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Bienvenidos a Villa Capri (Just Getting Started) (1/2)

29 agosto 2018

La horma de su zapato

Un ex abogado de la mafia, acogido al programa de protección de testigos, y un ex agente del FBI se ven obligados a defenderse mutuamente. El letrado, responsable de un idílico complejo vacacional para mayores, es reconocido por uno de sus antiguos jefes que intenta deshacerse de él a toda costa.

Hay películas que estaban mejor sin rodarse y actores y cineastas que muchas veces deberían quedarse en casita disfrutando de un buen descanso. Es el caso de esta película, protagonizada por dos intérpretes oscarizados, Morgan Freeman y Tommy Lee Jones, que en ningún momento hacen honor a su prestigio. Bien es cierto que resulta difícil encontrar papeles adecuados una vez que se llega a cierta edad, pero hay monarcas indiscutibles del séptimo arte que siguen demostrando su valía temporada tras temporada y sin menoscabar sus prestigio. Ahí están los casos, por ejemplo, de Meryl Streep y Tom Hank, con 69 y 62 años, respectivamente.

Es cuestión de saber elegir, pero Freeman y Jones no lo han hecho bien en este caso. Tampoco Ron Shelton, que llevaba catorce años sin ponerse tras las cámaras y que pudo haber aparcado este guion en cualquier estantería de su domicilio. Caso aparte es el de René Russo. La ex modelo nunca ha sido una actriz convincente, pero aportaba a sus personajes un toque sexy interesante. Lo hizo con el propio Shelton en Tin Cup, y lo hace ahora, cuando sus 64 años bien llevados le permiten posicionarse como mujer objeto. Quién lo diría.

Duke Diver –Morgan Freeman- es el gerente de Villa Capri, un destino residencial para mayores en pleno desierto. Domina el complejo a su antojo. Tiene locas a las mujeres sin compromiso del lugar y cuenta con un par de palmeros que le ríen las gracias. Se las ingenia para contentar, o al menos no defraudar, a Lily –Elizabeth Ashley-, Roberta –Sheryl Lee Ralph- y Margarite, incorporada por la malograda Glenne Headly. El problema viene de la mano de un tipo con apariencia de rudo vaquero, Leo McKay –Tommy Lee Jones-, quien de inmediato se muestra como un nuevo gallo en el corral.

Leo no se conforma con las migajas que pueda recoger de lo que Duke se deje en el camino. Quiere demostrar que puede erigirse en el verdadero rey del recinto, lo que conlleva un desafío después de entrometerse en los idilios del gerente. No solo conquista a las mujeres, en secuencias adornadas por un machismo galopante, sino que también es capaz de doblegar a su rival en el terreno deportivo. La liberación de testosterona llega su punto más álgido cuando entra en escena Suzie Quinces –Rene Russo-. Aparenta ser una clienta pero en realidad se trata de la propietaria del resort que viene a descubrir los fallos de su gerente para ponerle de patitas en la calle. Shelton que ha destacado fundamentalmente por sus papeles femeninos, consigue uno de los más estereotipados y desaboridos de su poco relevante filmografía.

Por sí sola, esta historia no atraería más que a los seguidores a ultranza de las dos estrellas principales. Una pelea de verracos para liderar la manada. Había que proporcionar algún detalle más. Partimos de dos personalidades ocultas. Leo perteneció al FBI y Duke fue un abogado de la mafia que, tras testificar contra sus jefes, ha sido adscrito al programa de protección de testigos. Delilah –Jane Seymour-, la esposa de uno de los facinerosos lo reconoce al verlo en una información televisiva y encarga a su hijo Joey –Joe Pantoliano-, que elimine para siempre al picapleitos.

La acción transcurre en Navidades, aunque se trate de un escenario atípico ya que se supone que tiene lugar en la soleada California, aunque el escenario elegido para el rodaje fue Nuevo México porque resultaba más económico. La cinta está enfocada a un público de cierta edad, y se supone que es graciosa. Solo se supone, porque las secuencias de vodevil no aportan nada nuevo y el momento más interesante es cuando aparece una serpiente venenosa en una bolsa de golf. El ambiente donde se desarrollan los acontecimientos es simplemente atractivo, pero no pasa de ahí.

La presencia del octogenario Johnny Mathis nos retrotrae a filmes protagonizados por dúos de risa y mueca fácil, como los formados por Jerry Lewis y Dean Martin. Tenían mucha más gracia porque se desenvolvían mejor en el género. Además, contaban con directores más talentosos para edulcorar el divertimento. En este caso, el barco zozobra y la propuesta roza el despropósito y el desinterés.

From → Cine

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