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La chica de la niebla (La ragazza nella nebbia) (**)

23 mayo 2018

Del asesino en serio al crimen perfecto

Una muchacha de dieciséis años desaparece en un pueblo alpino. Hasta allí llega el inspector Vogel, un policía mediático que pronto encuentra un sospechoso en la figura de un maestro recién llegado a la localidad. Los detalles los relata a un psiquiatra cuando el representante de la ley es detenido y parece sufrir amnesia.

Normalmente, desconfiamos de las adaptaciones cinematográficas de un original literario efectuadas por su el mismo autor. En este caso, el riesgo todavía es mayor puesto que el escritor y guionista, Donato Carrisi, se ha convertido también en director. Y además, novato. El resultado es una película pedante, extremadamente larga para lo que cuenta, o pretende narrar, y con demasiadas influencias de autores reconocidos. Dice Carrisi en su texto, y lo pone en boca del profesor Loris Martini –Alessio Boni-  que la primera regla de un gran novelista es la copia. Da la sensación de que la misma tesis la ha llevado por su cuenta y riesgo a la gran pantalla.

La novela constituyó un éxito rotundo. Su adaptación al celuloide puede serlo también, pero no lo merece tanto como otras obras mucho más redondas que se han quedado prácticamente en el olvido. Arranca con la desaparición de una adolescente de dieciséis años y el cabello rojo en una zona donde anteriormente hizo estragos un asesino en serie que nunca fue descubierto. Se desarrolla en una pequeña localidad imaginaria de los Alpes italianos, a donde llega un psiquiatra, Augusto Flores –Jean Reno-, quien se encuentra con el inspector Vogel –Toni Servillo-, un agente mediático, acostumbrado a los focos televisivos y a que su nombre aparezca en los periódicos. Parece tener amnesia y muestra manchas de sangre en su camisa.

Ante las preguntas del doctor, Vogel inicia la narración de los hechos y presenta al máximo sospechoso, el profesor Martini, un hombre acuciado por las deudas que se ha trasladado recientemente a la localidad con vistas a recuperar su matrimonio después de los escarceos amorosos de su esposa con otro hombre. Tiene una hija de edad similar a la desaparecida que no está conforme con la nueva ubicación ya que no consigue congeniar con otros compañeros. Mucho menos, después de que su padre aparezca como posible culpable.

Los tres hombres son las piezas angulares en las que descansa la película. Los personajes femeninos están muy poco aprovechados, y ni la esposa y la hija de Martini, ni la periodista que se maneja muy a gusto en el sensacionalismo, ni la policía llegan muy adentro. Especialmente esta última, con papel relevante en la novela, pero que se antoja una especie de pegote en el film. Lástima por unas actrices que intentan elevar lo que resulta imposible. Nos referimos a Galatea Ranzi, Michela Cescon, Lucrezia Guidone y una casi irreconocible Greta Scacchi.

La habilidad y el talento que demuestra Carrisi en la literatura se convierte en torpeza como cineasta. Su puesta en escena está muy próxima a la de una producción televisiva, y con excesiva dependencia de Twin Peaks. Tanta influencia que remite a la frase que comentábamos al principio, la del plagio. Pero no solamente David Lynch está en el horizonte de esta producción. También bebe en fuentes tan acreditadas como Giuseppe Tornatore o David Fincher. Que existan esas referencias no quiere decir que el alumno sea aventajado porque, en este caso, copia pero no demasiado bien.

El inicio promete, con una posición de cámara que busca el interior de un coche bajo la lluvia y con las luces de los coches de policía distorsionadas. Lo hemos visto más veces, pero aquí funciona. De inmediato, pasamos a una fotografía que remite a una narración onírica que poco o tiene que ver con el conjunto aunque se recurra a ella en varios pasajes. Lo mismo sucede con la localidad imaginaria donde se desarrolla la acción y una maqueta mal utilizada. Se entretiene la acción en tramas colaterales que apenas suman y tampoco se concretan. En su conclusión hay tres falsos finales y una serie de explicaciones algunas de las cuales sobran y otras son bastante tramposas. Si la exposición, en la que se recurre a los cánones clásicos del cinema noire, es atractiva, pero lo que sigue se debilita, se vuelve farragoso y afloran las fullerías.

Para un autor es muy complicado desprenderse de pasajes que considera clave o a los que tiene en alta estima. La autocrítica es fundamental para saber lo que se quiere, como explicarlo y que el mensaje llegue al espectador. La copia a la que se refiere el autor se manifiesta en el hecho de que el nuevo criminal se base en un delito anterior. Busca un retruécano en la forma de disponer las pruebas y descubre al final diversas incógnitas, algunas de las cuales no tienen suficiente importancia en el film.

From → Cine

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