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Bienvenidas a Brasil (Going to Brazil) (1/2)

26 julio 2018

Antes la fiesta que la vida

Tres amigas de la infancia viajan a Brasil para asistir a la boda de Katia, a quien conocen desde que eran adolescentes. Una vez en el país sudamericano se encuentran con diversos problemas derivados de su presencia en una fiesta en la que muere un hombre. El fallecido es, precisamente, el prometido de Katia.

Un viaje idílico sobre el papel que se torna en una aventura imprevisible. El séptimo arte está repleto de historias de este tipo. Algunas muy afortunadas y otras, como en este caso, perfectamente olvidables. Aunque pueda recordarse Lío en Río -Blame It ton Rio-, apenas tienen puntos en común. Muy lejos queda el referente de Jó, qué noche, o incluso de Cuando llegue la noche -After Hours-, la casi obra maestra de John Landis. Hay mucha más cercanía en este segundo largometraje de Patrick Mille, actor reconvertido en director, con Resacón en Las Vegas o Spring Breaker. La primera, por la aventura en sí; la segunda, por el carácter festivo de la propuesta. No en vano se afirma que en Brasil antes es la fiesta que la vida.

Las tres protagonistas iniciales no son unos cisnes blancos, precisamente. Chloe -Margot Bancilhon-, Lily -Philippine Stindel- y la hermana mayor de ésta, Agathe -Alison Wheeler- son tres personajes a las que la vida no les está tratando bien, pero que tampoco se afanan en revertir la situación. Las tres viven en Francia y cuando se enteran de que su amiga Katia -Vanessa Guide- se va a casar en Río de Janeiro deciden viajar hasta allí para asistir al enlace. Ni siquiera las ha propuesto como damas de honor, aunque sí les ha remitido los billetes y les confirma que la estancia corre por su cuenta. Se ponen en camino dispuestas a pasárselo bien y a olvidarse de sus problemas cotidianos.

Cuando llegan a Río, la primera percepción es que Katia se va casar con el heredero de una acaudalada familia. Se encuentra fuera de la ciudad y las visitará al día siguiente, no sin antes recomendarles que acudan a una fiesta privada. Las tres son muy diferentes en lo que a conquistas se refiere. La más decidida, Chloe, se enrolló con un chico entre alcohol y drogas. Cuando él quiere propasarse con Lily, ésta la empuja por un balcón y él muere accidentalmente. A la mañana siguiente, piensan marcharse de Brasil, pero la presencia de Katia les obliga a dar marcha atrás. Cuando la recién llegada les muestra la foto de su novio Tinho -Nando Rodríguez-, se dan cuenta que su identidad coincide con la del fallecido.

Tienen un problema, y ahora son cuatro y algo más. Katia se encuentra en avanzado estado de gestación y teme represalias por parte de la familia de su novio, encabezada por Augusto Cabral -Chico Díaz- y su esposa Brigitte -Ingra Liberato-. Se trata de un hombre de negocios, aspirante a político y con un ejército de matones a su disposición, por lo que ocultarse no serviría de nada. Cuando se entera de la situación indaga entre los asistentes a la fiesta con la intención de descubrir lo sucedido realmente con su hijo.

Para las chicas francesas huir es la única opción, pero ni quisiera eso es fácil. Consideran la ayuda de Monsieur Hervé, un oficial consular interpretado por el propio Patrick Mille. Al volante de un automóvil de alta gama repleto de cocaína sin que ellas lo sepan, se dirigirán hacia un lugar en la frontera donde les será posible abandonar el país. Deben se cautelosas porque Augusto Cabral, al estilo de los grandes capos de la mafia, es muy respetado y querido por la clase popular, que recibe diversas ayudas por parte del capo-

La española Como sobrevivir a una despedida propone situaciones y personajes más significativos y profundos que esta producción francesa, que comienza de forma parecida y prosigue con una aventura pareja a DescontroladasSnatched– que le obliga a perder fuerza a cada paso. Las viajeras piensan en visitar una favela y se expresan de forma insensata. Con las posibilidades turísticas de Río de Janeiro, incluidos el Corcovado, Copacabana o el Pan de Azúcar optan por la visita más insegura. Todos esos lugares se obvian en aras de un intento de que sus protagonistas muestren una enjundia que ni tienen ni se les proporciona.

Casi todos los aspectos de la historia son francamente mejorables. Y no nos referimos únicamente a las situaciones más palpables. Por ejemplo, en lo que se refiere a los tópicos, las situaciones se llevan a los extremos. Los brasileños, dicen, prefieren la fiesta a la vida, lo que es demasiado suponer. Las favelas se toman como reclamo turístico y se obvia su determinante aspecto social. No hay bossa ni samba, pero sí música electrónica. Tampoco hay momentos para el fútbol, las playas, u otros aspectos en que los visitantes piensan por encima de todo.

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