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Hotel Salvación (Hotel Salvation) (***)

22 agosto 2018

El lugar de la buena muerte

Un anciano indio pide a su hijo que lo deje todo para le acompañe a la ciudad de Varanasi, a orillas del río Ganges, porque siente muy próxima la llegada de la muerte. Su primogénito aparca el trabajo y se marcha con él, pero la situación se prolonga demasiado en el tiempo.

India es el país mayor productor de cine. En Bollywood, las películas salen como churros, preferentemente historias de romance salpicadas por bailes y canciones. Eso no quita para que también se produzcan obras de un coste mucho menor, casi ínfimo, hechas con talento y que recurren al costumbrismo como fuente de inspiración. Es el caso de esta propuesta de Shubhashish Bhutiana, que cursó estudios en Estados Unidos para debutar en su país detrás de las cámaras.

En síntesis, se trata de un canto a la familia, la libertad y la muerte. En realidad, se trata de una historia de reconciliación entre padre e hijo que tiene como trasfondo un capítulo relacionado con su religión: la buena muerte en un lugar prácticamente sagrado. La localidad de Varanasi cumple esos requisitos al estar bañada por el Ganges. No es la única ciudad que se aprovecha del discurrir del río sacro, pero algo tiene el agua cuando la bendicen y también debe de tenerlo Varanisi cuando proliferan los hoteles en los que los ancianos deciden afrontar el paso al más allá.

A sus 76 años, Daya -Lalit Behl- vive cómodamente en casa de su hijo Rajiv -Adil Hussein-, un oficinista trabajador y muy considerado por su jefe, y en compañía de su nuera Lata -Geentajali Kulkarni- y su nieta Sunita -Palomi Ghosh-. De repente, un sueño recurrente le asalta y cree que ha llegado la hora de su muerte, por lo que le pide a su hijo que le acompañe en su viaje a Varanasi para fallecer en paz y de acuerdo con sus creencias. Rajiv no tiene otra solución que acompañarle porque forma parte de su tradición y esta es una historia de costumbre populares o religiosas, que incluyen los baños rituales en el Ganges, la compra de maderas nobles para incinerar los cadáveres y otras circunstancias que se desgranan en el film.

Mishraji -Anil K. Rastogi-, el propietario de Mukti Bhawan, el establecimiento donde se hospedan, es capaz de adivinar quienes se enfrentan a sus últimas horas. Es un personaje curioso, que figura a la cabeza de las procesiones funerarias. Sabe que ese paso último no se produce cuando uno quiere. Es bien conocido por una de las clientas, Vimia -Navnindra behl- que lleva años en el lugar. Fue a Varanisi para morir junto a su marido y lleva mucho tiempo viuda. Es solícita y le gusta ayudar a los demás. También a Daya, con el que muestra una gran confianza.

La relación entre el padre y el hijo de este argumento nunca fue la mejor, y esa correlación paterno filial se pone a prueba en la historia en un tono de comedia dramática siempre amable que satisface al espectador. Rajiv es reacio a la decisión de Daya, pero acepta acompañarlo a regañadientes estableciéndose una complicidad inexistente hasta entonces. Tiene otros problemas, derivados de la propia familia y el trabajo. Intenta solucionar por teléfono las complejidades laborales que no puede atender en persona. Prepara en la distancia la boda de Sunita hasta que ésta encuentra trabajo y decide cancelar su compromiso nupcial pese a que las invitaciones ya estaban confeccionadas.

Y a todo esto, su padre encuentra otros alicientes en su nuevo destino hasta el punto de que ya no siente de cerca la muerte. Su estancia en Mukti Bhawan se extiende más de lo previsto hasta que padre e hijo llegan a la conclusión de que la presencia de este último en Varanisi ya no resulta tan imprescindible puesto que necesitan su presencia en frentes que necesita atender urgentemente. Además, casi siempre está colgado al teléfono y no presta la debida atención.

Con un presupuesto reducido, la cinta no de ja de ser conmovedoramente reflexiva, sin caer en lo empalagoso. Se ponen en valor los lazos familiares, y también la celebración de la vida cuando se está al borde de la muerte. Visualmente consigue algo más que su propósito y los personajes están definidos con acierto, lo que no se obligan a una profundidad que en otros casos resultaría mucho más necesaria. La muerte llega por sorpresa, pero sus andares son lentos, y la cinta de Shubhashish Bhutiana también es pausada, aunque con el ritmo adecuado para narrar su historia.

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