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Ocean’s 8 (**)

13 julio 2018

Turno para ellas

Tras más de cinco años en la cárcel, Debbie Ocean ha recuperado la libertad con una idea entre ceja y ceja: robar una valiosa joya propiedad de Cartier valorada en más de 150 millones de dólares. La operación se llevará a cabo durante la gala anual de la moda que tiene lugar en el MET de Nueva York, pero para ello necesita una serie de especialistas.

No cabe duda de que una de las sagas de robos más rentables y aclamadas de los últimos años ha sido Ocean’s Eleven. Se notaba la eficacia como director de Steven Sodebergh, que en esta cinta interviene como coproductor, lo que le llevó a registros muy superiores con respecto al original, en cuyo reparto figuraban Frank Sinatra y los componentes de la Pack Rat. Después de aquel título y dos secuelas, con la carismática presencia de nombres como los de George Clooney, Matt Damon, Brad Pitt, Julia Roberts y otros, ha llegado la hora de alargar la serie.

Como quiera que lo habitual es redactar contratos que impliquen a los actores en el original y dos secuelas, ya se había terminado la posibilidad de reunir al magnífico elenco de estos filmes. No pasa nada, se inventa una hermana de Danny Ocean, el protagonista, llamada Deborah y se lamenta el fallecimiento reciente del personaje interpretado por Clooney. El caso es que, gracias a su buena conducta y a un panegírico que ha venido elaborando desde meses atrás, según el cual reniega de cualquier acto delictivo, Deborah Debbie Ocean –Sandra Bullock-sale de la cárcel después de más de cinco años recluida. En buena parte, debido a la inacción de un galerista, Claude Becker –Richard Armitage- con el que llevó a cabo lucrativos negocios y vivió un romance pasajero.

Nada más llegar a Nueva York podemos ver que Debbie no se ha regenerado en absoluto. Pequeños hurtos, pero numerosos en poco espacio de tiempo le llevan a dar profundidad a su armario y a convertirse en la enigmática y fría mujer que siempre fue. Ante la tumba de su hermano afirma que completará el golpe de su vida y para ello entra en contacto con su buena amiga Lou Cate Blanchett-, que se dedica a aguar botellas de vodka que hace pasar por auténticas. Para convencerla, sostiene que se llevará a cabo el robo de un artículo valorado en más de ciento cincuenta millones de dólares, para lo que se necesitan siete personas y no más de 20.000 dólares.

Los condicionantes no parecen demasiado exigentes y Lou se une al proyecto, como también lo harán la diseñadora Rose Weil –, una joyera llamada Armita –Mindy Kaling-, la talentosa hacker Nine Ball –Rihanna-, la estafadora y carterista Constance -Awkwafina-, y la especuladora Tammy –Sarah Paulson-. El objetivo es un collar llamado Toussaint, una pieza diseñada por la empresa Cartier tiempo atrás y que permanece custodiada en sus acorazados sótanos de la neoyorquina 5th Avenue. El robo se llevaría a  cabo en la gala anual que el MET dedica a la moda como una de las artes de nuestro tiempo. Tiene lugar cada primer lunes del año y está coorganizada por la revista Vogue.

El plan pasa porque el collar en cuestión salga de su hermetismo y se luzca en público. Para ello, se necesita convencer a una celebridad, tanto si colabora con el plan como si queda al margen de él. La responsabilidad recaerá en Daphne Kluger –Anne Hathaway-, uno de los muchos nombres resplandecientes con los que contará la gala. Esta convocatoria anual entre el MET y Vogue está considerado como el acontecimiento social más importante de la Ciudad de los Rascacielos. En la edición que nos ocupa estará dedicada a las monarquías europeas y se llevará a cabo una colección única de joyas pertenecientes a las realezas continentales.

En una inercia feminista como la actual, el protagonismo recae íntegramente en las mujeres. No quieren hombres a su alrededor pero, a su vez, pretenden pasar desapercibidas y no tener visibilidad alguna, lo que parece una contradicción en sí misma. Aparte del robo, Debbie pretende llevar a cabo una venganza personal. Después de más de cinco años en la cárcel ha analizado con meticulosidad todos los pros y los contras. Nada puede fallar.

Un reparto atractivo y eficiente pero con personajes que dejan muchos cabos sueltos. Tantos como agujeros en el guion.  Por ejemplo, no queda clara la relación entre Lou y Debbie, que apunta a ciertas connotaciones lésbicas. El clímax que debería tener todo lo relativo al robo no alcance la emoción que debiera y, en parte, es debido del director, Gary Ross, responsable de Los juegos del hambre, que se ha decantado por una puesta en escena un tanto fría y distante. Ciertamente, se esperaba bastante más de esta producción, que desmerece bastante respecto a la saga protagonizada por Danny Ocean y que más parece un intento que busca la comercialidad más que la calidad.

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