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Nico, 1988 (**)

3 agosto 2018

Después de esos 15 minutos de gloria

Christa Päffgen, alias Nico, fue referente de la Velvet Undergorund y musa de grandes artistas, como Andy Warhol. Este biopic repasa los últimos años de su vida y nos muestra lo que queda después de haber llegado a la cima. La pasión del personaje central por su hijo Ari es uno de los referentes de la historia.

El problema de los biopics es que, casi siempre, tiende a maximizar algunas de las virtudes del personaje en cuestión y a minimizar defectos. A veces, sucede lo contrario, pero la norma es que esas directrices sirven para ver el lado del personaje que requieren los autores. En este caso, Susanna Nicchiarelli. La autora de Cosmonauta se muestra muy superior como guionista que como realizadora. Consiguió en el primer apartado el David de Donatello, al igual que lo concerniente al sonido, maquillaje y peluquería.

Nicchiarelli pasa por alto la sordera total de un oído de su personaje central, que condicionó varios aspectos de su vida, e implicó que en el transcurso de sus actuaciones perdiese el tono y la musicalidad. También obvia las últimas horas de vida de este singular personaje, que despacha con una referencia en los créditos para olvidarse de la negligencia médica que probablemente se produjo después de su caída de la bicicleta en la que paseaba junto a su hijo Ari -Sandor Funtek-. Tras golpearse en la cabeza, el diagnóstico fue una insolación y al día siguiente falleció a consecuencia de un derrame cerebral.

Se da por sentado el perfil biográfico de Nico. Ella, que fue musa de Andy Warhol, a cuyas órdenes rodó sus personalísimas producciones especialmente Chelsea Girls, que dio título a su segundo álbum con la Velvet Undergorund. Al no obtener el éxito esperado buscó sonidos más oscuros antes de lanzarse en solitario. En el film se la representa con una grabadora con la que obtiene sonidos específicos y poco habituales. Quiso ser modelo, cantante y actriz, por lo que se la relacionó, tanto sentimentalmente como de forma profesional. Desde Nikos Papatakis, marido de Anouk Aimée, a Alain Delon, padre de su hijo Ari. Sin olvidarnos de Lou Reed, John Cale, Bob Dylan, Leonard Cohen o Philippe Garrell, compañero sentimental con el que rodó diversos filmes después de apariciones en producciones como La dolce vita.

Nacida en Colonia como Christa Päffgen en 1938, la película recoge su obsesión por la visión de un Berlín en llamas cuando era niña. Su padre falleció en un campo de concentración nazi aunque ella le atribuyó una realidad que nunca existió. El guion lo evoca, como también sus vivencias después de haber tocado el cielo y caer posteriormente a los infiernos. He estado en lo más alto. He estado en lo más bajo. Y los dos sitios están vacíos. Con los tobillos macerados por inyectarse droga después de que años atrás se hubiese atiborrado a LSD. Los psicotrópicos, probablemente, frenaron una carrera que pudo haber sido irrefrenable. Se inició en la heroína en los 70 y fue su gran pasión, sólo superada por su hijo, a quien también introdujo en ese cruel sendero.

De su relación con él y con su representante y hombre de confianza, Richard -John Gordon Sinclair-, se reconstruye parcialmente su vida, convirtiendo la producción en una especie de road movie por la que también desfilan otros nombres importantes en los dos últimos años de vida, en los que al fin y al cabo se centra el film: Sylvia -Anamaria Marinca-, Domenico -Thomas Trabacchi- y Laura -Karina Fernandez-. Este singular personaje, apodado la sacerdotisa de la oscuridad, significa un vehículo de especial lucimiento para la danesa Trine Dyrholm. Emerge con gran personalidad y aparece impecable en las secuencias más biográficas. Cuando la ficción domina la propuesta se la nota más débil.

En el metraje se intercalan las canciones más míticas de Nico. De alguna forma, vienen a ratificar el texto, aunque rompan la dinámica de la exposición. Son los mejores momentos de Dyrholm, los más sentidos y en los que el maquillaje y el sonido crecen. Lo hacen al unísono con una escenografía que pretende dejar huella. Ser original y magnífica en cada plano es lo de busca Nicchiarelli. En ocasiones ese concepto supera el resto y le resta fuerza. Lo más potente, sin duda, está en la propia presencia de Nico y en su música, punto de encuentro entre la psicodelia y el punk cuya semilla estaba a punto de germinar.

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