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Johnny English de nuevo en acción (Johnny English Strikes Again) (*1/2)

24 septiembre 2018

Regreso del retiro

Un ciberataque permite divulgar la identidad de todos los agentes del servicio secreto británico. Para contrarrestarlo, se busca una solución entre los ya retirados y la única esperanza es Johnny English. Se trata de un espía de la vieja escuela que huye de los adelantos tecnológicos y la sofisticación de los mismos.

Tres lustros y otras tantas películas protagonizadas por este agente secreto surgido para parodiar a James Bond. Un personaje que pretendía extender a la pantalla grande el tirón popular conseguido por su protagonista, Rowan Atkinson, el inefable Mr. Bean. Aunque el respaldo popular fue importante, se quedó a mucha distancia de las pretensiones iniciales. Si bien esta entrega se podría calificar como la mejor de las tres, y que seguramente tendrá el refrendo del espectador poco exigente, se desaprovechan bastantes situaciones cómicas y la mayoría de los gags suenan repetitivos.

Atkinson, coproductor del film, participó en una de las producciones de la saga James Bond, Concretamente en Never Say Never again -1983-, y este personaje creado por Neal Purvis le venía como anillo al dedo. Por una parte, mantenía las características de James Bond, sin despreciar los martinis y las elegantes vestimentas. No faltan los artilugios de defensa/ataque absolutamente sofisticados, las mujeres atractivas y los lugares paradisíacos. Al mismo tiempo es un tipo torpe pero, al igual que el inspector Clouseau y otros afines, su suerte raya en lo imposible. Por eso resuelve casos que para tipos como él deberían ser prohibitivos.

Cuando se produce un ataque cibernético, que deja expuestos a todos los agentes en activo del servicio británico, la Primera Ministra –Emma Thompson- reclama una actuación urgente. De esta forma se recurre a los espías que ya no están en activo. Johnny English se encuentra dando clase en un colegio de alta alcurnia y, ocultándoselo al claustro y a los padres de sus alumnos, prepara a estos como si de una suerte de mini detectives se tratase. Acude a la llamada gubernamental, como otros ex compañeros, lo que permite cameos de actores reconocibles aunque no tengan una sola frase. Un incidente provocado por el propio English elimina al resto de aspirantes. Solo queda él como solución.

Lo primero que reclama son nuevos juguetitos específicos y a Bough –Ben Miller-, su ayudante para todo. No obstante, deja al margen ingenios de última generación. En realidad, no sabe qué hacer con un teléfono móvil y lo desprecia diciendo que se esa forma no podrán localizarlo. Su primera parada es la Costa Azul. Se supone que el ciberataque se produjo desde un exclusivo establecimiento hotelero situado en Antibes. En un lujoso yate se encontrará con la atractiva muchacha de turno, Ophelia –Olga Kurylenko-.

Paralelamente, la Primera Ministra está orgullosa de la convención que ha convocado en la que estará presente un atractivo multimillonario tecnológico norteamericano llamado Jason –Jake Lacey-. Ella se descompone ante su presencia, pero él no tarda en mostrar sus verdaderas apetencias que pasan por controlar el mundo, tal y como es habitual en un villano que se precie en una película de espías. El guion, claramente, es una excusa para el lucimiento de Rowan Atkinson quien, junto al director David Kerr, un debutante pero veterano de las producciones televisivas, significan lo mejor del largometraje.

Desde hace quince años, ya no representan ninguna novedad las películas que parodian a los agentes secretos de prestigio. En ese tiempo nos hemos reído con producciones de todo tipo, algunas de las cuales, como Espías -2015-, que encontró la recompensa de una nominación a los Globos de Oro. Por eso, Atkinson tiene que esforzarse para extraer toda la comicidad posible a una historia que no supone novedad alguna. Únicamente su presencia y algunos gagas contados con los dedos de la mano nos sacan del tedio o, cuando menos, de lo ya conocido. Colabora David Kerr, que aporta su conocimiento de la imagen. Lejos de destrozar lo que tiene entre manos, consigue un equilibrio que parecía complicado para un debutante en la pantalla grande. No precisa de alardes ni de situaciones grandilocuentes. Filma con profesionalidad, tacto y hasta buen gusto.

 

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