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Kings (1/2)

28 agosto 2018

Romance en el infierno angelino

Una mujer afroamericana, que vive en South Central, el lugar más conflictivo durante los disturbios de Los Ángeles a comienzos de los 90, se dedica a recoger niños o jóvenes que se quedan solos en el barrio, ya sea por orfandad o porque sus padres han sido encarcelados. El asesinato de Rodney King es un punto de referencia.

Las imágenes reales de las consecuencias, derivadas de la muerte de Rodney King provocada por cuatro policías que salieron libres de cargos, eran terroríficas. Una parte de la ciudad de Los Ángeles, concretamente la zona de South Central y aledaños parecía consumirse entre las llamas y las autoridades tuvieron que recurrir a la Guardia Nacional. Ese es el contexto en el que se ubica este guion de Deniz Gamze Ergüven, quien nos sorprendió gratamente con Mustang y nos ha decepcionado en grado superlativo con esta producción.

El inicio es muy prometedor, porque se recrea con eficacia el asesinato real de Latasha Harlins, una cría de quince años abatida por el propietario de origen oriental de una tienda cuando entendía que pretendía robarle un frasco de jugo de frutas. Desde ese momento, la película se vuelve incomprensible. No es porque no entendamos la propuesta, sino porque todo lo que sucede en la pantalla parece fuera de lugar. Se recurre a imágenes reales de los disturbios, pero se alternan con una historia que apenas se mantiene porque, además, sus personajes tampoco dan la talla.

Millie Dumbar -Halle Berry- vive en pleno corazón d South Central. Sobrevive a base de vender tartas que prepara ella misma y gracias a ello da de comer a ocho chavales que tiene a su cargo. No todos son hijos suyos. Probablemente, ninguno lo sea. Se trata de muchachos recogidos porque se han quedado huérfanos o sus padres han sido encarcelados. Cuando ella no está, quedan a cargo del mayor del grupo, Jesse Cooper -Lamar Johnson-, que asume ser uno de los protagonistas del film. Además, contamos con Obie Hardison -Daniel Craig-, el único habitante blanco del barrio. No se sabe si es inglés, australiano o norteamericano. Tampoco si es un ex convicto. Solo conocemos que es un amante de la música clásica, que cuando se enfada arroja enseres de gran tamaño por el balcón, y que Millie tiene sueños eróticos con él.

Gracias a su presencia se establece una historia de amor, un romance prácticamente imposible fuera de la imaginación. Permite una secuencia erótica que no viene a cuento, aunque sirva para que la sobreactuada Halle Berry luzca un cuerpo evidentemente atractivo una vez sobrepasado el medio siglo de vida. Aparece siempre magnífica y atractiva, aun en los momentos más duros, y con un fondo de armario que realza su belleza.

Otra historia de amor surge de forma paralela. Jesse descubre la sexualidad y la atracción del sexo opuesto en la figura de una sin techo, Nicole Patterson -Rachel Hilson-. El joven siente en sus carnes el dolor del engaño con la presencia de William MCgee -Kaalan Walker- y lleva a cabo una acción impensable si nos atenemos a su forma de actuar en el resto de la historia. Los diálogos y comportamientos de los personajes en general resultan casi siempre absurdos. La mayoría grita de manera desaforada, especialmente la propia Millie cuando se encuentra en su cocina con una cucaracha. Estaba muerta, según Obie.

Deniz Gamze Ergüven se muestra muy despistada a la hora de ubicar y desarrollar sus personajes. Toda la emoción, sentimiento y buen hacer que se evidenciaba en Mustang, brilla en este caso por su ausencia. Cabría preguntarse que si hay desconocimiento por qué razón se mete la gente donde no la llaman. No vale con seguir el juicio de Rodney King a través de la televisión, que conocemos fielmente paso a paso con los discursos de los letrados. Ni siquiera se buscan los orígenes y las consecuencias que se relatan nos parecen superficiales. Se 0bvian demasiadas circunstancias importantes.

Es lamentable la situación de los dos adultos protagonistas esposados a una farola en un gran aparcamiento por un policía. Los únicos que pasan por allí, en un momento de saqueo y desorden total, son tres de los chavales recogidos por Millie manejando un vehículo. Actitudes incomprensibles, casi tanto como el título. Imaginamos que pretende aseverar que, a raíz del incidente de Rodney King todos en el barrio eran King. Ni una sola pancarta o una frase lo confirma, aunque sí ciertas actitudes. Lo cierto es que las buenas intenciones de la propuesta, que las hay, quedan asfixiadas y apenas se esbozan. El resultado final no es ni mucho menos el esperado y no ha rentado el tiempo que la directora pasó en Estados Unidos para ultimar definitivamente este proyecto.  Nos quedamos con la música de Nick Cave y Warren Ellis.

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