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Milla 22 (Mile 22) (*1/2)

25 septiembre 2018

Entre buenos y malos

Un experimentado agente de la CIA es enviado a Indonesia para encargarse de un funcionario local dispuesto a ofrecer información sobre un material radioactivo robado a cambio de asilarse en los Estados Unidos. Una vez allí debe transportarlo desde el centro de la ciudad hasta un aeródromo situado a 22 millas de distancia.

Recorrer  35,410 kilómetros, que es la distancia equivalente a 22 millas se puede hacer en días si vas a pie o en unos cuantos minutos si lo haces en coche. En todo caso es la marcha que debe recorrer un agente de la CIA con un funcionario indonesio dispuesto a canjear secretos valiosos como moneda de cambio por su paso seguro a los Estados Unidos. En esta oportunidad se trata del paradero de una parte de cuatro kilos de un isótopo radioactivo del cesio que, en la primera secuencia es el detonante de una intervención armada.

Un grupo de operaciones encubiertas, llamado Overwatch, que lidera James Silva –Mark Wahlberg- pretende infiltrarse en un piso franco ruso en los Estados Unidos bajo la supervisión de James Bishop –John Malkovich-. Sam Snow  -Ronda Rousey- y Alice Kerr –Lauren Cohan-, que resulta herida, también forman parte del comando que pretende hacerse con los isótopos en cuestión los cuales, empleados como arma tóxica, pueden atar a miles de personas.

La acción se desplaza a dieciséis meses después, cuando un oficial de policía indonesio, llamado Li Noor –Iko Uwais- se entrega en la Embajada estadounidense para ofrecer información del último cesio. Intenta cambiar el acceso al código por su exilio en Norteamérica. Un equipo de la inteligencia local, liderado por Axel –San Medina-, exige la entrega inmediata de Noor lo que, unido a la presencia en su país de los componentes de Overwatch desencadena una ola de acción que lleva a explosiones y enfrentamientos de todo tipo. En esa caótica situación, Silva acepta transportar al confidente hasta una pista de aterrizaje situada a 22 millas de distancia.

Bruce Willis, en la piel de un policía de Nueva York tenía que atravesar 16 calles de Manhattan en un período máximo de dos horas. Un ejemplo más de las luchas contra reloj que, de vez en cuando, nos deja la pantalla grande. Naturalmente, todas historias se complican hasta desembocar en una situación límite que, en este caso, está llena de una violencia extrema. Tanto, que apunta directamente al gore. Un auténtico frenesí al que soporta un montaje que parece tener el baile de San Vito. Las imágenes están picadas de tal forma que parece más que nada una obsesión el hecho de que no se pueda mantener la cámara fija más allá de dos segundos.

En este aspecto, es la película más atolondrada de Peter Berg quien, por otra parte, mantiene las características propias de su filmografía. Especialmente, si repasamos los títulos en los que formó tándem con Mark Wahlberg. Producciones taquilleras en las que prima la acción y que tienen su punto más álgido en El único supervivienteLone Survivor, 2013-. Probablemente, esta última sea la que contenga escenas más crudas, lo que a priori podría parecer poco probable. El guion, que da bandazos si cesar, está al servicio de la puesta en escena para que la violencia, el caos y los embates incesantes, compensen el pago de la entrada.

El desarrollo de la historia es como si sus autores estuvieran jugando a la gallina ciega, dando palos sin cesar y acertando en muy contadas ocasiones. Y eso, a pesar de estar respalda por Lea Carpenter, una escritora bien valorada por la crítica de su país. Lo que se mantiene es esa obsesión de las películas de Berg por mantener una línea tan imaginaria como desdibujada que debería marcar la frontera entre buenos y malos. Incluso, la pregunta, sin obtener respuesta, se la formula el propio personaje central, y nos queda la duda existencial de saber si realmente todos solo existe la maldad y que, por tanto, formamos parte de ella sin excepción.

Realmente, creemos que es lo único que, a la postre, podemos salvar de este título salvo el buen oficio de su director, que vuelve a mostrar su talento en los enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el celuloide, el tirón justificado de su estrella principal, y una acción sin límite que hacen de este título una obligada referencia para los incondicionales del cine de acción llevado a sus últimas consecuencias. Hace varios años, en plena época dorada del western, no sería complicado adaptar esta historia a cualquier lugar del salvaje Oeste. A lo mejor salíamos ganando.

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