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Una relación abierta (Permission) (**1/2)

13 agosto 2018

Nuevas experiencias, otros retos

Los componentes de una pareja se conocen desde hace diez años. Su existencia en común parece sólida, gozan de estabilidad y de una relación sexual sana. Sin embargo, cuando se les plantea la posibilidad de probar con otras personas antes de comprometerse para toda la vida, deciden hacer efectiva esa propuesta

Hay que adecuarse a los tiempos. En la época actual es muy difícil encontrar una pareja que haya permanecido estable desde sus etapas estudiantiles hasta que el momento en que son completamente adultos y con trabajos reconfortantes. Una situación así parece cosa del pasado y, de todas formas, esa hipótesis que plantea el segundo largometraje de Brian Cano, tampoco parece demasiado novedosa a día de hoy. Quizá por ello, de forma muy habilidosa, ha incluido una historia paralela en el desarrollo del conjunto.

La pareja en cuestión está formada por Anna -Rebecca Hall-, doctorada en música, y Will -Dan Stevens-, que regenta una tienda de muebles de diseño propio en Nueva York. Desde que se enamoraron en secundaria, llevan una década juntos, no conocen nada más y parecen absolutamente asentados en todos los aspectos. Una noche, durante el transcurso de una cena con Hale -David Joseph Craig-, hermano de Anna- y Reece -Morgan Spector-, el novio de aquel y socio de Will, se plantea una posibilidad no contemplada hasta ese momento. Precisamente, fue Reece quien, medio en broma, se burló de la pareja heterosexual por no haber mantenido relaciones sexuales con otras personas. No saben lo que se están perdiendo, afirma.

Anna y Will recogen el guante. Aunque la propuesta fuese un poco burlona, llegan a plantearse seriamente la posibilidad. En una revisión de la monogamia, se pone en cuestión si no es realista o si, por el contrario, es rotundamente preferible. Una vez que ambos llegan a un punto de encuentro, acuden a una discoteca donde ella da el primer paso con un atractivo y delicado músico llamado Dane -François Arnaud- con quien accede a pesar la noche. Will se dejará llevar por una clienta, Lydia -Gina Gershon-, quien le pide de manera insinuante. que entregue en persona la compra. Los dos protagonistas compartirán sus experiencias y sentirán que su relación es inquebrantable, que está por encima de cualquier aventura.

Elementos que pueden encontrarse en otras comedias románticas. Sabemos de sobra que la primera experiencia extramatrimonial o fuera de la pareja habitual no resulta la más satisfactoria, pero también somos conscientes de que, al menos en la gran pantalla, habrá más. Incluso, parece que a ella le atrae la concupiscencia bastante más que él, lo que desemboca en la reincidencia con idénticos amantes además de otras aventuras. Lo más significativo, no obstante, es que el protagonismo se lo reparten entre Ana y Will y la pareja homosexual formada por Hale y Reece.

A partir de la experiencia de los otros, afloran los propios problemas y sus pequeños secretos entre los amantes gays, que ocupan tanto tiempo en pantalla como la pareja heterosexual. Hale quiere tener hijos y mira opciones en Internet como el que escudriña porno a escondidas. Llega incluso a tener conversaciones con otros padres, como Glenn -Jason Sudekis-, un escritor asiduo al parque en el que corretean sus perros que tanto se queda dormido con su retoño entre los brazos que habla de cómo los bebés cambian a cada uno vida.

Glenn aparece para que las convicciones de Hale se refuerzan mientras Greece no comparte en principio los deseos de su pareja. Tampoco Dane y Lydia son dos personajes convencionales. Aquel es un muchacho seductor y amoroso, un músico que habita en un desván atractivo y cuya vida interior es mucho más rica lo que suele ser habitual en casanovas del tres al cuarto. Incluso, recuerda por momentos a Pablo Alborán cuando se sienta el piano. Lydia tampoco se queda en la típica divorciada del ático, a la que el negro le sienta perfectamente y realza su sexy figura. Son bastante más complejos de lo que cabía esperar, lo que conduce a un intercambio de experiencias entre Anna y Will. Demasiado acostumbrados a ellos mismos, tienen mucho que comentar acerca de las particularidades de sus encuentros sexuales fuera de su relación. El problema es que o han establecido bases ni límites y cada uno va a remolque y es esclavo de sus deseos.

También hay una apuesta poco formal por parte de Brian Cano. Apuesta por el riesgo en algunos planos aunque no acierte siempre. Algunas imágenes exteriores de Nueva York y la bahía del Hudson emergen revitalizadas por Adam Bricker, el director de fotografía. La fórmula de que las dos parejas tengan idéntico protagonismo es bastante satisfactoria y entre los componentes del reparto destaca la presencia de Rebecca Hall. Ya formó parte del primer largo de Brian Cano, A Bag of Hammer -2011- y ahora ejerce también de coproductora. Dan Stevens le da buena réplica y aguanta perfectamente el tipo.

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