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La leyenda del chupacabras (**1/2)

22 julio 2018

Regreso a la mitología mexicana

Durante la Guerra de la Independencia de México, el pequeño Leo San Juan pretende regresar a su casa, y en el camino se une a un grupo de insurgentes. Encarcelados posteriormente por los realistas, pretenden fugarse, pero la aparición de un ser desconocido, que ataca indiscriminadamente, cambiará sus planes.

El chupacabras es un ser que ataca al ganado y absorbe su sangre a partir de dos perforaciones geométricas en su cuello, como si fuese un vampiro. El mito nació en la isla de Puerto Rico y se ha extendido por toda la América Latina, llegando incluso a zonas de Estados Unidos. Se calcula en unos 60.000 animales muertos atribuidos a este ente, de tamaño entre un perro y un coyote, cuadrúpedo pero que anda a dos patas y al que se atribuyen diversos orígenes, desde un animal no catalogado hasta una procedencia extraterrestre debido a la perfección, sigilo y rapidez de sus ataques.

Después de tres entregas relacionadas con diversos mitos mexicanos, la empresa Ánima Estudios, la productora líder en Hispanoamérica en lo que a largometrajes de animación  se refiere, nos ofrece un nuevo capítulo, centrado esta vez en la figura del Chupacabras. De la mano de Alberto Chino Rodríguez, reencontramos al joven Leo San Juan quien,  tras enfrentarse a las Momias de Guanajuato, desea regresar a casa con los suyos, que habitan en la ciudad de Puebla. La acción se centra en el período de la Independencia mexicana, durante la segunda década del siglo XIX, aunque realmente la presencia del ser legendario que nos ocupa comienza a catalogarse en Puerto Rico en el último decenio de la pasada centuria.

En su camino, Leo se encuentra con un grupo de insurgentes que se ofrecen a llevarlo hasta Puebla, pero en un desfiladero son interceptados por fuerzas realistas, las que, estando a favor de la Corona Española, obedecían las órdenes del virrey. Encarcelados en un castillo, preparan un plan de fuga que se va al traste cuando aparece un ser volador, con antenas y púas a lo largo de su espina dorsal. Se trata del chupacabras, que ataca indiscriminadamente a los presos y a sus carceleros.

Para sobrevivir, se establece una lucha contra reloj, ya que los soldados del general están dispuestos a volar el fuerte y los prisioneros deberán tener en cuenta esa posibilidad, evitando además las incursiones del mítico animal alado, convertido en un personaje más amable de lo que se podría imaginar. Leo descubrirá el secreto de ese legendario ser y deberá tomar una difícil decisión en lo que significa la parte más atractiva de esta producción en lo que se refiere a su vertiente más dramática.

Cuando ya se anuncia la quinta entrega de la serie, que se dedicará al Charro Negro, hemos de convenir que la calidad de la animación de Anima Estudios es muy superior, en este caso, a los anteriores trabajos. El Chino Rodríguez ha dado un salto cualitativo importante, con rutinas perfeccionadas que incluyen algunas de gran valor, como el agua deslizándose por las edificaciones. No todo alcanza ese nivel de perfección en la película, ya que hay otros aspectos bastante menos ilusionantes, pero se nota en general un avance significativo.

Los movimientos de los personajes todavía son toscos y demasiado acartonados, pero el responsable del film ha jugado a favor con otro recurso: la iluminación. Una historia como la que nos ocupa, requiere de planos más oscuros, en ocasiones sombríos. Eso lo ha aprovechado Rodríguez para jugar con luces y sombras que le han llevado a ocultar algunos defectos. En cuanto al contenido, se nota un interés plausible por centrarse en la mitología del país.

El hecho de que Leo San Juan sea el protagonista condiciona un período histórico determinado, el de la independencia. A la larga, de mantenerse en la idea, terminará cansando y consiguiendo el efecto contrario que se alcanza con el valioso recurso de la propia teogonía, que incluyen las leyendas de Nahuala, las Lloronas y las Momias de Guanajuato. Hay mucho terreno todavía por explorar en un país que combina unas fuertes convicciones católicas con arraigadas creencias ancestrales. Lo mejor es que, paulatinamente, se va ganando tanto en calidad como en comercialidad, aunque todavía falte mucho terreno para equipararse a los grandes estudios de animación.

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