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El pomo azul (-)

6 septiembre 2018

Esa casa es mía

Una pareja de edad avanzada pone un anuncio para regalar su casa. Isabel y Andrés no tienen descendencia y quieren irse a la playa. Entre los aspirantes figuran Soledad y Juan, especialmente ella quien, ante la dejadez de su pareja, intenta conseguir su propósito con su cuñado Víctor, un sacerdote, que termina implicándose en la trama.

Otras dos cineastas se asoman a la gran pantalla. Se trata de Montse Bodas, autora igualmente del guion, y Raquel Troyano, quienes en 2018 se ha responsabilizado de este largometraje y de un corto, protagonizado por Selica Tortal, uno de los referentes de esta ópera prima. Hablamos de la Juana de Con el culo al aire, serie que dejó tras el fallecimiento de su marido, y de la persona que en su día puso voz a Heidi. Se trata de una apuesta por destacar la superación personal aunque, sobre todo, tenga que ver con la lucha por conseguir lo que realmente se desea.

Un matrimonio de edad avanzada, formado por Isabel -Seilca Tortal- y Andres -Ricardo Lacámara-, están dispuestos a reglar su piso. El requisito indispensable es que los componentes de la pareja que lo obtenga les demuestre que realmente están enamorados y que sientan tanta pasión por el inmueble como ellos. Han tenido una hija, fallecida hace años, y no tienen más allegados a excepción de un extraño personaje, Esteban -Antonio Esquivias-, quien tanto ejerce como portero que mayordomo o chófer.

Entre las parejas aspirantes se encuentra la formada por Soledad -Aurora González- y Juan -Jairo Martínez del Hoyo-. Ella, aparentemente, no tiene trabajo mientras que él trabaja en un taller mecánico. Viven en una caravana y la mujer se siente totalmente atraída por el piso al que aspira, toda vez que significaría el punto de arranque para iniciar una vida muy diferente y más amable. Sin embargo, no cuenta con el beneplácito de su compañero porque no se muestra muy convencido de la propuesta que se les brinda. No obstante, tampoco quiere desairar a Sole por lo que le pide a su hermano Víctor -Anzony Blanco-, un sacerdote, que acepte pasar él dado que espera que sean de los primeros aspirantes descartados.

Paulatinamente, Soledad y Víctor van superando etapas, al tiempo que se les ve más identificados cada vez, lo que acrecienta los celos de Juan, quien cada vez se muestra más próximo a Rossy -Susana Sucena-, una compañera de trabajo al igual que Máximo -Alfonso Moreno-. De esta forma, se añade un componente más a la propuesta, que ya había pisado terrenos relativos a la comedia negra, pero también a las dudas de la fe y a un intento de aproximación a una especie de reality que casi nunca llega a tomar cuerpo.

La idea es interesante sobre el papel, y toca diversos palos para hacerla más atractiva. Por ejemplo, la pareja que se disgrega, el engaño, las tentaciones de un sacerdote, el amor en la tercera edad y la pasión por un objetivo. Ninguna de ellas está exprimida. La burda puesta en escena, con pocos momentos de interés y un montaje trasnochado que incluye algunos encadenados que ya ni siquiera se usan en series televisivas, ayuda muy poco a que la propuesta levante el vuelo.

En cuanto a la interpretación, la mayor parte de los componentes del elenco son debutantes o no acusan una gran experiencia ante las cámaras. Aurora González es quien sale mejor parada en un grupo donde se pone de manifiesto una serie de actuaciones más próximas a las teatrales que a las cinematográficas. Se pone en evidencia el currículo de Montse Bodas, licenciada en Arte Dramático por la Escuela Municipal de Madrid -EMAD- y profesora de interpretación teatral.

El largometraje se deja muchas cuestiones favorables en el tintero para perderse en lo anecdótico. El reality que plantea la pareja dispuesta a desprenderse de su piso se diluye cuando podría haber sido una fuente cómica o, cuando menos, irónica, de mayor calado. Se efectúan demasiadas concesiones, como el hecho de que se les encargue un video a las parejas aspirantes y en el caso de Soledad y Víctor no se aprecie un beso de amor en todo el montaje. Desconocemos el trabajo de otros aspirantes, ya que la cinta se centra únicamente en la ya referida de la mujer y el sacerdote.

El título del film, al que solo se referencia una vez en el transcurso del metraje, se refiere a una habitación a la que no tienen acceso los visitantes del piso. Cerrada a cal y canto, de ella sobresale un pomo azul, pero el secreto guardado tampoco es para tanto. Rodada en Aranjuez, la localidad toledana de Yepes y en otros lugares de la zona, los escenarios son perfectamente reconocibles, desde los establecimientos que aparecen hasta lugares de interés. Ni siquiera funciona como reclamo turístico. Por eso, el máximo valor hay que buscarlo en la persecución de un objetivo. Soledad quiere esa vivienda y pone todos los medios a su alcance, aunque en el camino rompa la estabilidad con su pareja, acuda al engaño o desafíe la vocación de un sacerdote.

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