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Mamma mía una y otra vez (Mamma Mia: Here We Go Again!) (**1/2

1 agosto 2018

Una secuela convertida en precuela

Sophie está a punto para inaugura el hotel con el que soñaba su madre, ya fallecida. Paralelamente, se repasan los acontecimientos que dieron lugar a la presencia en la paradisíaca isla griega de sus tres padres y de cómo se inició la aventura. Aparecen nuevos personajes como el gerente del establecimiento y la abuela de la muchacha.

No me disgustan los finales felices. El cine es, entre otras cosas, una fábrica de sueños y como tal debe comportarse en muchas situaciones. Sin embargo, detesto los desenlaces tremendamente almibarados en los que hay felicidad completa para todos los personajes e, incluso, para los espectadores. Esto es lo que sucede con esta secuela del éxito cinematográfico derivado de un musical aclamado que tiene su punto de referencia en las canciones de Abba. La disculpa, entonces, era mínima, y ahora no le anda a la zaga.

Sophie –Amanda Seyfried- abrirá por fin el hotel con el que soñaba su madre en la paradisíaca isla griega. Junto a ella solo aparece uno de sus padres, Sam -Pierce Brosnan-, ya que los otros dos tienen compromisos ineludibles. Cuenta, eso sí, con Cienfuegos –Andy García-, gerente del establecimiento y con la llegada de las dos mejores amigas de su madre, Rosie –Julie Walters- y Tanya -Christine Baranski-, con quienes formó el arrebatador trío que interpretaba las canciones del grupo sueco con sus llamativos atuendos ochenteros. Ni siquiera el hombre de sus sueños, Sky –Dominic Cooper-, que ha conseguido un empleo como restaurador en un afamado restaurante neoyorquino, estará a su lado en la inauguración.

Para hinchar el argumento se repasa de forma paralela los días en los que Donna, encarnada de joven por Lily James, se graduó junto a Rosie -Jessica Keenan Wynn- y Tanya –Alexa Davies- para desplazarse posteriormente a la isla griega. Durante el trayecto cayó en los brazos de Sam –Jeremy Irvine., Harry –Hugh Skinner-, y Bill –Josh Dylan-. Días de mucho ajetreo sexual que revirtieron en su embarazo cuyos últimos momentos de gestación trascurre de forma paralela al de Sophie.

Todo es una mera disculpa para insistir en las canciones de Abba, que se integran en un argumento íntegramente a su servicio. La cinta se convierte de esta manera en un musical y hay que destacar la labor tras la cámara de Ol Parker. Nada hacía prever que el británico se desenvolviese tan bien. Se nota que es un seguir de Steven Spielberg. Hay muchos planos que recuerdan al genio de Cincinnati, pero ha sabido engarzarlos de la mejor forma con las producciones más clásicas. No llega a la categoría de Busby Berkeley ni de Stanley Donen aunque se nota un loable empeño, muchas veces conseguido, de rendirles un claro homenaje.

Si copias, hazlo bien y a eso se dedica Palmer, que consigue filmar coreografías muy válidas, sobre todo, al compás de las notas de Waterloo y de Dancing Queen. Ayuda a que la película se vea con complacencia, que los minutos pases rápidos y que digiramos una historia que, si la analizamos en profundidad, es poco más que una tontería. En este mundo de igualdad y paridad como el que vivimos, en el que el más mínimo acoso es manifiestamente denunciable, las mujeres parecen sobrepasar el límite más de una vez y los piropos de Cienfuegos podrían ser objeto de  reclamaciones.

El reparto funciona mejor en el apartado femenino, donde da la sensación de que Amanda Seyfried se ha hecho mayor casi sin darnos cuenta. Quien brilla sobre todo es Lily James. Poco a poco va quemando etapas para convertirse en una actriz de tronío. Por eso estamos deseando verla en La sociedad literaria y el pastel de piel de patata, a las órdenes de Mike Newell. Los varones están acartonados, especialmente Pierce Brosnan, y faltos de cuajo, exceptuando un desaprovechado Andy García, hasta que Colin Firth entra en escena.

Para la traca final se reserva una sorpresa y un cameo muy agradecido. Aparece la abuela de Sophie, un personaje llamado Ruby Sheridan, que está encarnado por Cher. La oscarizada cantante y actriz por Hechizo de luna necesitó más empalmes en el montaje de Mask que operaciones de estética lleva acumuladas. No queremos saber las tomas que precisó para las escasas secuencias en las que aparece en este film. Parece la hermana pequeña de su nieta, solo que sus movimientos denotan que es septuagenaria. Mínimos y sin estridencias. El cameo corre a cargo de Meryl Streep. La disfrutamos en dos temas. En el primero da la sensación de que se estaba insertando material de archivo. Luego, cuando aparece todo el elenco junto, se integra en el conjunto con habilidad y solvencia.

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From → Cine

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