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La monja (The Nun) (*1/2)

9 septiembre 2018

El Expediente Warren también tiene serie B

Una monja se suicida en un convento rumano de clausura y El Vaticano envía para esclarecer los hechos a un sacerdote con pasado de posesión y a una novicia a punto de tomar sus votos. Con riesgo de sus propias vidas y de su fe, se enfrentan a una fuerza maléfica en forma de religiosa demoníaca.

Con su piel blanca, sus pómulos prominentes y unos colmillos sangrientos, la imagen de la monja propició diversos sustos a lo largo de la saga The Conjuring, o Expediente Warren. Ahora tiene ya su propia película gracias a James Wan, cabeza visible de la productora que ha puesto en el mapa a estas producciones y es uno de los coguionistas de este largometraje. El encargado de la dirección es el británico Corin Hardy, responsable de The Hallow.

El conjunto es un spin-off de la serie, aunque bien podría considerarse igualmente como una especie de precuela. La acción arranca en 1952 en un convento de clausura situado en la localidad rumana de Cârta, al sur de Transilvania. Dos religiosas son atacadas por una presencia invisible. Una de las dos, la hermana Victoria -Charlotte Hope-, consigue huir, salta por una ventana y se ahorca, tras lo cual vemos al ser espiritual vestido de monja fuera de su habitación. Frenchie -Jonas Bloquet-, un hombre que vive en pueblo cercano y es el encargado de llevar los víveres a la cartuja, es quien descubre el cadáver.

El incidente llega a oídos del Vaticano, que decide enviar al inquieto padre Burke -Demián Bichir- y a la hermana Irene -Taissa Farmiga-, una joven novicia. Frenchie, objeto de ataques por parte de la deidad demoníaca, les sirve de guía mientras los dos recién llegados son protagonistas de sucesos extraños. La abadesa, invocando el voto de las habitantes de la construcción, se opone a que el sacerdote y la novicia visiten su interior; y el cuerpo de la hermana Victoria ha sido desplazada y en él aparece una extraña llave.

Será otra religiosa, la hermana Oana -Ingrid Bisu- quien relate la historia del lugar. Fue construido como un castillo a cargo de un duque obsesionado por lo oculto. Fue él quien convocó a un demonio a través de una grieta abierta en las catacumbas, pero resultó posteriormente asesinado por las tropas vaticanas que sellaron la abertura con un artefacto que contiene lo que llaman la sangre de Jesús. Los bombardeos de la II Guerra Mundial volvieron a sacar a la luz las fuerzas sepultadas y ahora el mal presenta su aspecto más siniestro.

Frenchie siente que la amenaza se extiende por la aldea cercana y vuelve al monasterio en la creencia de que Burke e Irene están en peligro y necesitan su ayuda. Nada más cierto, puesto que la monja, que es el mismo Valak -Bonnie Aarons-, el poderoso Gran Presidente de lo absurdo del Infierno, quien tiene treinta legiones a su cargo, acorrala a los protagonistas y provoca el terror entre el resto de las religiosas. La solución para eliminarlo pasa por sellar la grieta con el diablo dentro y para ello será fundamental la llave que apareció en el cuerpo de la hermana Victoria y el grial con la sangre.

La propuesta de Corin Hardy no puede ser más clásica para provocar la sensación de inquietud entre los espectadores. Hay pasadizos de piedra con la escasa visibilidad que proporciona la luz de las velas, los cantos monótonos y reiterativos, los crujidos… Se advierten muchas constantes conocidas, los tópicos más recurrentes del género y, sin embargo, el autor consigue algunos hallazgos interesantes, pocos, que no llegamos a discernir si son casuales o buscados con intención. De ser esto último, estaríamos hablando de un cineasta con muchas cosas que decir en el futuro. Recordamos la secuencia en la que Irene, con su hábito blanco de novicia se encuentra rodeada en una toma aérea por el resto de las monjas ataviadas de negro.

El largometraje funciona a la altura de lo esperado para un spin off, aunque se aprecia la insistencia por la producción de sustos en cadena cuando la misma inercia del film podría ser más que suficiente con un poco de ayuda. Un aspecto exagerado que contrasta con una escasez, la de mala uva, la de lanzarse por el tobogán de la ruptura de las reglas y ser definitivamente transgresor. El género lo permite y la historia, también. Al fin y al cabo, se trata de una producción de serie B sin virtudes exageradas. La partitura de Abel Korzeniowski es acertada y el elenco funciona, especialmente con Taissa Formiga, la hermana menor de Vera, quien interpretó a Lorraine Warren los films que dieron origen a esta franquicia.

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