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El espía que me plantó (The Spy Who Dumped Me) (**)

17 agosto 2018

Ellas son guerreras

Dos amigas íntimas se ven involucradas en una conspiración internacional cuando una descubre que su novio, quien acaba de romper con ella, es en realidad un espía. La acción les traslada a Europa, donde habrán de enfrentarse en diversos escenarios a perseguidores de todo tipo con una sola máxima: no confiar en nadie.

Que nadie busque en esta película cine con  mayúsculas, ni mucho menos una obra de arte, pero si de lo que se trata es de pasar un rato entretenido, divertirse y mitigar los calores del estío con una comedia alocada que funciona desde el primer momento, este es un buen ejemplo. El cine de espías da para propuestas serias e intrigantes, para filmes llenos de acción y también, como es el caso, para buscarle las vueltas y ofrecer una historia disparatada donde la comedia conjuga con las dos premisas anteriores. Suele ser proclive a la astracanada, pero cuando sale un producto formalmente atractivo y con un guion ingenioso, la cosa funciona.

El espía que me plantó tampoco es el mejor ejemplo del género. Las persecuciones no aguantan demasiadas comparaciones, la coreografía de las peleas tampoco es muy allá, la interpretación es susceptible de mejoras casi en su totalidad, y el guion presenta lagunas importantes. Sin embargo, pasas dos horas entretenidas, no exentas de sorpresas. La historia depara giros desconcertantes, y aunque se apoye en premisas imposibles, marcha toda velocidad. El vértigo apenas te permite pensar que hay personajes con más vidas que un gato o que la causa que desencadena todo el lío apenas se sostiene.

Es uno de esos ejemplos en los que cualquier aspecto se puede mejorar y en el que su conjunto funciona por lo que es mejor no tocar nada. ¿Prefieres morir sin haber viajado a Europa o prefieres viajar a Europa antes de morir? Se lo plantea Morgan –Kate McKinnon- a su mejor amiga Audrey –Mila Kunis-. Son tan inocentes que cuando pretenden cambiar su imagen la rubia se tiñe de morena y viceversa por lo que, con el color del pelo cambiado, la ecuación sigue siendo la misma.

No esperábamos un trabajo tan resultón por parte de Susanna Fogel, con un único largometraje a sus espaldas, rodado en 2014. De él rescató a Kate McKinnon, cuya trayectoria en la comedia le ha permitido ascender peldaños paulatinamente hasta formar parte de Cazafantasmas y coprotagonizar Una noche fuera de control con Scarlett Johansson. Su compenetración con Mila Kunis es uno de los puntos favorables del film, que cuenta con una partitura efervescente de Tyler Bates, acompañada de diversos hits que apoyan el lado más cutre de la propuesta. Justo cuando la ironía es más álgida y el aparente aspecto descuidado o de peor gusto ensalza el divertimento.

El novio de Audrey ha roto con ella a través de un mensaje de texto. Conoció a Drew Thayer –Justin Theroux- en la fiesta de su cumpleaños el año anterior. Han pasado doce meses y ahora está sola porque él no responde a sus llamadas. En compañía de Morgan se dispone a quemar todas las pertenencias de quien fuera su amante cuando él, en medio de una persecución le dice que no lo haga. Poco después se descubre que el chico es un espía que trabaja para la CIA y que posee un premio sin apenas valor que alberga algo que puede salvar la vida a muchas personas.

Morgan, que es incapaz de no hablar por teléfono con sus padres y contarles cualquier particularidad de su vida, es la clave para que unos matones se presenten en casa de su amiga, abatan a Drew y pongan a los dos protagonistas en serios apuros. Tanto, que tienen que salir por piernas. Antes de caer, su ex novio le dijo a Audrey que debían entregar la estatuilla a una determinada persona en un café de Viena y que no se fiaran de nadie. Con escasa preparación, y sin que el espectador sepa de dónde sacan el dinero, las dos mujeres se trasladan al lugar fijado, donde se encontrarán inmersas en un tiroteo que implica prácticamente a todo el local y en el que conocerán a Sebastian –Sam Heughan-.

Si hasta ese momento la historia no concedía descanso, a partir de entonces se vuelve más vertiginosa. Aparecen asesinas implacables, como Nadedja –Ivanna Sakhno-, jefas sin escrúpulos –Gilliam Anderson-, personajes ambiciosos –Ólafur Darri Ólafsson-, o aparentemente equívocos o cercanos –Hasan Minahj y Fred Melamed-. Mientras, Audrey y Morgan son perseguidas por diversas facciones y otras que están por llegar. Dentro de la estatuilla de Drew hay un pen drive que es el objeto de deseo de medio mundo, incluidos la CIA y el MI6, que ha de oponerse a grupos mafiosos del Este. El problema es que será difícil confiar en alguien, especialmente a los considerados más próximos y leales, porque los otros llevan el yo soy malo tatuado en su propio aspecto. Clichés esperados que nos entretienen aunque, en ocasiones, prime demasiado el absurdo.

From → Cine

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