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El orden divino (Die göttliche Ordnung) (***)

20 junio 2018

Sufragio universal en Suiza

Cuando su marido le prohíbe que se postule para un trabajo a tiempo parcial, Nora inicia una cruzada en favor del voto femenino que hace zozobrar su matrimonio, aviva el sentimiento liberador femenino y le lleva al enfrentamiento directo con sus conciudadanos. También le descubre nuevos valores como mujer.

Estamos ante un nuevo ejemplo de cine de mujeres hecho para mujeres. Petra Biondina Volpe, en su segundo largometraje, acaparador de premios en Tribeca, recuerda los movimientos femeninos en Suiza para conseguir el sufragio universal. Corría el año 1971, cuando en Estados Unidos Woodstock y la Guerra del Vietnam coexistían con la liberación sexual y diversos movimientos sociales en busca de una ansiada equiparación. Con la excelente fotografía de otra mujer, Judith Kaufmann, los hechos se relatan tomando como referencia una pequeña localidad donde las imágenes de lo que se cocía al otro lado del océano únicamente llegaban a cuentagotas.

Nora –Marie Leuenberger- vive sin demasiadas complicaciones con su esposo Hans –Maximilian Simonischek-, sus dos hijos varones, Max y Luki, y con su suegro –Peter Freiburghaus-. En la zona, pensar en la emancipación de la mujer es impensable porque, entre otras cosas, atenta contra el orden divino. La mayoría lo considera una maldición o un pecado de la mismísima naturaleza. La nota discordante la pone su sobrina Hanna –Ella Rumpf-, que escucha música anglosajona a todo volumen, viste de forma escandalosa si nos atenemos a las normas y, aunque menor de edad, no rehúsa la compañía de hombres. Ahora está ennoviada con un muchacho de largas melenas y sus convecinos la han bautizado como la bicicleta del pueblo.

Es la hija de Theresa –Rachel Braunschweig-, cuñada de Nora y casada con Werner –Nicholas Ofczarek-, quien ha heredado la granja paterna y tiene que enfrentarse a un modo de vida que no le gusta al tiempo que ha de soportar los reproches paternos por la actitud de Hanna, quien termina en la cárcel renegando de sus mayores. Mejor parece que le va a la otra rama de la familia. Hans es respetado en su trabajo y su patrona –Therese Affolter-, mujer chapada a la antigua, le anuncia que al regreso del cumplimiento de su deber para con la patria será promovido a responsable de los ebanistas y su sueldo se verá notablemente mejorado.

Pero Nora se siente insatisfecha y piensa en un trabajo a tiempo parcial en una agencia de viajes. Su marido no está de acuerdo con esa idea y ella, empujada por Graziella –Marta Zoffoli- una vecina de ascendencia italiana, comienza a leer literatura feminista y a involucrarse en la causa. Los comicios para dictaminar si las mujeres acceden al voto tendrán lugar el próximo siete de febrero y con su actitud, ayudada por Vroni –Sibylle Brunner-, la de más edad del grupo, no tarda en convencer al resto de mujeres de la localidad para que inicien una huelga que les de visibilidad de cara a la decisión que habrán de tomar los varones.

En el transcurso de su lucha acuden a una manifestación en Zurich tras la cual comprenderán mejor ciertas zonas de sus cuerpos y se les hablará de experiencias y emociones sexuales desconocidas. Cuando Hans regresa, la vida ya no es igual en el pueblo. Las mujeres han dejado a los hombres a su recaudo y estos se sienten impotentes para llevar la casa y cuidar de la familia. Sin embargo, la mayoría de ellos, no está por la equiparación en el voto. Cada cual, dicen, en su sitio.

Naturalmente, la propuesta de este largometraje nos lleva inmediatamente a pensar en Sufragistas, pero no hay una intención política en este caso, decantándose Petra Biondina Volpe por el lado más social. En este sentido, la exposición se siente más deudora de Pride, la cinta británica en la que lesbianas y gays recaudaban dinero para los mineros en huelga durante la presidencia de Margaret Thatcher. Cambian las inclinaciones sexuales por los vaqueros apretados, camisas sensuales y el reconocimiento del orgasmo femenino. Lástima que se echen en falta las emociones que transmitía la cinta dirigida por Matthew Warchus a cambio de un propósito general mucho más romántico.

La labor como directora de Petra Biondina Volpe resulta más que digna. Representa el hito más importante de este film, así como la excelente fotografía. Su actriz principal choca con un guion que muestra problemas a la hora de diferenciar la parte dramática de la cómica. Aunque tiene el mérito de huir de la política, se muestra irregular en el relato. El desarrollo se ve venir y la película se convierte en más vulgar a medida que se desarrolla, lo que no empaña momentos magníficos y otros en los que se pone de manifiesto un talento innegable. Hay más corrección que énfasis, más academicismo que sorpresa.

From → Cine

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