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Dos mujeres (Sage femme) (**1/2)

2 agosto 2018

Duelo de Catherines

Una comadrona de provincias está entregada a un trabajo que le gusta pero también preocupada por el próximo cierre de la maternidad en que trabaja. De repente, como un torbellino, reaparece en su vida la mujer que fuera amante de su padre. No tienen ningún punto en común, pero su influencia será positiva para ambas.

Hasta ahora, al cineasta y escritor Martin Provost le habían lucido sobre todo sus propuestas biográficas, pero sus largometrajes han tenido siempre el denominador común de buenos papeles femeninos que sus actrices supieron explotar. La tónica se mantiene en esta historia original, que transcurre en una localidad de provincias entre Ruan y París y que visita la capital en un momento determinado sin que se trate de una visión trascendental.

Claire Breton –Catherine Frot- es una madre soltera a punto de sobrepasar el medio siglo de vida. Trabaja como partera en una maternidad que está a punto de echar el cierre y es una enamorada de su actividad profesional. El film se abre con un nacimiento prácticamente en directo, lo que nos aproxima a la candidez de una mujer que no luce esplendorosa, muy al contrario de su papel en Madame Marguerite -2015-, que le supuso el César a la mejor actriz. Aparentemente, su vida es monótona, pero también ordenada. Del trabajo a casa y viceversa, apenas ve a su hijo Simon –Quentin Dolmaire-, que estudia medicina.

La vida de Claire da un giro imprevisible cuando contacta con ella Béatrice Sobolevski –Catherine Deneuve-, la que fuera amante de su padre. Ella es un torbellino aplicada en muchos vicios, incluido el juego. Lo opuesto a Beatrice. Aunque la historia tarda en entrar en materia, descubrimos que cuando Béatrice abandonó al padre de Claire éste se suicidó, de ahí el trato más bien frío que utiliza la comadrona. Pero quien fuera su madrastra ha regresado a su vida con ciertos remordimientos. Ahora, su existencia se apaga debido a un tumor cerebral, pero no por ello quiere poner en orden sus cosas. Siempre ha sido imprudente y nunca se ha sujeto a norma alguna. Un ejemplo es el almuerzo grasiento acompañado de una copa de vino que engulle frente a una incrédula Claire.

La partera, dentro de su hermetismo, tiene enorme corazón, y hasta acoge en su casa a quien en principio consideraba prácticamente su enemiga. El título original del film, Sage femme, además de hacer mención a su oficio, también define a una mujer buena, sabia a o de buena conducta. Sin duda, ésta última definición es la que mejor encaja con esta mujer que descubre nuevos aspectos de la vida cuando parecía que estaba destinada a esperar una jubilación aburrida. Béatrice seguirá siendo ella hasta el final, pero su presencia provocará un cambio evidente en quien volverá a ser su amiga, quien incluso se encontrará con una relación sentimental en la figura de Paul –Olivier Gourmet-, quien tiene un huerto al lado del suyo. Se trata de un espíritu libre, que prefiere a cualquier otra actividad conducir un camión de gran tonelaje a cuyo volante se siente realizado.

La historia de amor resulta más obvia y sus secuencias bajan en intensidad con respecto a las que se centran en las dos mujeres. Un duelo de Catherines. Solo por su trabajo merece la pena ver la película, especialmente gracias a la Deneuve, arrolladora, adictiva y que sabe dar a su personaje ese punto de aplomo donde la mayoría de sus compañeras de profesión sobreactuarían con gestos y muecas. Una especie de Belle de jour por la que inevitablemente ha pasado el tiempo, pero que mantiene su genio y figura contra viento y marea. Sabe cómo recubrir a Béatrice de un halo de misterio y embelesamiento que nos seduce en cada una de sus apariciones. El reparto es un pequeño homenaje a veteranas actrices francesas con la presencia de Mylène Demongeot.

La cinta se mueve entre el melodrama y la comedia. Provost consigue que no caiga demasiado en la sensiblería y alterna secuencias lineales con otras de mayor valor artístico. Aparte de las protagonizadas por las dos Catherine hay que destacar a la Deneuve conduciendo el camión de Paul y, sobre todo, una sesión de diapositivas que nos muestran al padre de Claire y amante de Béatrice con un gran parecido físico con Simon, el hijo de aquella. En su conjunto, es una película agradable de ver, con altibajos y ciertas rutinas que salvan algunas secuencias de mérito y el excepcional trabajo de las dos actrices que encabezan el cartel.

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