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Mom and Dad (**1/2)

2 septiembre 2018

Hijo, hasta aquí hemos llegado

Nunca se había visto nada igual. Una epidemia de origen desconocido impulsa a que los padres maten a sus propios hijos. Dos hermanos intentan sobrevivir a la amenaza de los suyos que, contra viento y marea, están dispuestos a cumplir su destino. Al mismo tiempo, las demás familias se enfrentan a un problema similar.

Hace poco más de cuarenta años Narciso Ibáñez Serrador presentaba en sociedad su segundo y último largometraje de su carrera, ¿Quién puede matar a un niño? Un par de turistas encontraban una isla habitada únicamente por críos que, impulsados por una misteriosa fuerza, arremetían contra los adultos. Un ejemplo pionero al que siguieron otros. Ahora, un cineasta llamado Brian Taylor, que no ha destacado por ninguno de sus trabajos anteriores, propone un viaje en sentido contrario: los padres arremeten sin piedad contra sus hijos.

La familia Ryan muestra ciertos signos de extrañeza. El cabeza de familia, Brent –Nicolas Cage- parece ensañarse con su hijo Josh –Zackary  Arthur- cuando le hace cosquillas y pone cara de criminal después de que el chaval le lanzase una pelota a su cabeza. Su esposa  Kendall –Selma Blair- protagoniza un malentendido con su hija adolescente Carly –Anne Winters-, en la que la muchacha le reprocha que esté tan encima de ella. Tiene otras amigas y otro mundo del que forma parte su novio, Damon Hall –Robert T. Cunningham-.

Mientras Carly y su amiga Riley –Olicia Crocicchia- están en clase, las sirenas de la policía y las ambulancias rompen la monotonía. Le sucede un cúmulo de circunstancias extrañas que continúan con el intento de desalojar el instituto. Los padres aguardan al otro lado de la verja, como si de zombis hambrientos de sangre se tratase, con rostros de asesinos y una ansiedad manifiesta. Carly se preocupa de encontrar a su hermano pequeño y, en compañía de Riley se alejan del lugar hasta la casa de esta última.

Los jóvenes caen como moscas. El ama de llaves de los Ryan elimina a su hija con un martillo de carne, Riley es asesinada por su madre, y Damon sufre las iras de su padre alcohólico. No obstante, consigue huir para juntarse con su novia y el pequeño Josh. En su domicilio aguardan sus padres, que terminan dejando sin sentido a Damon y arrinconando a sus hijos en el sótano. Preparan maquiavélicos planes en el día que los progenitores de Brent habían anunciado su visita para la cena. Mel –Lance Henriksen- y Barbara –Marilyn Dodds Frank- sentirán el mismo impulso que el resto de ciudadanos. Una extraña epidemia provocada, según se especula en los informativos, por algún virus de origen desconocido.

La cinta resulta curiosamente divertida. Se pasa el rato entre alguna que otra carcajada porque la película da una vuelta de tuerca a varios aspectos clásicos del cine de terror. Tiene fuerza esa madre que quiere asfixiar a su hijo recién nacido a los acordes de It Must Have Been Love de Roxette, porque parece que cada cual atenta contra los suyos y no se ensaña con los hijos de los demás. Los adultos entroncan con los zombis, aunque parezcan más bien parientes lejanos de los que estamos acostumbrados a ver en cine y en televisión. Luego están los dos hermanos escondidos en el sótano con los padres maquinando en la puerta como si el Jack Torrance de El resplandor se hubiese reencarnado.

Hay bastantes detalles atractivos en este largometraje que, junto con Crank, supone el hito más importante de la filmografía de Brian Taylor, que insiste con Nicolas Cage después de la infame secuela de Ghost Rider. Los seguidores del sobrino de Coppola pueden estar contentos porque disfrutarán de él en estado puro. Desde sus monólogos vacíos en los que se muestra especialmente afectado, hasta su repertorio de muecas, Cage se divierte y hace las delicias de sus fans. Nos queda la duda de lo que pasará con los adultos que no tienen descendencia. ¿Cómo se comportarán? Da lo mismo, porque la idea se aproxima más a un cómic que a una propuesta seria cuando vemos de Damon parece tan de goma como inmortal. Algunos personajes tienen más vidas que una convención de gatos.

Hay un aspecto que nos duele y termina por precipitar la película. Brent recuerda con nostalgia sus días de soltero y sus desmadres sexuales. Su esposa, como sus amigas, lamentan el paso del tiempo y sienten envidia de la juventud de sus hijas, de sus carnes apretadas y sus figuras esbeltas. Un buen motivo para el terror, para sustituir el virus de origen desconocido por un mundo actual cuyos habitantes pelean por sentirse cada vez más jóvenes. Modernos Peter Pan que luchan contra el destino y la fatalidad. Hay otro punto de vista posible: esos niños atormentados por sus mayores, de quienes heredan un mundo con poca esperanza debido al calentamiento global, la superpoblación, las desigualdades sociales y la escasez de oportunidades. Todo ello  se insinúa, pero se apuesta por la comedia de terror, sin más pretensiones y sin meterse en camisas de once varas.

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From → Cine

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