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Carmen y Lola (**1/2)

5 septiembre 2018

Gitanas guapas

Carmen es una gitana que aguarda, para cumplir la tradición, que la familia de su novio la pida en matrimonio para ser lo que se espera de ella: un ama de casa que se desviva por su marido y sus hijos. Un día conoce a Lola, otra gitana, a quien le gusta pintar, los pájaros, las mujeres y sueña con ir a la Universidad.

Cara y cruz en esta ópera prima de Arantxa Echevarría, una vizcaína que estudió en Madrid, donde se desarrolla su historia, la de dos gitanas lesbianas que luchan contra los tabúes y las tradiciones más arraigadas. Casi impensable, porque las mujeres de esta etnia parecen invisibles fuera de su círculo. De generación en generación esperan ser pedidas en matrimonio por otro gitano prácticamente en la adolescencia. Luego, la boda y devenir en un ama de casa que cuida de su marido y sus hijos. Supuso la primera película dirigida por una española que fue seleccionada para la Quincena de Realizadores de Cannes. Sin verla, solo por el tráiler y algunas entrevistas, las Gitanas Feministas contra la Diversidad arremetieron contra ella. Hasta llegaron a impedir su pase en la Muestra de Cine de Mujeres de Pamplona.

Carmen -Rosy Rodríguez- se prueba su vestido de pedida. Si para esa ceremonia se viste así, cabría preguntarse cómo será el día de su boda. Espera que se fije el día para que la familia de su novio venga a solicitar su mano. Va con sus padres al rastro, donde vende todo tipo de objetos, probablemente, recogidos de los vertederos de enseres. Lola -Zaira Morales- es una grafitera a la que le gustan los pájaros. Va al Instituto, sueña con llegar a la Universidad y entra a hurtadillas en locutorios para chatear o profundizar en su lesbianismo. De momento, nunca ha estado con ninguna mujer. Los fines de semana acude al mercado con su familia, quienes regentan un puesto de fruta.

Son dos gitanas, con nombres de gitana. Carmen y Lola, como las hermanas Flores. Cantan por bulerías y mueven su cuerpo al son de cualquier palo flamenco. Un día de lluvia, Lola se enamora de aquella chica empapada que viene a pedirle unos plásticos para salvar los enseres de su mercadillo. Como si hubiera visto una diosa, con sus pendientes en forma de ave. Un flechazo que le obliga a pasar a un segundo plano a Paqui -Carolina Yuste-, la mujer que hasta ese momento parecía su modelo. Más liberada, encabeza una fundación a la que acude Lola, a veces solamente una excusa, para dar rienda suelta a su vocación como docente.

La primera parte tiene un aire documental muy valioso. Repasamos la vida de los gitanos como vendedores de frutas y verduras en los mercados callejeros o en su puesto de cachivaches en El Rastro. Los rituales, especialmente el de pedida, no dejan de sorprender, así como la interrelación entre familias. El novio de Carmen es primo carnal de Lola, lo que propicia un nuevo encuentro entre ambas, y eso que una vive en Vallecas, al oeste, y otra en La Uva, al Norte de Madrid. El segundo plano al que quedan reducidas las mujeres gitanas se rubrica con la prohibición de fumar por parte de sus padres, así como la de salir solas para preservar su virginidad. No quieren que sigan adelante con sus estudios. Con saber las cuatro reglas y tener claras sus obligaciones de esposa ya es suficiente.

En la segunda parte estalla el conflicto entre una joven es consciente de su inclinación y otra que no lo sabe todavía. Se produce el primer encuentro de sus labios. No he sentido nada, dice Carmen; ha sido un beso de mierda¸ replica Lola. Aquella le demuestra a continuación que sí sabe besar y a partir de ahí le entran unas dudas que irán en aumento conforme avance la historia. El problema es que sus padres se enteren, pero en algún momento tendrán que saberlo. Ellos no lo aceptarán, como tampoco la comunidad en general. En ese momento es cuando asciende el protagonismo de los padres de Lola, Pacco -Borja Moreno- y Flor -Rafaela León-. De menos a más, terminan dando una lección interpretativa de la que tampoco se alejan las dos intérpretes principales. Su belleza está al mismo nivel que su talento, especialmente Zaira Morales. Mérito de la directora, conseguir de estas debutantes gitanas secuencias tan complicadas para ellas.

Es cierto que la cinta nunca transgrede líneas demasiado al límite con respecto a sus propuestas eróticas. El buen gusto preside una propuesta sencilla, en la que se concede mayor interés a lo que se quiere contar respecto a lo que se narra o como se hace. La puesta en escena es irregular. Casi nunca se entretiene en alardes, aunque consigue momentos importantes, como cuando Lola intenta enseñarle a nadar a Carmen en una piscina vacía o en la secuencia en la que ayuda a vestirla después de pasar su primera noche juntas. Podríamos incluir ese beso a través de unos barrotes que denota su opresión.

Una ópera prima valiente y con mucho mérito. Arantxa Echevarría se lanza a pecho descubierto con una idea que, de momento, ya le ha proporcionado réditos importantes tras el respaldo obtenido a su paso por Cannes. No obstante, su objetivo de denuncia, siempre válido, se aproxima más a un relato cultural y costumbrista que a una reivindicación de un grupo determinado, porque la historia, en su segunda parte, resultaría perfectamente extrapolable a otros estratos sociales.

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From → Cine

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