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Misión imposible: Fallout (Mission: Impossible – Fallout) (****)

31 julio 2018

El sufrimiento conduce a la paz

Después de una misión fallida, Ethan Hunt y su equipo se ven obligados a reparar sus errores. Han de conseguir tres bolas de plutonio aptas para construir un poderoso artefacto nuclear. En el camino se cruzan con las dudas de la CIA y con el villano al que el protagonista decidió dejar con vida en la entrega anterior.

Es muy difícil pensar que una sexta entrega que, además, es lo más parecido a una continuación del capítulo precedente pueda revitalizar la saga de la manera en que lo hace esta entrega. Posiblemente sea la mejor Misión imposible vista hasta la fecha, aunque solo el paso del tiempo podrá sacarnos de dudas ya que, desde la distancia todo tiende a ser más coherente y, a cambio, la novedad siempre resulta atractiva.

En este título se han unido muchos aspectos para conseguir el propósito buscado que, me imagino, habrá superado con creces las expectativas sobre el papel. El guion es tremendamente consistente. Aunque humos de sus aspectos resultan tan increíbles como improbables, y aquí podríamos colocar el calificativo del título, apenas hay momentos para la reflexión porque, de buenas a primeras, nos encontramos con una película de acción difícil de superar. Un film de género que entra por derecho propio entre las mejores en lo que va de siglo. Se une una dirección que alcanza los momentos más excelsos de Christopher McQuarrie, responsable del film anterior, un montaje para aplaudir y una buena fotografía de Rob Hardy. Además, se completa con una actuación brillante por parte de todo el reparto.

Un grupo de malvados, llamados Los Apóstoles, pretender crear el caos. Hay un nombre en la sombra cuya identidad real se desconoce, John Lark, cuyo principal mandamiento es que a mayor sufrimiento mayor paz. Quiere hacerse con tres bolas de plutonio para construir potentes artefactos atómicos que lleven a la destrucción. Y en estas aparece Salomon Lane –Sean Harris-, a quien Ethan Hunt –Tom Cruise- dejó con vida en la entrega anterior y que ahora quiere vengarse. Para ello, su punto de mira se sitúan en las dos mujeres que más aprecia el protagonista: su esposa Julia –Michelle Monaghan- e Ilsa –Rebecca Ferguson-, que en su día formó parte del comando de Hunt y que ahora toma el papel de una especie de ángel de la guardia que también necesitará ser salvada.

Con ellos, repiten los dos rostros conocidos que son inseparables del protagonista, Benji Dunn –Simon Pegg-y Luther Stickell –Ving Rhames-, dirigidos por Alan Hunley –Alec Baldwin-. En una secuencia inicial, los tres componentes del IMF, el grupo de operaciones tan secretas como especiales, está a punto de hacerse con el cargamento de plutonio, pero el objetivo termina escapándoseles de las manos. Por ello, la CIA, encabezada por Erica Sloane –Angela Bassett- desconfía del propio Hunt y decide ponerle una especie de vigía en la persona de August Walker –Henry Cavill-. No se explica ni cómo ni por qué. El caso es que el grupo sigue la pista de Salomon Lane y del plutonio. Incluso contacta con una enigmática intermediaria, conocida como La Viuda Blanca –Vanessa Kirby-.

El buen guion también ofrece un compendio de los mejores momentos de la saga. Hay referencias a todas y cada una de las entregas anteriores. Incluso, se recupera la figura de Julia, la esposa de Hunt, por lo que el personaje central se encontrará con las dos mujeres que más han significado en su vida. Lejos de ralentizar el ritmo, se consigue introducir su relación con ambas de forma admirable. Tanto, que no desentonan dentro de la acción, e incluso ayudan a mejorarla. Como dato curioso, un Tom Cruise cada vez más joven, dicen que gracias a sus mascarillas a base de excremento de ruiseñor, no besa a sus dos amores, aunque sí a la Viudad Blanca. De sobras son conocidas las trabas que pone el actor a la hora de los ósculos ante las cámaras. Cuando se es coproductor, no mandan otros responsables.

El conjunto nos ofrece algunas de las mejores secuencias de acción vistas en los últimos tiempos. No solo una, sino varias. Desde la persecución protagonizada por dos helicópteros, tan increíble como efectiva, hasta las huidas en moto por París, sin casco, lo que hará sufrir a los responsables de la Dirección General de Tráfico, que en su día obligaron a retocar el cartel de otros filmes. Se debe hacer notar que el cine no rehúye los complementos de seguridad, pero es una licencia permisible cuando se quiere ver el rostro de los actores. Los paseos por los tejados de Londres tampoco se quedan atrás y el propio Cruise, que no quiere ser doblado en las secuencias de acción, tuvo problemas de integridad física a consecuencia de ello.

Otro detalle a tener en cuenta. Aunque los villanos quieren provocar un nuevo orden mundial, lo cual no es nuevo, la amenaza es mucho más original. No se trata de atentar contra ciudades que están en la mente de todos o monumentos significativos. El sufrimiento previo a la paz llegaría con atentados dirigidos a la población más indefensa o a un tremendo alud que provocaría la licuación de buena parte del Himalaya, lo que afectaría a China, India, Pakistán y países limítrofes.

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