito por Ronnie Sandahl, que presenta algunas lagunas y ciertas omisiones importantes. El film es de producción sueca, y se nota, ya que reposa más en la biografía de Borg que en la de su contrincante aunque el título parece que pretender unir en uno a ambos personajes, encarnados con un sorprendente parecido físico y gran credibilidad por sendos compatriotas de las estrellas deportivas, Sverrir Gudnason y Shia LaBeouf.

La vida se resume en la final de Wimbledon en 1980. Borg puede alcanzar su quinto título consecutivo y McEnroe optaba por asaltar el primer puesto del escalafón y privar a su enemigo del máximo honor. Es el arranque pero también el desenlace al que se llega después de repasar diversos capítulos de la vida de ambos deportistas en los que se pone de manifiesto la forja de su personalidad. En esos pasajes hay secuencias que no aportan demasiado, como el reportaje de una televisión argentina, y se pasan por alto otros que sí afectaban más a ese enfrentamiento.

Nunca una final de tenis había acaparado tanta atención hasta entonces. Se venía de una época en la que se había abierto la mano con la llegada de la era open. Borg había emergido el año de la retirada del más grande hasta entonces, Rod Laver, el único en ganar dos veces en el mismo años los cuatro grandes. Si el sueco ganaba esa edición desbancaría en el palmarés al australiano, ya que éste no pudo participar en todos los majors a lo largo de su carrera por haberse pasado al profesionalismo. Entonces, los tenistas eran comparables a los grandes mitos futbolísticos, por ejemplo George Best, y a las grandes estrellas de rock. Queda reflejado por la presencia de McEnroe junto a otros compañeros, especialmente Vistas Gerulatis –Robert Emms- en el célebre Studio 54 de Nueva York.

No se cuenta mucho más del estadounidense aparte de su carácter díscolo, sus enfrentamientos con los árbitros y la mala actitud que mantenía en la cancha, lo que le hizo exclamar a su amigo y compañero Peter Fleming –Scott Arthur- que ningún niño querría ser como él. Frente a ese carácter difícil se oponía el hieratismo de Borg, pero en su interior no era así. A los quince años ya formaba parte del equipo de Suecia de Copa Davis pero se trataba de un joven arrogante, malhablado, nervioso y déspota. Tuvo la suerte de encontrarse en su camino con Lennart Bergelin –Stellan Skarsgard-.

Hay muchas similitudes en la carrera de Borg con la de Nadal, quien le destrozaría su record en la arcilla francesa. Ambos tuvieron un entrenador/educador que forjaron su personalidad y aprovecharon el spin en sus golpes para eliminar rivales. Bergelin fue el primer entrenador al que podríamos denominar profesional. Había sido jugador y llegó a disputar en varias ocasiones los cuartos de final en Wimbledon, al tiempo que ganaba Roland Garros en la categoría de dobles. La primera esposa de Borg, la rumana Mariana Simionescu –Tuva Novotny- recuerda que en su primera cita con el sueco, después de que éste la viera jugar, también apareció su entrenador.

Se anteponen las dudas del europeo frente a la ambición del americano. Cabe pensar que resultaba imposible el hecho de que ambos campeones no hubieran intercambiado una sola palabra hasta después del partido, cuando se encuentran en el aeropuerto, y no precisamente en la zona VIP. En este y otros aspectos, el guion es tramposo pero consigue su propósito, que no es otro que conseguir una historia interesante basándose en un partido de tenis. Tanto es así, que Janus Metz Pedersen se acerca al thriller, algo impensable sobre el papel. Le ayuda el hacer hincapié en la rebeldía interior de sus dos personajes centrales: la efervescencia controlada hasta el paroxismo de Borg y la pasión casi esquizofrénica de su gran rival. Otro punto a favor son las buenas imágenes deportivas. Al menos, en las imágenes hay actores o dobles que saben lo que es una raqueta.

From → Cine

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